Oh, no, noviembre / Paco Bailo


Por Paco Bailo L.

 

“Abril es el más cruel de los meses, pues engendra

lilas en el campo muerto, confunde

memoria y deseo, revive

yertas raíces con lluvia de primavera”

de ‘La tierra baldía’

T.S. Eliot,1922

      A los cuatro años de acabar la Primera Guerra Mundial aparecieron un puñado de textos que hicieron estallar la novela, la filosofía y la poesía de nuestros alrededores. En 1922 se publicaron: “Ulises”, de Joyce, el “Tractatus logico-philosophicus”, de Wittgenstein, “La tierra baldía”, de T. S. Eliot, “Trilce”, de César Vallejo y las “Elegías de Duino”, de Rilke, entre otros. Y Proust acabando de buscar su “tiempo perdido”. No es mala cosecha, la del 22.

   Entre sudoku y crucigrama releía, es nutricio, ese primer capítulo de “La tierra baldía” y pensaba que si hoy se pusiera Elliot a la faena con ese rítmico lamento tal vez añadiría algunos versos más a esos cuatrocientos treinta y cuatro porque no sólo abril ha sido el más cruel. Me lo imagino con Ezra Pound y un par de güisquis: “Có, añade marzo, anda”, “pues anda, que mayo…”, “Tira, Thomas, mete junio y se lo pasamos a Virginia, que de ésta en breves te dan el nobel”.

   La crueldad es la obtención de placer en el sufrimiento y dolor de otros, la pasión del goce ante el dolor del otro y la indiferencia e insensibilidad ante él. Este año algunos la están gozando, basta con asomarse a las listas de las empresas que más se han enriquecido desde marzo y ver el nombre de sus dueños, socios y asesores; o mirar cuántos políticos han devuelto sus dietas durante el confinamiento.

    Me parece que este noviembre también llega con su dosis de crueldad. Ese amor a la barra de un bar, esos asientos vacíos ante escenarios y pantallas, esas obras de arte y artesanías huérfanas de miradas, esas escrutadoras miradas por sobre la mascarilla, esos mangos de sartén que siguen en manos de la mafia, palitos por las narices y jeringazos en cada telediario… Ay, la memoria y el deseo, Thomas; ay, la realidad y el deseo, Cernuda.

    Pero no quiero añadir más pesares a este aciago devenir sino convencerme de que bajo el asfalto está la playa, huy, perdón, de que bajo las mascarillas florecen sonrisas y me apetece sugerirte alguna excusa paliativa para estos próximos días.

    A tu gusto: el día uno puedes celebrar el día de Todos los Santos, ¿por qué no? Las iglesias orientales no la cuentan entre sus dieciséis fiestas mayores así que no debes observar abstinencia ni ayuno.

    El día dos en México está relacionado con el Día de muertos y en las Canarias celebran el Día de Finaos, se suelen reunir amigas y amigos, vale, no más de seis, y cuentan historias, cuentos, debaten y hablan mientras comen castañas, nueces, manzanas y dulces con anís o ron y miel.

    El día ocho desde 1949 se celebra el día Mundial del Urbanismo para promover una buena planificación en la creación de comunidades urbanas sostenibles, otra oportunidad para apelar a la conciencia ciudadana y a las autoridades, para llamar la atención sobre el impacto ambiental que produce el desarrollo y seguir dando murga con el decrecimiento sostenible, aunque sólo sea por tus hijos y tus nietas.

    El día nueve, aunque sea lunes, pueden caer un par de birritas porque hará un año y treinta más que cayó el muro de Berlín. Sí, ya sé que aún quedan en el Sahara siete muros minados, el de Trump, el de Palestina, las concertinas, Melilla, … pero también está el de Pink Floyd y ya he dedicado siete párrafos al desasosiego. Otra birra, por aquellas doscientas y pico personas que cayeron intentando brincar esos vergonzosos cuarenta y cinco kilómetros de muro. Por cierto, la mayoría de los bares cercanos al muro daban cerveza gratis y los desconocidos se abrazaban entre sí, qué envidia, abrazarse, humm. Aquel día el virtuoso del violoncelo Rostropóvich fue al pie del muro a animar a los que lo demolían y al siguiente julio se celebró “El muro en vivo desde Berlín”, con Roger Waters, Van Morrison, Scorpions, Ute Lemper, Marianne Faithfull, The Band, Cyndi Lauper y Bryan Adams. Envidiosa nostalgia, sí. Otra birra.

   El 11 de noviembre de 1918 se firmó el armisticio de la Primera Guerra Mundial que dejó casi diez millones de muertos, unos veinte millones de soldados heridos y las víctimas civiles ascendieron a más de siete millones. Va, un trago en su memoria. (Y además es el cumple de mi chica, no se me olvide).

    En viernes caerá el día veinte, celebraciones para todos los gustos: ciento diez años que se inició la Revolución mexicana, en la prisión de Alicante fusilaron al “ausente”, se acaba el Funeralísimo y Buenaventura Durruti muere en la defensa de Madrid. Un sol y sombra, por ejemplo.

Y domingo será el 22 de noviembre, día de la música. El excelso violinista Yehudi Menuhin lo propuso para promover la música, la paz y la amistad entre los pueblos. A buscar las casetes, a desempolvar vinilos, caña a esos cedés, pilla la guitarra y haz ruido (el “resistiré”, no, por todas las diosas), tararea por las escaleras o sílbate tu melodía favorita.

    Y para ir acabando el mes el 25 de noviembre se celebra el día de la no violencia de género, convocatoria iniciada por el movimiento feminista latinoamericano en 1981 para recordar la fecha en la que fueron asesinadas en 1960 las tres hermanas Mirabal en la República Dominicana. Mengüemos la falta de igualdad en las relaciones, que el mundo es de las mujeres y de sus hijos los hombres. Que no cuesta tanto, hala, brindemos, para que “revivan las yertas raíces con lluvia de primavera”

Artículos relacionados :