OPERAMÍA: “Los cuentos de Hoffman”

145HofmanP
Por Miguel Ángel Yusta

    La conocida ópera de Hoffmann venía al Real precedida de una gran curiosidad por conocer su montaje escénico. Era la última producción de la “Era Mortier” y como tal se suponía, al menos, polémica, pues la polémica ha rodeado la actuación de este intelectual renovador que, con muchos aciertos y algún discutible proyecto ha capitaneado los últimos años el Real, hasta su reciente fallecimiento.

«LOS CUENTOS DE HOFFMAN»

Jacques Offenbach (1819-1880)

Eric Cutler / Jean Nöel Briend, Anne Sofie von Otter / Hanna Esther Minutillo, Vito Priante, Christoph Homberger, Ana Durlovski. Measha Brueggergosman, Altea Garrido…

Dirección Musical: Sylvain Cambreling / Till Drömann. Dirección de escena: Christoph Marthaler.

Teatro Real Madrid. 31 de mayo de 2014. Casi lleno.

 Cuentos para escuchar…

     La conocida ópera de Hoffmann venía al Real precedida de una gran curiosidad por conocer su montaje escénico. Era la última producción de la “Era Mortier” y como tal se suponía, al menos, polémica, pues la polémica ha rodeado la actuación de este intelectual renovador que, con muchos aciertos y algún discutible proyecto ha capitaneado los últimos años el Real, hasta su reciente fallecimiento.

     El argumento de la obra lo pueden buscar nuestros lectores en la Red, así no repetiremos lo ya sabido o conocido y nos ceñiremos a opinar sobre esta produción diciendo, de entrada, que  suprime todo el misterio y la magia de la obra de Offenbach, con un montaje escénico rayando, sobre todo en las partes primera y tercera, en el absurdo. Claro que el recurso será acusarnos de poco inteligentes, o preparados para la renovación o modernización de montajes escénicos de óperas clásicas… Pues no: hemos asistido a espléndidos montajes que revalorizan, reinterpretan y ponen al día una obra y éste, desde luego, no está entre ellos; es un cúmulo de despropósitos que confunden al espectador avezado y conocedor de la obra y no digamos ya al neófito que acude con candidez a contemplarla.

   Musicalmente es una maravilla; una música que transporta y crea una atmósfera de ensoñación, con algunos fragmentos emblemáticos mundialmente conocidos (el aria de la Muñeca y la Barcarola, por ejemplo). En esta función la orquesta y coros, bajo la dirección de Till Drömann, segundo de  Sylvain Cambreling, se mantuvieron en un muy buen nivel, si bien el metal se escuchó, a veces, con algún decibelio de más. Pero el ritmo y la pulcritud se mantuvieron plenamente y nos da la impresión de que esta orquesta está subiendo de nivel por momentos.

     Del elenco de cantantes me gustó Jean Nöel Briend, un lírico ligero muy capaz que mantuvo el difícil papel de Hoffmann (y más con los condicionamientos de la producción) a buen nivel. Espléndidas  Hanna Esther Minutillo (La Musa / Nicklausse ) y  Measha Brueggergosman (Antonia / Giuletta) ésta última con una hermosa voz negra que, aunque mostrando un excesivo vibratto y opacidad en los agudos, supo dar matices propios a sus dos papeles. Muy aplaudida e incluso braveada Ana Durlovski (Olympia) en unas circunstancias escénicas que convierten a la clásica muñeca-autómata en una deficiente mental. El resto cumplió en sus diversos roles destacando, por curiosa, la composición cómica de Grahan Valentine (Spalanzani).

    Una mención especial para nuestro paisano Isaac Galán (Schémil) que estuvo muy bien, aunque pienso que cada función le deja agotado, tal es el ritmo absurdo que le impone el señor Marthaler, que aunque arrastre una enorme fama nos hizo cerrar los ojos bastantes veces para disfrutar de la hermosa partitura y olvidar las incongruencias que se daban en el espacio escénico, amplio, muy amplio y profundo y desplazando a los cantantes a los últimos rincones, para que medio aforo se quede sin ver la acción -¿acción?- que se desarrolla en el inmenso escenario.

Artículos relacionados :