Progres / Enrique Gómez


Por Enrique Gómez Arnas

      Recuerdo de mis lecturas y mis tiempos estudiantiles, que la palabra progreso y sus derivadas aparecían en la Historia unidas a la Ilustración y a la Revolución Industrial.

     Círculos de progreso en sus diferentes materias, sobre todo económicas  y  sociales, eran inequívocamente asociados al liberalismo hijo de la Revolución Francesa.

    En mi vida cotidiana, cuando era un inmortal post-adolescente, ser progre era ser miembro de una familia o tribu social, la de los “izquierdistas”, así, en general.

     Bueno pues parece ser que llegamos al poder (aunque algunos no nos dimos cuenta) ya que implantamos, en la naciente democracia española, la “dictadura progre”.

     ¡Hala! o nos hacemos todos feministas, ecologistas, gay friendly y rojeras de diversa tendencia, imponiendo nuestra ideología de género a los patrióticos disidentes o… al campo de reeducación.

    A mí me recuerda mucho… a la pelea de siempre.

    Nuestros deseos de defender al diferente sin estigmatizarlo, frente a los que quieren una sociedad homogénea y jerarquizada, en la que solo se admite “lo de siempre”,” lo que Dios manda”, “la tradición” o, como dice la extrema derecha actualmente: “lo que preocupa de verdad a los trabajadores españoles”.

     Pues sí señores, es la historia de siempre,¿ por qué no se pueden cubrir las necesidades perentorias de la población atendiendo también a las minorías con respeto y tolerancia?  No se camuflen más tras argumentos jerarquizados.

   Ojalá los progres hubiéramos conseguido aquello de lo que nos acusan, viviríamos todos en una sociedad mucho más hermosa, mucho más luminosa.

      Franco paró el progreso social con una guerra, ustedes quieren hacerlo por la vía de la mentira y la intolerancia.

    Y en esa lucha seguimos. Explicando lo más obvio: estar a favor del bienestar de la mayoría no solo no está reñido con el respeto a los derechos de las minorías, es que no se conseguiría así nunca la armonía, y sin armonía, no hay felicidad social posible.

    Sean ustedes cómo quieran, pero dejen en paz a los que no quieren serlo. Es así de simple.

    Ser como ustedes es ser intolerante, irrespetuoso y autoritario; ser progre, es todo lo contrario.

   Sigan insultándonos todo lo que quieran, solo conseguirán que nos sintamos más fuertes y orgullosos de serlo.

    Progres sí, y a mucha honra.

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