Ribagorza: Dos bous

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Por Feli Benítez      

Hace unos cuantos años, fuimos a Benabarre, localidad ribagorzana vecina, donde unos amigos nos invitaban a cenar. Además de disfrutar de su excelente hospitalidad, Marín y Gemma nos pusieron al día de cómo les iba la vida pues hacía tiempo que no nos veíamos.

En la enumeración de novedades pudimos contemplar la estupenda reforma que habían hecho a su vivienda, lo mucho que había crecido la hija de ambos y…,sorpresa, Marín nos hizo partícipes de algo que venía anunciando desde que llegamos a su casa con la emoción de un niño que te va a mostrar un juguete fabricado por él.

En un cuartito, Marín tenía un kit casero de elaboración artesanal de cerveza. A lo largo de la cena nos invitó a “jugar” con su creación y pudimos disfrutar saboreando el resultado de sus pesquisas, estudios y adquisiciones a través de Internet y pudimos comprobar -con admiración- como tras varios procesos y numerosos intentos, mediante ensayo y error, había conseguido elaborar una cerveza deliciosa.

Han pasado algunos años. La curiosidad incansable de Marín, el apoyo incondicional de Gemma, la ayuda de Mª José Sánchez (Agente de Empleo y Desarrollo Local del ayuntamiento de Benabarre) y la generosidad de Manel Riu (un vecino que les ha cedido un local) han permitido que vea la luz un proyecto de autoempleo que lleva por nombre Dos bous.

Dos bous es un proyecto empresarial nacido en Benabarre en consonancia con la apuesta de potenciación del sector agroganadero que lleva desarrollando el municipio en los últimos años. La fabricación y consumo de cervezas artesanas cuenta cada vez con más adeptos tanto en el territorio nacional como en los países de Europa central y del norte (sin olvidar a los países anglosajones que cuentan con una importante tradición en este campo). Dos bous aparece en el mercado en un momento inmejorable en el que los productos manufacturados de calidad, de edición limitada – en los que el valor añadido de un proceso artesanal los distingue de los productos “sin alma” industriales- y que llegan directamente del productor al consumidor, gozan de un nicho de mercado que se va ampliando rápidamente.

Han salido al mercado con tres propuestas: una cerveza tipo “lager” fermentada a baja temperatura y dos “ales” -en las que el proceso de fermentación se realiza a alta temperatura-, en concreto una brown (más oscura) y una pale (clara). Hubo que desechar un buen montón de litros hasta que Marín dio con la fórmula definitiva y consiguió un producto satisfactorio. “Lager”, que en alemán quiere decir almacén, hace referencia al tiempo mínimo de fermentación (menos de 12 grados durante 45 días) frente a los tiempos, sensiblemente inferiores, que requiere una cerveza tipo “ale”

La imagen corporativa ha corrido por cuenta de Quim Deu que ha acertado plenamente con un logo en el que dos vocales se convierten en una estilización de la testuz de dos bueyes (que es el significado de Dos bous). Todo ello abunda en la importancia de contextualizar el trabajo artesanal con respecto al territorio en el que se desarrolla y rodear al producto de una adecuada legenda -el storytelling que tanto recalcan los especialistas en comunicación- para que dicho producto pueda ser diferenciado de aquellos producidos de forma masiva y con dudosas condiciones de trabajo provenientes de fuera de nuestro país. El producto artesanal cuenta siempre con el plus de haber sido realizado con esmero, atención al detalle y una intencionalidad de transmisión del cariño en la elaboración que el artesano espera que pueda ser percibido por quien lo adquiere y consume. Ya no se trata solo de adquirir un objeto, producto o servicio; se trata también de transmitir, de regalar, una experiencia. ¿Por qué elegir dos bueyes como marca de la casa? Así nos lo explica Marín Samper:

       “Según cuenta la leyenda, dos bueyes del cercano Mas de San Vicente, después de trabajar durante el día en las labores del campo, al quitarles los aperos de labranza, se dirigían hacia un pequeño valle, y escarbaban con las pezuñas y los cuernos siempre en un mismo lugar.

       Un día los pastores fueron a ver qué hacían esos bueyes y encontraron en ese punto las reliquias de Santo Patrón de Benabarre (San Medardo), y de allí broto un manantial. En dicho lugar se construyó la Ermita en honor al patrón, y en una de las fachadas está la fuente por donde el agua sale a través de dos cabezas de buey. De aquí el nombre de la cerveza, vinculando nuestro producto con el territorio”.

He vuelto a disfrutar de la hospitalidad de Marín, hace unos días, en su local comercial de la calle Vicente Piniés de Benabarre (la calle principal de la población). Con su habitual cordialidad, me ha mostrado y explicado los entresijos de su quehacer artesano. Es en las trastiendas, en los talleres, en los obradores donde me siento feliz. Me interesan los productos pero, mucho más, los procesos. He realizado fotos de numerosas imágenes que comparto con vosotros.

No es casual que las manos de Marín aparezcan en la mayor parte de ellas. Son sus manos las que acompañan al cereal desde que llega a su taller hasta que sale embotellado. He tomado además nota de un montón de términos específicos que aludían a otros tantos pasos que forman parte del proceso de elaboración de la cerveza artesanal y ahora, que estoy delante del folio, creo que donde estuve fue en un lugar mágico, lleno de escritura pausada (no exenta de humor como podréis ver) que lo que trae a la mente es la sensación de haber escuchado poesía. Podría hablaros de los ingenios que Marín ha desarrollado -serpentines de diferentes tamaños conectados a una invención de fontanería- para conseguir que el mosto baje en menos de 50 minutos a la temperatura deseada…, o del agua traída de un manantial cuyo nombre silencio…también podría recrearme en una aliteración con la palabra lúpulo, lúpulo, lúpulo….y contaros de la dulce relación de la dextrosa con la levadura que cuando se besan suben por los cielos en forma de burbujas. Pero, por respeto al alquimista, os dejo con la historia sin terminar. Esta narración es de final abierto y que cada uno ponga el suyo mientras siente la magia de la cebada transformada en oro líquido acariciando su garganta a la sombra de alguno de los muchos árboles centenarios que pueblan la Ribagorza.

¡Salud!

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