Ver a los portavoces municipales del Ayuntamiento de Zaragoza llevándose las manos a la cabeza porque los responsables políticos del equipo de gobierno actual están ahuecando a algunos funcionarios de primera línea para colocar a los suyos, da risa.
Cierto es que sobre el papel los funcionarios son profesionales que no deberían tener adscripción política alguna a la hora de ejercer sus tareas, pero…¡quiá!. Cada vez que una nueva cuadrilla ha llegado a la Plaza del Pilar, no pasan dos años sin que comience el baile. Unas veces discretamente y pactado bajo mano y otras, como en el caso de Cultura, a golpe de azada y convirtiendo la sociedad Zaragoza Cultural en lo que los mismo trabajadores ya llaman Zaragoza Patatal.
También es verdad que la cosa no debería ser así pero la realidad se impone y ningún grupo político tiene intención de cambiarlo porque como dice el refrán castizo “palmo más, palmo menos, junto al culo la tenemos” . Es decir que cada formación, al llegar a tocar marro, realizará parecidos meneos. Entre otras cosas porque es la forma más barata que tienen los grupos políticos para incentivar a sus elencos dirigentes: incrustarlos a cuenta del erario público. Y, además, conlleva un importantísimo ahorro de sus fondos que, de este modo, se pueden destinar a otro tipo de fontanerías.
No cabe duda, pues, que hoy en día, ser funcionario es un plus para dedicarse a la política. Amén de que en la calle hace mucho frío.
Así pues, menos hipocresía y hagan leyes que eviten estos movimientos vergonzantes para la ciudadanía y más propios de trileros que de representantes públicos. ¿A que no las hacen? Se admiten apuestas.