Acerca de la ética profesional / Manuel Sogas


Por Manuel Sogas Cotano
Corresponsal del Pollo Urbano en República Dominicana

0.- Introducción

     El propósito del presente y breve ensayo es el de demostrar que la Ética, tema central del mismo, no es una simple palabra carente de contenido, sino que, por el contrario, además de poseerlo, se presenta como un elemento imprescindible….

….para que la sociedad tenga un funcionamiento más justo, solidario y democrático, como cabría pensar en los tiempos modernos en que vivimos.

El cuerpo del ensayo lo constituyen siete apartados numerados del 1 al 7. En el 1, 2 y 3 se exponen someramente las definiciones de lo que aquí se entiende por Ciudadano; Profesional y Ética, respectivamente. En el 4 se alude también someramente, a la relación existente entre la Ética el Ciudadano y el Profesional. En el 5 se hace referencia a la Ética Pública, y en el 6 al contenido de los Códigos Éticos. El apartado 7 se refiere como caso específico al Código Ético de la Sociología y a una aproximación de lo que diferentes sociólogos reconocidos socialmente entienden por Sociología. A todo ello sigue un breve resumen en el apartado 8 para concluir en el 9 con la relación de la Bibliografía utilizada. Este trabajo corresponde al primer Curso (Ética Profesional) de los ocho de que consta el Programa de Estudios para la Diplomatura en Sociología en la American Andragogy University.

1.- El Ciudadano   

El ser humano no es un ser abstracto, sino concreto, que vive y se reproduce en sociedades determinadas y concretas. Así, desde los tiempos pretéritos más remotos nos lo encontramos viviendo en sociedad, más o menos compleja en su estructura y funcionamiento, trabajando para proveerse y consumir lo necesario para la subsistencia y la reproducción de la especie y de la sociedad en la que vive en base a un acuerdo previo entre ellos, bien de forma implícita o explícitamente, escrito (ley) o no (costumbre), respecto tanto de la forma de producir como de la forma de distribuir y consumir lo producido.

Pero en realidad a este tipo de ser humano que aparece en los albores de la historia formando una sociedad no se le puede atribuir todavía la cualidad de ciudadano (en el sentido moderno) porque carece de la conciencia de tal, al no existir aún la ciudad (componente de ciudadano) como hoy es concebida; ni tampoco el concepto de ciudadano, cuyos elementos constituyen la base material que permite la existencia del ciudadano.

Para que el individuo pueda recibir el calificativo de ciudadano habrá de esperarse a la Revolución burguesa (El burgués es el habitante del burgo, antecedente de la ciudad) de 1789 en Francia, a partir de cuyo momento, con la extinción del Antiguo Régimen (El feudalismo) se extinguen también formalmente los privilegios de los distintos estamentos sociales en los que descansaba la sociedad feudal, apareciendo en la historia a partir de entonces la categoría de un individuo libre con iguales derechos y obligaciones personales respecto de cualquier otro individuo, “que se asumen como sujetos que reconocen para sí y para los demás los derechos propios de su dignidad humana.” ([i])

De modo que, se entiende por ciudadano (Cualquiera que sea su raza, creencia o sexo) al sujeto que vive con otros (Convive) en la Ciudad, al que el derecho civil le otorga determinados derechos y obligaciones que, de la misma manera que él  puede exigir antes los Tribunales de justicia el respeto y la aplicación de los derechos que como ciudadano le corresponden, esos mismos Tribunales también le pueden exigir al ciudadano el cumplimiento de las obligaciones que tiene.

En base a los derechos que posee el ciudadano y en función de sus intereses, preferencias o deseos, puede intervenir en multitud de asuntos de muy variada naturaleza, directa o indirectamente, en los asuntos de gobierno directa o indirectamente, sea local, el de la propia ciudad, o a cualquier otro nivel dentro del Estado que esté permitido por las leyes, bien eligiendo a sus representantes o proponiéndose a título individual como candidato a representar a otros ciudadanos.   ([ii])

2.- El Profesional

“La palabra profesión es un término que proviene del lenguaje latín “professio” y “onis” que significa acción efecto de profesar. Se tiene por definición de este concepto a la actividad constante que determina la entrada a un grupo laboral. El término además hace referencia a lo que es una profesión, una carrera que requiere de estudios universitarios específicos, donde se logra obtener los conocimientos necesarios para cierto desempeño laboral. Por otra parte, Las personas que estudian y obtienen un título o certificado se les conoce como profesionales.” ([iii])

La profesión implica una dimensión social que sobrepasa el interés particular del profesional, “la profesión tiene como finalidad el bien común o el interés público; nadie es profesional para sí mismo, pues toda profesión tiene una dimensión social de servicio a la comunidad, que se anticipa a la dimensión individual de la profesión, la cual es el beneficio particular que se obtiene de ella.” ([iv])  El trabajo individual (O en colaboración con otros profesionales o colaboradores) que realiza tiene su correspondiente remuneración  como recompensa, pero el resultado del mismo redunda en beneficio de toda la  sociedad, que es el objetivo último al que se dirige su trabajo. “Todas las profesiones implican una ética, puesto que siempre se relacionan de una forma u otra con otros seres humanos; unas de manera indirecta, que son las actividades que tienen que ver con objetos, y otras, de manera directa con los seres humanos, como son los casos de educadores, periodistas, psicólogos, médicos, abogados, contadores, etc. Para estos últimos son más evidentes las normas éticas de su profesión, puesto que deben tratar permanentemente con personas en el transcurso del desempeño de su profesión.” ([v]) Por esta razón, la ética en el profesional adquiere una relevancia social especial.

3.- La Ética

 

“La ética es una rama de la filosofía dedicada a las cuestiones morales. La palabra ética proviene del latín ethĭcus, y esta a su vez procede del griego antiguo θικός (êthicos), derivado de êthos, que significa ‘carácter’ o ‘perteneciente al carácter’.” ([vi])

 

El primer Tratado sobre el tema se debe a Aristóteles  (384 a.C.-322 a.C.) con su Obra “Ética para Nicómaco.” Para Aristóteles la ética persigue la felicidad suprema del individuo y la colectiva, en cuyo propósito la sitúa sobre la razón, la virtud y la prudencia por encima de las pasiones, dado que los seres humanos viven en sociedad y sus acciones deben dirigirse hacia el bien común.

 

“Para Aristóteles, toda racionalidad práctica busca un fin o un bien, mientras que la ética tiene como propósito establecer la finalidad suprema que está por encima, que justifica todas las demás, y ayudar a conocer la manera de alcanzarla.”([vii])

Los valores morales, comportamientos sociales y las normas por las que se rige la sociedad en la que nace el individuo, están dadas antes de su nacimiento, por lo que el recién nacido en la medida que crece, se desarrolla y toma conciencia de su pertenencia a una sociedad, antes de poder participar en ella como un ciudadano normal, con plenos derechos y sujeto a las obligaciones sociales que ello implica, tiene que aprehender los valores en que se asienta la sociedad a la que pertenece y, por tanto, practicar la ética que los demás ciudadanos practican, de aquí su personal apropiación de los valores morales de la sociedad.

La moral y la ética constituyen los dos aspectos fundamentales del comportamiento humano, pero no son conceptos idénticos, a pesar de que desde un punto de vista superficial pudiera presentar dificultades para diferenciarlos. La moral se basa en la obediencia a las normas sociales establecidas, costumbres y hábitos, generalmente promovidos por la religión, mientras que la ética consiste en el ejercicio práctico de esos valores morales.

Se podría afirmar que la ética es el baremo con que se mide el cumplimiento o no de los valores impuestos por la moral, así como, la búsqueda de la mejor forma de vivir fundamentada en la razón. Y si se tienen cuenta a Tatarkiewicz cuando afirma que “los valores no son subjetivos ni relativos, son simplemente numerosos y no pueden reducirse a un patrón.” ([viii]) Cabría añadir también, que tampoco existe un modelo único de ética, sino tantos como sistemas de valores pudiésemos encontrar.

Aunque la ética tiene que ver con la moral establecida en cada momento, puesto que se enraíza en ella, y es a través de la ética como la moral se aplica a la práctica cotidiana, no se puede considerar como un todo único y una misma cosa entre ambas. Moral y ética constituyen las dos caras de la misma moneda. La ética puede estar presente en la ley, en la medida que esta esté basada en principios éticos, pero sin embargo, y a pesar de ello, tampoco se debe confundir con la ley, dado que pueden existir leyes que no persigan ningún fin ético. El fin de la ética es mejorar la existencia del individuo basándose en la racionalidad el pensamiento humano.

Así pues, la ética se basa en los valores morales existentes en cada sociedad. En lo que se puede considerar el mundo civilizado, estos valores son: la Honestidad; Integridad; Compromiso; Lealtad; Ecuanimidad; Dedicación; Respeto; Responsabilidad ciudadana; Excelencia; Ejemplo y Conducta intachable. ([ix]) De done podría inferirse la conclusión de que según los valores morales imperantes en una sociedad así será su ética, y en consecuencia, la sociedad misma, de donde a su vez podría plantearse, al menos a nivel teórico, de que se ser capaz de determinarse el origen de la formación de los valores, que muy bien podrían  fijarse a partir del modo de producción que se aplique,  nos llevaría al hecho concreto de poder pensar cómo se podrían sentar las bases reales de una posible sociedad en la que, efectivamente, se pudieran garantizar las condiciones en las cuales el ser humano pudiera desarrollar todas las facultades y potencialidades, tanto materiales como espirituales, en función de su propia naturaleza.

Estos valores morales que necesariamente han de estar presentes en la práctica ética de cualquier ciudadano, no pueden faltar bajo ningún concepto en el ejercicio de ninguna profesión, por la responsabilidad social, ya mencionada, que sobre la sociedad pueden ejercer algunos de sus trabajos.

4.- La Ética en el Ciudadano y el Profesional

El ejercicio práctico de la ética presenta dos aspectos. El uno se refiere al ciudadano normal como miembro de la sociedad a la que pertenece, y otro, el relativo al profesional en el desarrollo de sus funciones.

El ciudadano cumple los valores morales socialmente establecidos mediante el ejercicio de la ética en círculos relativamente cercanos de personas, como pueden ser la familia, amigos y los compañeros de trabajo de su contorno, cuyos contenidos morales están perfectamente definidos y sus formas de cumplimiento claramente determinadas, de manera que en cada momento y circunstancia su cumplimiento no depende de la disyuntiva que se le pueda presentar sobre qué principio moral aplicar en cada momento ni de la forma de hacerlo, sino que depende y está enteramente en función de las características personales del ciudadano,  de su voluntad y de su estado de ánimo para cumplirlos o no.

En cambio el profesional es ante todo un proveedor de servicios a la sociedad, teniendo para ello  un amplio campo de actuación que puede ir desde la industria y los negocios hasta “las principales instituciones, escuelas, hospitales, organismos gubernamentales, cortes legislativas y ejércitos…” ([x]) Circunstancia que lejos de concederle privilegio alguno con respecto de sus obligaciones morales y éticas con la sociedad, le obligan a la realización de un mayor esfuerzo moral y ético dada su doble condición de ciudadano y profesional, puesto que por una parte, ha de cumplir con las mismas obligaciones morales y éticas que las que le corresponden a cualquier ciudadano, y por otra, con todas las obligaciones que son inherentes al ejercicio de la profesión.

En muchas ocasiones el profesional encuentra casos que han de ser resueltos para beneficio de la sociedad, pero que cuya resolución efectiva no siempre se ajusta literalmente ni a la moral ni a la ética socialmente establecida para el ciudadano normal, pudiéndose dar el paradójico hecho de que la moral y la ética establecen una cosa pero en la práctica, inexorablemente, se tiene que hacer lo contario. La situación es estos casos viene a resolverla, formalmente,  mediante el Código Ético de cada profesión, como veremos en el apartado correspondiente en este mismo ensayo (6.- Los Códigos Éticos), surgiendo de esta manera la ética profesional que va más allá de la ética normal.

El profesional está facultado para el desarrollo de su profesión en virtud de los conocimientos teóricos-prácticos que posee en relación a su materia específica profesional y en sus experiencias, esto es, a su competencia intelectual, que Aquiles Méndez las resume en dos conceptos básicos: competencia técnica y competencia humanística.

Por competencia técnica entiende el conjunto de conocimientos teóricos sistemáticos de las ciencias referidas a la profesión y a la capacidad para la aplicación de esos conocimientos a los problemas que se le presenten para su resolución. En suma, a la armonización de los conocimientos teóricos poseídos y su puesta en práctica. Y por competencias  humanísticas, a la capacidad y disposición personal de mantenerse abierto a la experiencia estética y solidaria con los demás, de manera que evite un comportamiento mecánico o mecanicistas en aquellas ocasiones en las que tenga que actuar como profesional.

Dado que el objeto último del trabajo profesional es la sociedad y para su mejoramiento, y puesto que esta se halla formada antes que por ninguna otra cosa por sujetos, el punto básico de referencia de forma inexcusable ha de ser que “todo ser humano posee una valor único”… (que)…, tiene derecho a la autorrealización” ([xi]), es decir, que tiene derecho al desarrollo de todas sus facultades, valores  y potencialidades, tanto materiales como espirituales, lo cual no lo puede realizar más que dentro de la sociedad en la que vive, por lo que esa sociedad ha de ser capaz de proveerle de todos los medios necesarios para ello, por lo que el profesional adquiere el firme compromiso ineludible con la sociedad para su mejoramiento, lo que implica que el profesional ha de respetar “los derechos humanos fundamentales de los individuos y los grupos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y otros acuerdos internacionales derivados de dicha Declaración.”([xii]) Por ello, “Los trabajadores profesionales tienen la responsabilidad de dedicar sus conocimientos y técnicas, de forma objetiva y disciplinada, a ayudar a los individuos, grupos, comunidades y sociedades en su desarrollo y en la resolución de los conflictos personales y sus consecuencias…, sin discriminaciones injustas basadas en diferencias de género, edad, discapacidad, color, clase social, raza, religión, lengua, creencias políticas o inclinación sexual… (Para lo que)… los trabajadores profesionales tienen en cuenta los principios de derecho a la intimidad, confidencialidad y uso responsable de la información, en su trabajo profesional. Los trabajadores sociales respetan la confidencialidad justificada, aun en los casos en que la legislación de su país esté en conflicto con este derecho.” ([xiii])  “Deben trabajar en estrecha colaboración con los clientes y usuarios y en interés de los mismos, pero prestando el debido respeto a las intereses de las demás personas involucradas.” ([xiv])

El trabajo del profesional “es incompatible con el apoyo, directo  o indirecto, a los individuos, grupos, fuerzas políticas o estructuras de poder que destruyan a otros seres humanos con el terrorismo, la tortura u otros medios violentos similares.” ([xv]) De ello se deriva que  en la conducta ética del profesional está incluida la comprensión del cliente y de sus circunstancias personales para el que trabaja; mantener y defender los valores, conocimientos y metodología de la profesión; reconocimiento de las limitaciones profesionales y personales propias; promover la utilidad de sus trabajos a través de los canales adecuados; compartir los conocimientos y experiencias con los colegas de la misma profesión y con otros profesionales para aumentar el acervo común de conocimientos; defender a los colegas contra actuaciones injustas, así como, llamar la atención de los organismos correspondientes, dentro y fuera de la profesión, en aquellos casos en que se violen los principios y criterios éticos profesionales o que se vean vulnerados los derechos de los  clientes.

5.- La Ética pública

Una propuesta para una aproximación a la definición del mundo contemporáneo, bien   podría partir de la afirmación de que está constituido por un conglomerado complejo de múltiples interrelaciones  económicas, políticas e ideológicas, determinadas por el desarrollo de las fuerzas productivas y el desarrollo histórico, cuyas relaciones de por sí, cada una de ellas, responden a procesos particulares especialmente complejos, en las que los principales grupos de capitales dominantes a nivel mundial juegan un papel determinante que realizan a través de los diferentes Estados, gobiernos y otros organismo nacionales o supranacionales, muchas veces en pugna entre ellos mismos por mantener o ampliar sus respectivas esferas de poder, cuyo paradigma lo podría representar la situación actual entre China y USA,

“Actualmente en la esfera pública y en el mundo empresarial moderno, el tema de la responsabilidad social de los gobiernos y de los funcionarios públicos,  así como de las empresas y de los empresarios, los asuntos referidos a la corrupción y los delitos de carácter ético adquieren una mayor relevancia, por cuanto que se trata de preservar lo mas preciado que posee el hombre, que es la vida. Todo esto está estrechamente relacionado con temas tales como la ética, la moral y los valores. La ética pública y la empresarial es hoy objeto de estudio, de investigación y de regulaciones por gobiernos, empresarios, empleados, organizaciones sociales, líderes políticos, teóricos y otros muchos interesados en la esfera.” ([xvi])

Este mundo complejo presidido por la tecnología, la sociedad tecnológica “ha abierto nuevas zonas en las que es posible, y de hecho así ocurre, la proliferación de nuevos tipos de violaciones de la ética y de los valores sociales, que en ocasiones caen en el terreno de la delincuencia: espionaje tecnológico, incluido el informático, chantaje informativo, tráfico de información privilegiada, robo de datos, los que se suman a los delitos ya tipificados en la sociedad industrial, vinculados a la esfera económica financiera, como el fraude, la corrupción y otros … (en todo lo cual)… Existe una enorme responsabilidad que recae en cada uno de aquellos que desempeñan una función pública (…) Es Por ello que la lucha contra la corrupción, como expresión de uno de los grandes dilemas a los que se enfrenta la humanidad actual, es un tema que convoca al debate y a la reflexión internacional, y exige la búsqueda de soluciones radicales ante estos problemas (…), que se presentan como un obstáculo para el desarrollo económico y social en muchos países, por cuanto ha llegado a minar todos los ámbitos de actuación que comprometen la confianza pública, donde el funcionario utiliza su cargo o investidura par aprovecho personal. Son millonarias las sumas que se desvían del beneficio público a los bolsillos y las cuentas particulares, en detrimento de la vida del más necesitado y legítimo dueño, que es el pueblo.” ([xvii])

Hoy, “cobra mayor importancia el tema de la ética, la moral y los valores en el servicio público. Hay una responsabilidad directa en la gestión de los asuntos públicos, que cabe exigir a los gobiernos, así como a las empresas. La corrupción, en sus nuevas y cambiantes formas de expresión, es, además de un delito, un modo de desorganización de la sociedad, a la que se unen los fenómenos éticos y morales inherentes al desarrollo de las ciencias y la tecnología. En la práctica vigente muchos países han adoptado leyes, códigos y otros instrumentos legales que regulan el actuar ético de los ciudadanos que ocupan cargos públicos y de las empresas; en otros, se han creado instituciones, oficinas, comités y diferentes órganos oficiales para enfrentar la lucha contra la corrupción y las irregularidades administrativas. Tal es el caso de los códigos de ética que buscan autorregular las actividades de los servidores públicos…, como expresa José María Ortiz Ibarz en su libro La hora de la ética empresarial.” ([xviii])

“Las organizaciones públicas tienen la responsabilidad y la conveniencia de actuar según las normas de la ética y hacer prevalecer los valores que se corresponden con la ética vigente.” ([xix])

“La ética en el servicio público está directamente con la conducta de los funcionarios que ocupan cargos públicos. Tales individuos deben actuar conforme a un patrón ético, mostrando valores morales como la buena fe y otros principios necesarios para la vida sana en la sociedad (…) Del mismo modo, los trabajadores de un servicio público deben asumir un compromiso ético y social hacia los ciudadanos, como la promoción de la igualdad social y fortalecimiento de la democracia. Para esto debe estar preparado para poner en práctica políticas que beneficien al país y a la comunidad en los ámbitos social, económica y político (…) Trabajar de forma ética es pensar en el bien común y buscar la satisfacción de todas las partes. Cuando una empresa se lleva a cabo con ética, la probabilidad de la lealtad del cliente es mucho mayor.” ([xx])

6.- Los Códigos éticos

“Los códigos de ética se inspiran en principios y valores fundamentales que pretenden universalidad; son utilizados para juzgar la conveniencia de conductas y comportamientos particulares. Los principios suelen presentarse como grandes líneas directrices de naturaleza ideal, o bien como un conjunto de reglas expresadas de modo imperativo o prescriptivo a los efectos de su aplicabilidad en una práctica profesional responsable; reglas de conducta que, se espera, sean respetadas activamente y no asimiladas de manera pasiva. Es decir, un código de ética profesional es más que un mínimo estándar de conducta. Generalmente, la literatura filosófica en torno a problemas de ética profesional suele debatirse entre cuestiones características de una “moral ordinaria” y cuestiones propias de una “moral profesional”. En este ámbito se distingue entre:

a.- Lo “bueno” técnico y lo “bueno” moral.

b.- La moral pública y la moral privada. La diferencia entre lo bueno técnico y lo bueno moral puede ser planteada del siguiente modo: “Lo bueno llamado técnico está vinculado con un capacidad o habilidad. Decimos que alguien es bueno en (hacer) esto o aquello. La cosa en la que un ser humano es bueno puede ser llamada un arte en el sentido amplio de la palabra griega techné”. Así, la bondad técnica de un acto puede ser evaluada recurriendo a pruebas de competencia o rendimiento. En este sentido los juicios sobre la bondad técnica son objetivamente verdaderos o falsos. El calificativo “bueno técnico o instrumental” se aplica a algunas actividades llamadas “profesiones”. En éstas se requieren capacidades particulares y conocimientos específicos. Si lo bueno moral pertenece a un nivel diferente de lo bueno técnico, tiene sentido preguntarse acerca de la calidad moral de acciones técnicamente correctas y no sería contradictorio, entonces, afirmar que éstas pueden ser moralmente incorrectas. Si se acepta esta distinción de niveles, no parece posible recurrir al éxito técnico para justificar o excusar moralmente determinadas acciones. Sin embargo, es probable que no pocos se negaran a aceptar esta conclusión aduciendo que el resultado de una intervención (en el ámbito relacional de la población, cualquiera sea su especificidad), por inaceptables que hayan sido sus medios, es beneficioso para el individuo correspondiente, para una determinada sociedad: es decir, ha aumentado la cantidad de bienestar de la comunidad y, por lo tanto, es moralmente correcta. De la suma y resta de sacrificios y beneficios, el saldo es positivo y esto es razón suficiente para calificar aquella intervención no sólo técnicamente correcta sino también moralmente elogiable.

– Si se quiere decir que el ámbito de lo bueno técnico escapa a toda evaluación moral, esto significaría admitir que hay un enorme campo de acciones voluntarias que escaparía a este tipo de evaluación: no es un sinsentido afirmar que la acción A es una acción técnicamente correcta y preguntarse si está moralmente justificada.

– Más plausible parece ser, la afirmación de que existen campos autónomos de justificación de las acciones; esto es, que los distintos sistemas normativos proporcionan razones suficientes y últimas para las acciones que se realizan dentro de ellos. Si nos detenemos un momento en esta afirmación, no es difícil percibir que la invocación de las normas llamadas “profesionales”, o de las reglas de juego, no pueden proporcionar las razones últimas del sistema al que ellas pertenecen, y esto es lo que precisamente nos interesa. La descripción de las normas supremas de un sistema normativo no basta tampoco para justificar las acciones que se realizan dentro de ellas: lo más que podría aceptarse es que se actuó coherentemente dentro del sistema, pero esta armonía contextual dice muy poco acerca de la calidad moral del acto en cuestión, y nada con respecto a la dignidad moral de las premisas del sistema. La referencia a las reglas básicas del sistema puede servirme para determinar, entre otras cosas, la competencia de quien actúa. A la vista de estas dificultades, suele distinguirse, como decíamos, entre morales profesionales y moral ordinaria.

En general, se admite que las morales profesionales son “morales adquiridas” (de un modo especial): los deberes que imponen como obligatorios se deben a un contrato, una promesa, la aceptación de una designación, el ejercicio de una profesión, en definitiva. En estos casos suelen imponerse determinadas obligaciones que se apartan de la vida moral ordinaria. Mientras que la moral ordinaria responde a las características básicas de todo ser humano, la moral profesional deriva de notas específicas de papeles sociales determinados y permite la realización de actos que desde el punto de vista de la moral ordinaria estarían prohibidos.

En la medida en que el conocimiento penetra más radicalmente el ámbito de la vida humana, el poder del saber se acentúa, pero también deviene ambivalente. En esa misma medida aumenta su relevancia ética y se acentúa la necesidad de que los fines y valores éticos sean el horizonte de la práctica y producción profesional, científica y tecnológica.” ([xxi])

7.- El Código Ético de la Sociología  y la Sociología

La Asociación Internacional de Sociología (AIS) tiene establecido el Código Ético ([xxii]) aprobado en la primavera de 2001 al que deben adherirse, y quedar comprometidos en su cumplimiento todos los sociólogos.

El Código Ético de la AIS consta de un preámbulo y cuatro apartados.

En el preámbulo se establece que el trabajo del sociólogo debe ser desarrollado con “una base válida y fiable del conocimiento científico apoyada en la investigación y, por ello, para contribuir a la mejora de la condición humana global”, apelando a la “responsabilidad individual de cada sociólogo a aspirar a los más altos niveles de conducta.”

En el apartado 1, La Sociología como un campo de estudio científico y practico, en los seis puntos en los que aparece dividido, como aspectos a destacar podrían ser mencionados la esperanza de que los sociólogos, como científicos, la colaboración local, nacional e internacional en base a la exactitud científica, colaboración que se estima necesaria para que la Sociología alcance sus fines; la imparcialidad de sus opiniones, sin que ello signifique que el sociólogo haya de renunciar u ocultar la propia ideología, pero eludiendo siempre posiciones dogmáticas y aceptando la relatividad y temporalidad de sus investigaciones, debiendo respetar, por tanto, la tolerancia y el respeto a cada enfoque particular, y la protección de los derechos de sus estudiantes y clientes.

En el apartado 2, Formas de actuación en la investigación, dividido en cuatro puntos, se alude a la negación de aceptar por parte del sociólogo ninguna condición, por parte de los patrocinadores de la investigación, sean públicos o privados, que pudiera variar el resultado interpretación de la misma, vetar o retrasar la publicación académica de dicho resultado que no se ajuste al interés particular del patrocinador, de la misma manera que no podrá participar el sociólogo en aquello que suponga un fin no democrático o discriminatorio.

Se mencionan también en este mismo apartado las recomendaciones aconsejables referidas a la forma de recogida de datos y su publicación, la publicidad de las fuentes de información para la investigación, evitando investigaciones encubiertas, al menos que sea la única manera de obtener los datos para la investigación.

En el apartado 3, Publicación  y comunicación de los datos, se reconoce la propiedad intelectual de las investigaciones realizadas, con derecho a ser publicadas con medios propios o ajenos, y de que sus resultados “no van a ser manipulados ni sacados de contexto pro sus patrocinadores. Se establece la obligatoriedad del reconocimiento explícito de todos los que hayan podido participar materialmente en el proyecto de la investigación. “Los datos en ‘bruto’ deberán estar disponibles para la inspección de su fiabilidad por otros académicos”. Una vez publicada la información sobre un proyecto de investigación se debe considerar parte del conocimiento general de la comunidad científica, y por ello, abierta a cualquier comentario o critica, a la que deberá poder responder el autor o autores.

En el último apartado 4, Uso extra científico del resultado de la investigación, se considera que la investigación sociológica puede constituirse en materia de interés público, en cuyo caso, su difusión sería la consecuencia lógica. Advirtiéndose de las responsabilidades de los sociólogos y de los peligros que podrían acarrear para la sociedad “las distorsiones, simplificaciones y manipulaciones de su propio material de investigación, que pueden ocurrir en el proceso de comunicación tanto individual como de masas”, por lo que “tienen el derecho, de intervenir para corregir cualquier clase de tergiversación o mal uso del trabajo”, estableciéndose la recomendación de evitar la apariencia de expertos en aquellos campos que no tengan el nivel de conocimientos necesarios, “especialmente cuando participan en discusiones públicas o debates políticos.”

La Sociología  por las innumerables definiciones que de la misma se pueden encontrar, ya sea de académicos como de los profesionales que la llevan  a la práctica y la realizan, no sería demasiado aventurado afirmar que es la ciencia por antonomasia indefinible o, cuando menos que resulta difícil obtener una definición que responda de un modo riguroso y exacto a todo el contenido que encierra como ciencia, dado que, sin ninguna duda, una vez lograda esa supuesta definición, necesariamente habría de añadírsele una extensa explicación para poder abarcar todo su contenido, lo que viene a añadir al sociólogo la exigencia de un esfuerzo suplementarios: el de contribuir, si ello fuera posible, a la definición del concepto de su propia profesión. Por nuestra parte, aventuramos una definición de lo que podría ser la Sociología: La Sociología no es lo que pueda decir una frase que es.

La afirmación de que el objeto de la Sociología es el estudio de los hechos sociales no la niega nadie, pero también los hechos sociales pueden ser estudiados por otras disciplinas del saber como la Historia, el Derecho, la Ética, la Psiquiatría, etc.

Con objeto de aproximarse a una definición de lo que pudiera ser la sociología, en España se realizó una indagación a fondo con treinta y un sociólogos actuales del ámbito académico y profesional (Martínez Quintana: 2002: 518-519). ([xxiii]) De las opiniones obtenidas mediante dicha indagación exponemos a continuación algunos resúmenes de las mismas a modo enunciativo y no exhaustivo, para ilustrar la dificultad que existe en el momento de obtener una definición única y general que contenga los diferentes aspectos que intervienen en la Sociología, a pesar de que en todas ellas contienen un elemento común: el estudio de los hechos sociales, de la sociedad. Pero la sociedad es el objeto de estudio, no la ciencia que la estudia, porque también hay otras ramas del saber cómo el Derecho, la Historia o la Psiquiatría que la estudian.

Leopoldo Von Viese, sociólogo alemán de mediados del siglo XX decía que “el sociólogo que solo sabe Sociología ni aun Sociología sabe (…), lo primero que habría que hacer con los estudiantes es convencerles de que para saber Sociología tienen que saber muchas otras cosas”, como Historia, Derecho, Lingüística, Teoría de valores “y otras muchas cosas. Es decir, un sociólogo que, insisto, quiera solo saber Sociología se va a convertir en un ser absolutamente inútil…, inútil, porque la Sociología se nutre de todas las conclusiones, de los resultados de todas las demás disciplinas.” (Enrique Martin López. Académico de la Sociología y del Derecho: Especialista en Sociología Industrial y de la Empresa y Teoría sociológica). ([xxiv])

“Yo siempre he sido profesor de Teoría Sociológica (…), cuando empiezo mis clases, siempre (…), les suelo decir a mis alumnos: “Hay que partir, en la Sociología, de un hecho y es que no es una ciencia absoluta, es relativa, como son las ciencias sociales. Es una ciencia donde se conoce, pero no se comprende, que es lo contrario de la ciencia de naturaleza, se comprende, pero no se conoce.” (…). En este sentido, tratar de definir la Sociología para mí es imposible (…). Hoy tenemos dos versiones de la sociología, una que es la histórica, progresista, determinista, para quienes, la Sociología hay que encontrarla, evidentemente, en los orígenes, en Comte. En Durkheim, en Weber, etc., y, sobre todo, en Marx (…). Y hay otra tendencia…, que es la tendencia analítica y empírica (predomínate desde los años 30 del siglo XX). Y entro de la tendencia analítica y empírica hay una dirección que deviene en el estructural funcionalismo, que es la teoría que impera en el mundo de la Sociología. Es decir, es el acuerdo o consenso rente al conflicto. Creo, sin embargo, que seguimos viviendo en el periodo clásico de la sociología y que sin los clásicos la Sociología sigue siendo un montón estéril de datos, etc. (…) pero los trabajos empíricos que se realizan, ocurre lo mismo que en Derecho, en   Derecho una reforma en el parlamento, pues implica que cientos de libros de texto de Derecho Penal o de Derecho Civil, quedan arrinconados por las variaciones que han hecho los parlamentarios. Entonces, en Sociología ocurre lo mismo, se hacen demasiados trabajos de tipo empírico…, Es decir, la Sociología se ha transformado en una ciencia de encuestas, la Sociología no puede ser una ciencia de encuestas, tiene que unir siempre la teoría a la empiria.” (José Sánchez Cano. Académico de la Sociología: Especialista en Teoría Sociológica, Sociología de la Religión y Sociología de la Desviación). ([xxv])

“…, yo intento evitar llamar a la Sociología una ciencia (…). Sin embargo, eso a mí no me hace desvalorizar la Sociología por no llamarla ciencia (…), yo no la desvalorizo, me parece uno de los saberes que hay posible para conocer la realidad, para ser conscientes del mundo en el que vivimos y elevar el nivel de bienestar de la población, de los ciudadanos, de la gente. (Inés Alberdi. Académica de la Sociología: Especialista en Familia y Estudios de Genero). ([xxvi])

(La Sociología) “Es aquella rama del saber, o de la ciencia, que se ocupa de conocer un poco mejor y comprender y predecir y entender como es la sociedad en la que vivimos, o como fue la sociedad de hace una serie de años como puede ser la sociedad futura.” (Raquel García. Socióloga: Especialista en Estudios e Investigaciones de Mercado). ([xxvii])

“…, la Sociología sirve para eso que son las opiniones de la gente, traducirlas en medidas, decisiones importantes para todos los ámbitos de la sociedad. La Sociología es como un laboratorio donde las opiniones de la gente, las traduce en decisiones para los medios, para los productos y eso, en medios de comunicación como cualquier otro producto que exista en la sociedad…, es decir, que un producto no podría existir sin que tu conozcas la opinión de la gente que le convence, más o menos, cualquier tipo de producto…, Si no existe la Sociología no hay nadie que sepa…, que pueda apoyar, es como un apoyo a cualquier decisión relacionada con ese producto para llegar a su destinatario en las mejores condiciones y con el mejor efecto; los m{as efectivo posible”. (Adriana Ribera Fernández. Socióloga: Especialista en Investigaciones de Audiencias y Televisión Telemática). ([xxviii])

“…, la Sociología no es un discurso, no es una filosofía (…) es una profesión que lleva detrás mucho trabajo técnico, incluso muchas matemáticas (…), es una profesión muy técnica pero al mismo tiempo te exige una gran capacidad de análisis y otra cosa que falta en muchas personas, unos grandes conocimientos de historia, porque siempre la Sociología estudia el cambio social, no solo la estructura social, el cambio, y el cambio está situado desde una perspectiva histórica, ese es otro de los fallos que yo veo en los sociólogos en España, su gran desconocimiento histórico, de análisis histórico.” (Anónimo. Sociólogo Especialista en Criminología y Temas Electorales.”) ([xxix])

8.- Resumen

La sociedad tecnológica actual está abriendo las puertas a una nueva época histórica en la que no es necesario profundizar demasiado para evidenciar numerosos casos de corrupción de variada naturaleza, que traspasan fronteras nacionales y aún de continentes, en cuyos casos no es difícil adivinar que se asientan en la inexistencia o carencia de valores morales y principios éticos, lo que indica la imperiosa necesidad de primera magnitud, el que ciudadanos, profesionales e instituciones públicas se afanen en el esfuerzo de profundizar y aplicar los valores morales y principios éticos, cada uno desde el lugar que ocupe y la función social que desempeñe en la sociedad, como antídoto contra todo tipo de corrupción, y en consecuencia, como método práctico de mejorar la sociedad.

([i]) American Andragogy University. Curso La Ética Profesional. Hoja 1

([ii]) American Andragogy University. Obra citada. Hoja 

([iii]) https://conceptodefinicion.de/profesion

([iv]) American Andragogy University. Obra citada. Hoja 2

([v]) American Andragogy University. Obra citada. Hoja 

([vi]) “Ética”. Significados.com. https://www.significados.com/etica/ 11.03.201

([vii]) “Ética”. Obra Citada. 

([viii]) W. Tatarkiewicz.  Historia de seis ideas: arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética. Colección Neometrópolis. Séptima edición, 2002 Reimpresión, 2004, Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.), pág. 15

([ix]) American Andragogy University. Curso La Ética Profesional. Hojas 3-4

([x]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 8.

([xi]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 4. 

([xii]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 6

([xiii]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 6.

([xiv])  American Andragogy University. Obra citada, hoja 7.

([xv]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 7

([xvi]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 9.

([xvii]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 5

([xviii]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 8.

([xix]) American Andragogy University. Obra citada, hoja 4.

([xx]) https://www.significados.com/etica

([xxi]) American Andragogy University. Obra citada, hojas 14-16.

([xxii]) https://www.isa-sociology.org/es/sobre-isa/codigo-etico-440#:~:text=El%20C%C3%B3digo%20%C3%89tico%20de%20la,es%20exhaustivo%2C%20completo%20y%20r%C3%ADgido.

([xxiii]) Violante Martínez Quintana. Sociedad y Mundo. De la Teoría a la Practica en la Ciencia Sociológica, 2008. Ediciones Académicas. Pág. 29 a 50.

([xxiv]) Violante Martínez Quintana. Obra citada. Pág. 30. 

([xxv]) Violante Martínez Quintana. Obra citada. Págs. 31.32.

([xxvi]) Violante Martínez Quintana. Obra citada. Págs.  40-41

([xxvii]) Violante Martínez Quintana. Obra citada. Pág. 45.

([xxviii]) Violante Martínez Quintana. Obra citada. Págs. 45-46

([xxix]) Violante Martínez Quintana. Obra citada. Págs. 47-48.