Espejo negro / Julio José Ordovás


Por Julio José Ordovás

   No puedo quitarme al inglés de la cabeza.

    Su cuerpo flotando en el Ebro, mordisqueado por los siluros y picoteado por las gaviotas. Se llevó una buena sorpresa el pescador de agua dulce que lo vio y avisó de inmediato a la policía. El inglés, o lo que quedaba de él, estaba lleno de hematomas y presentaba un altísimo nivel de alcohol en la sangre y un desgarro anal de campeonato. ¿Lo violaron antes de matarlo? ¿Disfrutó del polvo de su vida antes de acabar en el río?

   El Ebro tiene color de campo de golf, como siempre en primavera, y baja con fuerza después de las últimas tormentas. El cuerpo del inglés se quedó enganchado en las ramas inferiores de algunos árboles cubiertos por el agua. ¿Cuánto tiempo estuvo allí? Hace casi una semana que alertó de su desaparición la empresa para la que trabajaba, una multinacional con sede en Dublín que lo envió a Zaragoza con vistas a una remodelación de la planta que tiene en el polígono Empresarium de La Cartuja Baja.

   Por lo que he podido saber, el inglés tenía una familia adorable en Maidstone, la capital del condado de Kent. Por allí pasa el Medway. Bonito río, aunque no deja de ser una birria si lo comparamos con el Ebro. Hay gente rara que fantasea con su propia muerte. ¿Fantaseó alguna vez el inglés con una muerte como la que tuvo? ¿Había visto ‘Frenesí’, la película de Hitchcock, ese comienzo genial en el que el cuerpo desnudo de una mujer que flota en el Támesis interrumpe el discurso de un político que promete limpiar de venenos industriales las aguas de los ríos y canales ingleses?

  El Ebro no es nuestra calle Mayor. Es nuestro espejo negro. Refleja todo lo que no queremos ver cuando miramos a nuestro alrededor y cuando nos miramos por dentro.

Artículos relacionados :