“Posturear” en Arco

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Por Miguel Ángel Punter
Comisario Artístico Independiente      

    La feria del arte contemporáneo ARCO-ASCO finalizó su 33ª edición, con Finlandia como país invitado y más de 219 galerías provenientes de 23 países.       ARCO vuelve a plantear la misma pregunta cada año alrededor de la creación y sus protagonistas: la pregunta no es ¿Qué es arte?, sino, ¿Qué arte promociona esta feria? quizás un extraño maridaje entre obras de arte, basura y escombros configuran su contenido, ni transgresión ni vanguardia caracterizan esta feria, solo arte mestizado con porquería se entremezcla sin ningún tipo de criterio. Arte mal presentado y perfectamente envuelto para los incautos bolsillos abultados que no tienen ni pajolera idea del momento actual por el que atraviesa en estos momentos nuestro escenario artístico contemporáneo actual, pero les encanta posturear y exhibirse por la feria, pensando que arte es solo lo que esta en ARCO.

     ARCO manifiesta año tras año su ridiculez y absurdez más totalitaria, junto a pinceles consagrados como los de Miró, Barceló, Tàpies, Picasso o Genovés (algunas obras superan el millón de euros), también podemos encontrar “firmas” emergentes que pretenden pintarse un hueco en el mercado del arte. Destacar de esta edición de ARCO 2014, que ahora también es artista plástico el cocinero Ferran Adrià, “con dos huevos escalfados en hidrógeno de hielo” (¡que fuerte!), que nos presentaran próximamente ¿A Blanca Cuesta ”Thyssen” pintando?, ¡Hostias! calla que esta ya es una “firma” consolidada, (de la noche a la mañana la sacan en los telediarios y todo). Para la próxima edición sugiero, como artista plástico revelación y nueva promesa emergente de ARCO que saquen de la chistera al nuevo gurú del arte, un político sin presunción de corrupción, “si lo encuentran”.

      En la feria con más ego que los propios artistas, se les ocurrió como novedad de esta edición incluir, exaltar y ofertar la presencia del dibujo, por el contrario la fotografía la sumergen o estancan de sus años pletóricos. No es la que sale peor parada: el vídeo y el new art, prácticamente desaparecen, a la espera de tiempos o intereses mejores, (“era una sección muy cara y generaba pocas ventas”, aclaran desde la feria). “quizás” sea porque en anteriores ediciones se pretendió vender mucha mierda en este formato de grandes timo-galerías que nadie compró.

     Con un país en crisis permanente, el regateo llega hasta lo más exquisito y elitista de ARCO, según su director Carlos Urroz, – “los primeros, que antes acababan con la mayor parte de las piezas en el mismo día de apertura de la muestra, ahora se lo piensan más y “negocian mucho el precio final”. La decisión de compra es ahora más meditada y, al parecer, acepta el regateo”-. ¿No será que los paletos que compran en este mercadillo se dan cuenta que son cada vez mas primos? Incluso los que fingen entender para fardar “postureando” por ARCO se dan cuenta que unos neumáticos usados y cuatro cartones no puede ser una obra de arte por la que deban pagar miles de euros, cuando en la basura la pueden obtener gratis.

 ARCO ha quedado para el típico paseo del primo “hipster” que acude a pasar la tarde y pegarse el moco, un hipster amante del arte en toda forma de expresión y que se ríe ante el típico comentario de, “yo es que no entiendo el arte moderno” alegando un sabio, “el arte moderno no hay que entenderlo, hay que sentirlo”. Esta tribu de hipster es fácil de reconocer, enfundados en atuendos para la ocasión y con gafa-pasta, les exalta el postureo delante de las obras, mirarlas durante mucho rato, cuanto más rato mejor, acercándose y alejándose de estas mientras se toca la barbilla y ponen cara de estreñidos, en realidad lo que más les importa y les llena pletóricamente, es posar en las cientos de fotos que suelen tirarse al lado de las obras y colgarlas en sus redes sociales para que todos los seguidores que tienen aprendan como se posturea con clase.

      El caminante zombie-hipster, (veanse en The Walking Dead) en realidad el arte le importa más bien poco, no entiende nada y habla de todo, oculta su verdadero yo ignorante y verdaderamente piensan si están en una feria de enfermos con el síndrome de Diógenes y que al parecer estos individuos no tienen más espacio en sus casas y trasteros para meter más basura y cacharros raros que suelen acumular y entonces como son tan raros, alguna O.N.G. les deja enseñarlos en un stand de un recinto enorme en Madrid, donde se realiza todos los años la feria del perdigón, “perdón”, del arte.

     Auditar también dentro de la feria el millón largo de euros (el 25% del presupuesto de la feria) que se gastan los rectores de ARCO en traer visitantes VIP, “colegas”, compren o no compren, para dar un poco de glamour al certamen y ganar unos minutos en los telediarios. Dos mil euros por cabeza para directores de museos, fundaciones, periodistas y críticos, esa trouppe que hincha y pudre el mercado del arte y aprovecha la feria para hacer turismo por Madrid, presuntamente en el mismo escenario que identifica una de las obras expuestas en esta edición de ARCO “un burdel de strip-tease” que representa al Congreso de los Diputados.

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