
Por Manuel Medrano
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Bueno, en la variedad está el gusto.
Yo creo que en un panorama como el actual, cada vez más fragmentado, en realidad casi hay pocos. Lo del bipartidismo, desde luego, en España está acabado, y menos mal, porque solo dos partidos eran lo más próximo al monopolio, y esta nunca es una buena opción.
Sin ánimo de entrar en demasiada polémica, lo cierto es que he comentado en otras ocasiones que la tribalización es el fenómeno que está provocando la globalización, pues cada grupo humano tiende a reunirse para defender lo suyo económicamente, culturalmente, o religiosamente. Es decir, que tonto el último si no espabila y se cree que “todo el mundo es bueno”. Desde esta perspectiva, hay opciones todavía sin nacer o crecer, pues sectores afines aún no han creado sus instrumentos de acción política.
Los partidos políticos han nacido de una variedad de circunstancias y tenido varios orígenes: movimientos caciquiles, ligas obreras, internacionales políticas, sectores empresariales, sectores financieros (que no son lo mismo), movimientos sociales de variado espectro, y hasta universidades que han generado, en varias ocasiones y con cargo a los presupuestos académicos, movidas de este tipo. Por no hablar de las naciones que han fomentado partidos de su conveniencia en otras naciones para debilitarlas o supeditarlas, puesto que son su competencia o sus adversarias.
De todas formas, se consiga como se consiga, hay un elemento necesario para que un partido emerja: el dinero. Sin presupuesto no hay partido. Hay que estructurarlo, lanzarlo, mantenerlo, presentarlo a elecciones, etc. ¿Y la ideología? Pues no sé, pero sin financiación no hay nada que hacer.
Así las cosas, va uno y se lee los programas políticos principales. Y luego observa cómo se ejecutan desde el poder. Y, especialmente, se fija en lo que, de todo ello, le afecta personalmente. Y de ahí puede ya deducir si faltan o sobran partidos. ¿Tú qué piensas?








