Orgullo sin prejuicios (y a lo simple) / Crista Navarro


Por Crista Navarro

   Un año más comienza el verano con sus dos celebraciones insignias: la noche de San Juan y la semana del orgullo LGTBI, y una vez más…

…se llenan las redes sociales de opiniones a favor y en contra de esta última. Señoras y señores, me aburro.

   La semana del orgullo es de los actos más divertidos, refrescantes y coloridos que se hayan podido inventar. A mi me llena de buen rollo ver las calles y los escaparates con bandericas de colorines y poder disfrutar de unos días de musiquita alegre y desenfadada en los bares y terrazas que festejan estos días. También me ilusiona ver a algunos de mis amigos luciendo una sonrisa especial y un brillo como el que desprenden los habitantes de los pueblos pequeños cuando celebran sus fiestas patronales. Para ellos y ellas son sus días especiales. Pues a disfrutarlos, y sus amigos con ellos.

    Esa es otra: están los que tienen “amigos gays” y los que tenemos, simplemente, amigos. Por supuesto no vamos a librarnos de los comentarios del cuñado de turno (el que tiene amigos gays) del tipo “¿Para cuándo la semana del orgullo hetero?” o “¿No queremos igualdad? ¡Pues entonces esto sobra!”. Esto no sobra. No mientras se sigan haciendo chistes sobre pastillas de jabón en la ducha. No mientras te incomode si una persona de tu mismo sexo te mira y te sonríe porque piensas que quiere ligar contigo (lo siento, cariño, no le gustas: solo es agradable. Ya quisieras tener ese sex appeal), no mientras sigas pensando que Ricky Martin y Pablo Alborán se montarían un jolgorio contigo por tu encanto varonil. Y, si después de tanta explicación no lo has entendido, el que sobra eres tú. Pasmao. O pasmá, que ni Mónica Carrillo ni Portia di Rossi sucumbirían a los encantos de tu vulva bonita así, porque sí.

    Y después de este baño de realidad, da gracias de que nunca te hayan llamado “maricón” o “tortillera” en el colegio, delante de todos. O de que no te hayan aceptado en un trabajo porque “no te ajustabas al perfil”. Al perfil heterosexual, claro. Que no es que tenga nada que ver con la labor a desempeñar, pero es que “hay que tratar con todo tipo de personas y a mí no me importa, pero entenderás…”. Una mierda hay que entender. Cada año que pasa hay más prejuicios. Demasiado fervor religioso, demasiado periodismo amarillo, demasiada loca de ultra derecha dando voces. Por eso necesitamos de esta semana. Para dar un pasito hacia adelante por los diez que se dieron hacia atrás el último año, María.

   Vamos a querernos todos un poquico, anda. Vamos a empezar a obviar con quién se mete cada uno en la cama, que eso es para disfrutarlo, no para ensuciarlo. Vamos a disfrutar de las personas en toda su esencia y a adentrarnos en otro tipo de pensamientos libres y maravillosos que no van a hacer otra cosa que abrir nuestras mentes. Vamos a dejar vivir en paz, sin enjuiciamientos ni opiniones que no llevan a nada más que… nada.

    Dicho todo esto, lo sé, más manido que pa qué, apuntar que nada de lo anterior es una oda al homosexual (u homosexuala) porque sí. Como en todos los ámbitos de esta nuestra sociedad, gilipollas hay en todas partes, pero eso es otro cantar.

   Sin más, no puedo dejar durante estos días de recordar, más de lo que ya suelo hacer, al más sexy de todos los hombres: DEP GEORGE MICHAEL.

   Sin dudas ni prejuicios, me lo volvería a tirar.

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