Tarantino If


Por José Joaquín Beeme
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     Al contrario que en esas ficciones ahistóricas donde triunfa el mal y tenemos una Europa unida bajo la bota hitleriana, con sus sucesivos herederos (!), o como, adelantando el reloj,…

….esas utopías inversas nos anticipan una tierra arrasada en manos de la barbarie posthumana, Tarantino ha ensayado una ucronía para bien, reescribiendo la página de sucesos para darse el gusto, entre adolescente y gamberro (¿no es ésta una marca de su cine?), de torcer el rumbo criminal y cambiar el desenlace, aparentemente irrevocable, de los acontecimientos. Puestos a darle una segunda oportunidad a Sharon Tate, también podría haber limpiado la sangre que, sin comerlo ni beberlo, cayó sobre los Beatles: ni Helter skelter ni Piggies están en la, como siempre, selecta discografía y eso, quizá, dice mucho del estigma que todavía sufren. En el tejido Hollywood-69 y para que se sostenga la parte contrafáctica, ha pensado el de Knoxville entrecruzar una pareja de aperreados compadres del oficio cine, un vaquero de serial cuyo fracaso se espeja en novelillas de corte Lafuente Estefanía y su buddy especialista o curtido paragolpes que, como buen escudero, nos acota su vida privada en un esquivo pasado y en una ironía bronca de solitario con perro. Su particular crepúsculo trae ecos del Waldo Pepper de Redford o el Julián Torralba de 800 balas. Pitt, como DiCaprio, en estado de gracia aun si, por simpatía con el jefe, han de librar su escena granguiñolesca, salpicona y medio exorcista. Todo para regalar a los inquilinos de Cielo Drive una imposible, aunque maravillosa, redención.

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