Tengo un veneno en mi pescado


Por Jesús Sainz

     La Agencia Española de Seguridad Alimentaria (Aesan), a mitad de noviembre de este año (2019), desaconsejó el consumo de pescados de tamaño grande (atún rojo y pez espada entre otros) a las mujeres embarazadas y a los niños menores de 10 años, advirtiendo que los niveles de mercurio de estos pescados son muy altos y pueden causar toxicidad.

   Nicolás Olea, catedrático de radiología en la Facultad de Medicina de Granada, dice: “Esa recomendación llega 20 años tarde” (https://elpais.com/sociedad/2019/11/11/actualidad/1573497894_984313.html).

    No sorprende que la Administración española haya tardado 20 años en avisar del peligro, dado que lo ha hecho, según Olea, tras presiones de la Unión Europea. Lo que si sorprende es que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria considere que el nivel de mercurio de estos pescados no sea aconsejable para niños y mujeres embarazadas, pero sí para el resto de la población. El mercurio se acumula en el cuerpo humano y ello se paga con el deterioro de nuestra salud. Es bien sabido que la gente que consume pescado tiene mayores niveles de mercurio en sangre.

    El hecho de que España genere el 20% de la producción total de la industria pesquera de la UE, por un valor de más de 4.000 millones de euros, quizás explique la reticencia de la Administración a informar prontamente sobre el peligro de comer pescado.

El peligro de consumir pescado contaminado de mercurio no es algo que conozcamos desde hace poco tiempo, hace más de medio siglo que se descubrieron sus terribles consecuencias: el desastre de Minamata.

    La enfermedad de Minamata es una enfermedad neurológica causada por una intoxicación grave por mercurio. Los signos y síntomas incluyen ataxia, entumecimiento en manos y pies, debilidad muscular general, pérdida de visión periférica y daño a la audición y al habla. En casos extremos, la locura, la parálisis, el coma y la muerte se producen pocas semanas después del inicio de los síntomas. Una forma congénita de la enfermedad también puede afectar a los fetos en el útero.

    La enfermedad de Minamata recibe su nombre debido a que se observó por primera vez en la ciudad de Minamata (Japón) en 1956. Fue causada por la liberación de metilmercurio en las aguas residuales industriales de la fábrica química de Chisso Corporation, que sucedió de forma continuada desde 1932 hasta 1968. Éste tóxico se bioacumuló en mariscos y peces en la Bahía de Minamata, los cuales, al ser comidos por la población local, provocaron el envenenamiento por mercurio. Las muertes de gatos, perros, cerdos y humanos fueron continuas durante 36 años, durante los cuales el gobierno y Chisso Corporation hicieron muy poco para prevenir la epidemia.

    En marzo de 2001, 2.265 víctimas habían sido oficialmente reconocidas por tener la enfermedad de Minamata (1.784 de las cuales habían muerto) y más de 10.000 habían recibido una compensación financiera de Chisso. En 2004 se ordenó a la compañía limpiar la contaminación.

    Desde el desastre de Minamata, Japón ha reducido la producción de mercurio de 2.500 toneladas por año en 1964 a 10 toneladas por año en los últimos años. Además, ha introducido una lista de regulaciones que rigen el contenido de mercurio de una variedad de materiales y que establecen los niveles aceptables de contaminación ambiental por mercurio.

  Sabemos que el pescado, el marisco y las plantas marinas acumulan el mercurio del agua, parte en forma de metilmercurio, un compuesto altamente tóxico. Las especies de peces de larga vida, como el marlin, el atún, el tiburón, el pez espada, el emperador, el marrajo, el cazón, la pintarroja y el jurel son las que contienen concentraciones más altas.

    El mercurio acumulado en el pescado y marisco pasa al ser humano que lo consume y puede provocar envenenamiento por mercurio, dada su alta tóxicidad, dañando el sistema nervioso central.

     Respecto a España, estudios que han se han realizado durante las dos últimas décadas, demuestran que los niños españoles tienen un contenido mayor de mercurio en su orina del aceptable sanitariamente (https://elpais.com/sociedad/2019/11/11/actualidad/1573497894_984313.html).

    Otros estudios han mostrado cómo alimentos de uso cotidiano tiene contenidos demasiado altos de mercurio, sin que la Administración haya hecho nada para informar a la población y prevenir su consumo. Un ejemplo es el estudio de un grupo de científicos españoles que alertó sobre los altos contenidos de mercurio en las latas de atún claro en el año 2013. Además, según el estudio, el contenido de mercurio del atún enlatado en España es mucho más alto del que se ha reportado en el atún enlatado en otros países de Europa. El estudio se publicó en la revista “Food and Nutrition Sciences”. Por si fuera poco, otros estudios muestran que la población española tiene un alto nivel de mercurio en el organismo, el más alto de los países europeos, debido fundamentalmente al consumo de pescado (https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2019/07/12/5d285a4ffc6c83dc348b456f.html).

Pero no solo hay toxicidad en el pescado, muchos otros alimentos son tóxicos. Especialmente los procesados industrialmente y los producidos con la ayuda de pesticidas, fertilizantes químicos, hormonas y antibióticos. Un estudio reciente, publicado en Francia, titulado “Generation future” afirma que la persona típica que vive en una ciudad consume diariamente unas 81 sustancias químicas, 36 de ellas pesticidas, de las cuales al menos 47 pueden ser carcinogénicas. Por ejemplo, el salmón contiene hasta 34 sustancias químicas (https://www.dsalud.com/reportaje/nicolas-olea-nos-estan-envenenando-con-impunidad/)

    Muchas de estas sustancias son disruptores endocrinos o EDCs (“Endocrine Disrupting Chemicals”), es decir, sustancias que alteran el equilibrio hormonal y provocan problemas de salud crónicos, degenerativos, reproductivos y cáncer. Todavía no hay ningún tipo de regulación sobre ellos. Y los niveles sobre los cuales se consideran peligrosos los han fijados personas que trabajan en la industria alimentaria, que es la que los pone en los alimentos. Como afirma el Dr. Olea, estudioso del tema, “nos están envenenando con impunidad”.