Aragón es transversal / Alfredo Boné


Por Alfredo Boné Pueyo

    Cuando estaba en la universidad, en Madrid, se celebraron las primeras elecciones democráticas, allá por 1977, dos años más tarde, 1979 con la constitución…

…aprobada, se celebraron las segundas elecciones y primeras constitucionales. Yo no estaba muy sensibilizado con la política, pero sí con mi tierra a la que añoraba frecuentemente. No sabía a quién votar y finalmente me decidí por un partido que llevaba en sus siglas la palabra Aragón, y que provenía de la “Candidatura independiente Aragonesa de Centro” que se había presentado en 1977 sin obtener ningún escaño. En esas elecciones de 1979, el PAR obtuvo su primer representante: Hipólito Gómez de las Roces. Desconocía quién era Hipólito así como quienes lo promovían y cuál era su ideario político, pero el hecho de que llevasen la palabra Aragón me pareció suficiente para otorgarles mi voto. Me importaba poco la ideología que defendían, lo que me importaba era que peleaban por Aragón.

     Años después, ya en Zaragoza, me acabaron proponiendo ser Director General de Deportes y acepté con mucho gusto; acabé comprometiéndome con dichas siglas, me metí de lleno en política y estuve 29 años trabajando por mejorar la vida de los aragoneses y peleando contra el olvido y el abandono de las sucesivas administraciones centrales, viendo como premiaban a nuestros vecinos a derecha e izquierda por el simple hecho de que gritaban más y defendían con vehemencia su tierra y sus gentes. Conocí personalmente a Hipólito, un asturiano que como decía él, habiendo podido elegir, había optado por ser aragonés, sin dejar de ser asturiano y con el aprendí a amar y luchar por esta tierra nuestra.

     Analizando la historia, comprendí que Aragón había contribuido seriamente a conformar esta realidad que llamamos España y también era fácil observar que los poderes centrales, a lo largo del segundo tercio del siglo XX, habían hecho infraestructuras e inversiones en Aragón, para acabar llevándose algunos de sus frutos, como la energía y también lo intentaron con el agua, a otros territorios “más prósperos”. Lo triste, es que detrás de la energía se fue nuestra gente, que abandonaron su tierra para hacer más grande la de los vecinos y si hubiesen hecho el trasvase del Ebro, hoy en Aragón estaríamos la mitad; la otra mitad, se habría ido detrás del agua a los territorios donde ese “bien” generaría riqueza y puestos de trabajo.

      Esta es una parte interesante de la historia de Aragón: se han aprovechado sus recursos y de la baja conflictividad de sus gentes, para enriquecer a los vecinos, pero el efecto más grave, ha sido que nuestra tierra se ha despoblado, propiciando que en el 10% del territorio de España (47.697 Km2), solo vivamos el 3% de la población y de ese 3%, dos terceras partes vivimos en un pueblo que se llama Zaragoza, con lo que el resto, poco más de 650.000 habitantes de desperdigan por lo que podemos llamar el  “Aragón Rural”. Si descontamos los habitantes de las capitales de Huesca y Teruel (56.303+33.655= 89.958), nos da una cifra unos 560.000 h, que repartidos por el resto del territorio de Aragón (quitando las tres capitales de provincia: 1.538 km2), es decir, por 46.159Km2, nos da una densidad de población de 14 h/km2. Teruel, sin su capital, tiene una densidad de menos de 7h/km2.

     Si buscamos en internet “los territorios menos poblados de la Unión Europea”, nos sale: “Interior de España (Soria, Teruel, Cuenca): Muchas zonas del interior español tienen densidades inferiores a 10 hab/km2, comparable a zonas del círculo polar ártico.”

      Esta es la realidad, durante decenios, Aragón o ha sido tierra de paso o tierra de recursos con los que desarrollar regiones vecinas que actuaban como focos de atracción succionando recursos y lo que es más importante: su gente… si volvemos a Internet, veremos que a 1 de enero de 2026, más de 266.000 personas nacidas en Aragón residen fuera de la comunidad autónoma. De este total, la gran mayoría, alrededor de 212.969, viven en otras comunidades de España, con Cataluña y la Comunidad Valenciana como principales destinos. Buena parte de esos 266.000 aragoneses seguirían viviendo en Aragón si aquí hubiesen tenido trabajo y futuro. Las cosas están cambiando con la importancia de la logística, la transición energética y la posición geoestratégica de Aragón, pero el daño infringido durante decenios, ya está hecho…

     Es fácil despertar el sentimiento aragonesista con los datos en la mano, por eso, considero que Aragón es una realidad transversal, común a todos los que amamos esta tierra y a todos los partidos que trabajan en Aragón, no sé si por Aragón.

     Es indiferente la ideología política que se tenga, siempre que se respeten las leyes y la libertad de los demás, siempre que se sea solidario con los más débiles o los más desfavorecidos. Lo realmente importante es que unos y otros entendamos que Aragón merece más de lo que se le ha dado y que el impulso de unos territorios en detrimento de otros es una mala política.

     Por ello me resulta difícil entender que los partidos políticos en Aragón y especialmente los de orientación territorial, no comprendan que les unen más cosas que les separan. Desde sus diferentes y necesarias visiones políticas, deberían confluir en lo esencial: en que Aragón y la lucha por la calidad de vida de los que viven y trabajan en Aragón es lo primero importante y aquello que debería unirles. Pero parece que el problema no está en la “confrontación de las ideas” sino en “quienes confrontan”…

    Me identifico poco con algunas opciones políticas de nuestros días y con los políticos que las representan, pero en lo que sí estoy de acuerdo con ellos es en el amor por esta tierra y sus gentes. Si los políticos aragoneses coinciden en eso, ¿por qué no se afanan en alcanzar acuerdos desde sus diferentes visiones políticas, que mejoren la vida y las perspectivas de futuro de Aragón y de los aragoneses? Sencillamente, porque el problema no está en las ideas, sino en quienes las representan…

    Goya fue grande por muchas cosas, y no sólo por pintar bien, sino por expresar en sus cuadros los grandes defectos e injusticias de su tiempo. En su “Duelo a garrotazos” (c. 1820-1823) , Francisco de Goya simboliza la brutalidad de la lucha fratricida en la España de la época, especialmente el conflicto entre liberales y absolutistas y la violencia irracional humana.

    Parece que las cosas no han cambiado tanto después de 200 años y a la vista del devenir de nuestra sociedad y de la vida política, parece que se necesitarán algunos decenios más para llegar a la conclusión que dicta el sentido común. Como siempre, la clave está en la escuela…

     Hasta entonces, los partidos políticos aragoneses tienen un reto encomiable e irrenunciable, a ver si son capaces…

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