El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

 

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Por Eugenio Mateo

    Era el penúltimo día de primavera y antes de que el acceso al Parque Nacional de Ordesa se complique, decidí que era buen momento para visitar de nuevo la maravilla de nuestro Pirineo.

    Con un día radiante y provisto de lo necesario para la excursión, llegué al aparcamiento del Parque con una buena presencia de vehículos.

    Iba a recorrer la ruta más transitada y por otro lado más cómoda y accesible, siguiendo el curso del Rio Arazas, cuyas sorprendentes cascadas jalonan el sendero invitando a ser capturadas por la cámara.

    La umbría del bosque de las Hayas emanaba humedad de las últimas tormentas con las que la Gota Fría nos “obsequió” la semana pasada y la temperatura era ideal para imprimir el ritmo de ascensión. Se pasa por las cascadas de Arripas y de la Cueva antes de llegar a las Gradas de Soaso, sucesión de saltos y piscinas naturales en los que algunos aprovechan para meter los pies a riesgo de asustarlos con las frías aguas del deshielo.

   En los últimos repechos paralelos a las Gradas, emerge la silueta del gigante Monte Perdido y pronto el majestuoso valle glaciar del Circo de Soaso se muestra con las descarnadas moles calcáreas de dos de las Tres Sorores, esto es el Perdido y el Cilindro, superando con creces los tres mil metros. Este típico valle en U tiene la mejor vista desde los farallones de la Sierra Custodia, a los que se accede desde Nisin, camino de Góriz, y cuya observación describe la grandiosidad de este espacio sorprendente y majestuoso.

    Hoy, miramos desde abajo hacia la vertical presencia rocosa de Las Cutas y Custodia y casi sin darme cuenta, me acerco al fondo del Circo, donde se despeña la famosa Cola de Caballo, cascada con aguas trasparentes, justo debajo del Refugio de Góriz y de la que la gente bebía con avidez, aunque yo llevaba mi cantimplora con agua de las dos fuentes del sendero, que me dieron más confianza. Desde allí la senda asciende por una terrosa y empinada senda hacia las clavijas de Soaso, impedimento ligeramente técnico que lleva directamente al refugio.

   Hay otra opción de regreso que recorre la Faja de Pelay y la Senda de los Cazadores, de la que guardo un no grato recuerdo de aquella vez que aventuré por ellas a personas con poca práctica en la alta montaña con resultado de sustos suspendidos del vacío. En esta ocasión decido volver por donde he venido, con dos horas y media de paseo pero con la velocidad de bajada a tumba abierta que hacen que llegue a la pradera en una hora y media para desgracia de mis rodillas, que ya no son lo que eran.

   Una buena cerveza fría en el bar del acceso a visitantes es una buena recompensa, aunque la mejor es gozar de esta naturaleza vibrante.

Fuente: http://eugeniomateo.blogspot.com.es/2015/06/el-parque-nacional-de-ordesa-y-monte.html

 

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