Pando en la Campana Underground   


Por   Votante de Hungría                                          

    La Campana Underground. Último bastión de la resistencia al postureo y a lo que acontezca en el mundo exterior. Bajas al subsuelo y el capullo ya no tiene cobertura.

    Olvídate de redes, wassaps, mira dónde estoy, mira lo que hago. Te tomas un algo y observas y escuchas lo que haya frente a ti. Como mucho hablas con el de al lado para hacer la puñeta o contar una parida. Y sigues observando y escuchando lo que sucede en el escenario. A veces sucede un folk fino, a veces country, a veces rock, a veces funky y, otras veces (las mejores) chaladuras de tomo y lomo.

    Independientemente del estilo musical a destrozar, los músicos siempre parecen pasárselo en grande en el subsuelo.

    Quizás sean los ectoplasmas vibracionales de los echadores de cartas que sueñan con Jodorowsky.

    Quizás sea lo bien que suena el solemne habitáculo de siglos pretéritos y el trato exquisito del anfitrión de los últimos románticos y jefe ahora de todo el cotarro (Ed Underground). Quizás sea la suma de todo ello.

    O puede que sea otra cosa y yo no tenga ni pajolera idea de lo que estoy hablando. En cualquier caso, no hay músico (hasta los más sufrientes) que no se la goce sobre esas tablas y bajo ese cielo estrellado Led que invita al cosmos desde el agujero.

   El público también se suele meter en el rollo ahí abajo y con Pando el público se metió en el rollo. Canciones gométricas, casi asimétricas,  esbozos pop con melodías guapas, buenos juegos de voces, arreglos para timbre y bocina y un hermano bastardo del que se chupa el dedo en el Martini que responde al nombre de Lahiguera.

    Los músicos, de altura. Lo más granado de la escena musical zaragozana, que diría aquel. Franco Deterioro. Guisante. Da. Pando.  

   El uno tocando un coco en la mesa, el otro ahora te cojo la guitarra, ahora la bicicleta. Uno que bebió de la Fuente de la Juventud y el otro que no, pero mira que vozarrón.

Total, que derivó la cosa en un Soul Train blanco y yo entre tanto me fui a pedir otro algo.

   Mi buen amigo Dionisio me preguntó entonces:

   ¿Quieres hacer una crónica de esto? Eres mi segunda opción.

   Yo le dije que sí, que cortita, y seguimos a lo nuestro, él yéndose y yo quedándome.

Los músicos no hicieron bises porque ya el cuerpo les pedía otra cosa y la otra cosa ya había estado muy bien.

    A Johnny, Big Boy y Chico Raro, me dijeron, les había encantado Pando. Gruñón, como soy yo, respondí: Caos ordenado, chatos.

   La siguiente se la pedí a Mapi y que me quitaran lo bailao.

La Campana Underground, Zaragoza

A snippet from the Zaragoza gig the other day.

Posted by Pando on Tuesday, September 18, 2018

 

 


Crónica a espaldas del cantante.

Por Dani Clemente

   Pando regresó a Zaragoza, tras diez años sin posar en uno de nuestros escenarios. 

    Fue en La Campana Underground el pasado 14 de septiembre, pero la historia comienza unos meses antes cuando David JPS Brown, como presidente del club de fans en la Península Ibérica, realiza una recogida de firmas para solicitar la actuación del londinense y entregárselas por vía webería. Yo también firmé y fue tarea ardua convencerle, pero no se pudo resistir cuando supo que Rafa Domínguez y Daniel Garuz se sumaban a la empresa. 

   Juntos como hermanos recibimos el beneplácito acompañado de los audios del repertorio que habíamos de estudiar.

   En la primera escucha, amén de disfrutar las exquisitas melodías de Pando, uno se deja llevar y mecer por sus propuestas ricas y variadas, y es cuando intentas reproducirlas el momento en que aprecias su complejidad. Los tres trabajamos duro para que en el primer ensayo del grupo al completo nuestro admirado compositor se sintiera cómodo.

    Se acercaba el gran día y la venta anticipada auguraba el lleno que se produjo, David tenía razón…

      A la silleta la reina vi llegar al guitarrista zurdo de las cinco cuerdas. Veo su cara y leo su pensamiento: “Vamos a noquearlos con todo el cariño del mundo”. 

    Mientras, nosotros tocamos tambores de intriga, todo ha empezado bien, hemos cogido bien el pulso. Tras sus guitarrazos de aviso pasamos a tocar un 12×8 saltarín y sincopado . En la parte b la batería escueta se abre a platos y caja sin bordón, admiro a Garuz, un guitarrista de manos seguras pero pequeñas que se convierte en bajista con su bajo mejicano de trastes más cortos, también a Rafa Domínguez que solea con la guitarra, disimulando a base de gusto y sonrisas, el dolor de sus vértebras. Vertebra los fraseos que yo persigo en nanosegundos con mis baquetas de barillas. Siento calma cuando tras la pieza se oye la primera ovación. Buen temple.

    Después de Pauline, country de ritmo ceativo, más ritmo creativo con Soggy lunches, una pieza fácil-difícil que disfruto especialmente.  Adquirimos más riesgos con un medio tempo nada sencillo de sujetar, Palpitations, vibro con el trío de voces de mis compañeros. Seguimos navegando a toda viola ausente con una pieza trepidante, Lumps, en la cual Pando titilea a gran velocidad impulsado por el timbre de bicicleta que Rafa usa para espolearnos, un buen gancho.

    Se siente la palpitación del público y ya hace rato que no hay preocupaciones, solamente mantener la concentración y disfrutar del fluir de las piezas. Jarra de cerveza vacía para marcar el blues, contar compases para no tropezar cada 2×4, la cosa crece y se caldea cuando llega el funkero Lips y un espontáneo Paco Lahiguera sugiere hacer más adelante, un concurso de baile… es un directo lleno de delicias..

    Algunas piezas más hasta llegar a Pigeon, la historia de una paloma frustrada por no poder acercarnos los ramos de olivo y polinizar las flores que el público va lanzando al escenario.

    Todavía saboreo otro poco de country a tres voces que me transporta a Patsy Clein, pero despierto obligado por la última pieza que nos ha traído Pando, Ai no corrida, una versión 103% funk 70,s que se prolonga durante quince minutos pues Lahiguera cumple su promesa y organiza el concurso de baile; cuarto y mitad participan, incluye premios y por supuesto se otorgan en un sonado tongo; pero todos encantados, efectivamente knockout general. Yo también caigo rendido ante las espaldas de mis compañeros, que amablemente me han ido regalando algún perfil, agradecido, recojo y subo a hacer puerting, pronto empiezo a soñar con un vaso de leche con madalenas…colosal colofón!

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