
Por Eugenio Mateo Otto
http://eugeniomateo.blogspot.com
Parafraseo con admiración este título que corresponde a una muy interesante exposición de arte…
…celebrada recientemente en París para ensoñar el describir de lo indescriptible: el hecho de la ausencia de la perspectiva. Es inapelable que conforme el humano envejece lo hace al compás del cambio de paradigmas, que, a su vez, surge del desgaste, de la erosión sistemática de lo que considerábamos certezas. Nos hemos criado bajo tantas que resultaba difícil distinguir cuánto tenían de eso todo lo que nos contaban. Al final, la sensación indefensa de que los paradigmas pueden ser sustituidos acompaña el devenir frente a viento y marea, y se deja de medir el tiempo como lo que es, un espacio que llenamos con nuestras vidas, para caer tropezando en la misma piedra: no darse cuenta de no ser también las saetas del reloj.
Teniendo en cuenta que todo puede ser interpretado, y que desde el mismo momento de nacer ya se envejece, el concepto de relevo no es sólo generacional, de lo que tanto se habla, sino que tiene tantas particulares que se puede aplicar de forma exponencial y consigue un cierto estremecimiento del alma del sujeto, activo o pasivo, no en todos los casos, claro, y mención aparte de aquellas situaciones en las que el relevado respira aliviado por el relevo. Se conocen historias muy variadas de lo que supusieron algunos relevos, como la de aquel chaval de ciudad veraneando en el pueblo de la abuela que fue invitado a jugar como portero en un partido de fútbol contra el pueblo de al lado, más por la baja de última hora entre los de casa, y a los cinco minutos el mismo equipo de casa perdía por 5 a 0, fruto del boquete en los tres palos a manos del neófito que no había parado un gol en su vida. Fue sustituido por alguien con pito y con mando y la afrenta que le concomió realmente fueron las burlas de las chavalas. Pocos se apiadaron de él y en venganza, jamás pisó un estadio de fútbol salvo para algún concierto estival. Esa sustitución, no por merecida, es cruel hacia el ego. ¿Cuántas sustituciones habremos vivido parecidas, no en las causas, sino en los modos?
Otra historia es la de aquel presidente bananero que, un mal día, fue sustituido en pleno debate electoral por su doble secreto, que era idéntico al preboste, debido a una indisposición repentina. Fue tanto el fervor popular ante la elocuencia del orador, que dentro del partido en el poder urdieron un golpe de estado interno y enviaron al hasta el entonces líder a una cárcel remota y se quedaron con el suplente, que les resultó más práctico para sus fines y nadie fue capaz de barruntar qué había detrás del cambio en el modo de decir las cosas. ¿Cuántas veces te has sentido suplantado por haber enseñado todo lo que sabías a otro que no lo merecía?
Hablábamos del relevo generacional como tema concurrente por ser ley de vida. El movimiento vital impele la necesidad del cambio. Renovar o morir. Evolución o atasco. Sin embargo, bajo estos presupuestos se impone la fluctuación de la economía de escala. Vale quien sirve, frase de vieja retórica Jonsista ampara la ley de la selva, metáfora de fácil comprensión, en la que el mérito está en función de la capacidad de servicio. El peligro de servir es que sean otros los que juzgan la capacidad porque, seguro, siempre querrán más. Nos encontramos con una juventud que acoge un relevo hipotecado por la implacabilidad de la economía de mercado. No está claro que el relevo en la sociedad vaya a salir bien, precisamente, porque se parte del supuesto de falta de memoria. El relevo es inapelable, tanto que llega, se quiera o no, pero conviene no olvidar que no vale quien sirve; vale quien sabe.
Esta otra historia cuenta de aquel maestro, que cumplida su jubilación estaba a la espera de su sustituto, en viaje ya hacia aquel apartado pueblo. Le pesaban los años y los recuerdos; guardaba en la memoria las generaciones de alumnos a los que había intentado traer luz. Cuando el relevo llegó, le temblaron las piernas. Saludó al nuevo maestro mientras le decía ˗˗ Consiga que le comprendan ˗ Después y a bordo de la carreta vio perderse la silueta de la escuela y se dio cuenta del viaje a ninguna parte que su libertad le permitía. ¿Cuántas ilusiones nuevas pueden surgir de un relevo para sentir que todo comienza de nuevo?
Hay personas que no quieren ser relevadas. Pretenden perpetuarse en la calma chicha de lo consabido como si les fuera la vida dejar el timón de su deriva imprescindible. Pertenecen a ese grupo que quiere morir de pie; voluntarios de afición por cualquier acción; cansados, en el fondo, de no cansarse hasta que la muerte los separe. No porfían en seguir por alteración de sus meninges, sino que lo hacen por sentirse bien. Morirán con las botas puestas, como los viejos héroes del 7º de caballería, dueños de su destino, al menos como referencia, y al final, saberse casi dueños de su vida. No deja de ser, digamos, una patología si se tiene en cuenta que nadie es imprescindible, pero pocos podrán dudar que demuestran ser inasequibles al desaliento. Sin embargo, soy de los que piensan que algo se esconde tras la postura de rechazar el relevo, clave para seguir con la maquinaria de la evolución.
La jubilación da para millones de historias de relevo en lo profesional. A todos los trabajadores toca, o tocará, pasar por esa puerta que supone cruzar al otro lado. No tener horarios y la disyuntiva de emplear bien el tiempo de descuento o malgastarlo con el dolce far niente detrás de una valla de cualquier obra. En cualquier caso, se haga lo que se haga, se imponen los condicionantes de la costumbre; de nada servirán los reclamos seudo eróticos de los gimnasios con cuerpos amasados por toda clase de utensilios y artilugios, si nunca soltaste al cuerpo para probar las rodillas. Te hartarás de placebos que prometen la eterna juventud. Te desencantarás con alevosía de tanto negocio que pretende subyugarte. Te harás piedra del muro de las lamentaciones al ser estafado por un chiringuito Trade. Serás el blanco del robo de una base de datos. Destino sin horario de llamadas de lejanas procedencias. Estadística en la Seguridad Social y en Hacienda, faltaría más. En definitiva, asalto estructural de las clases pasivas.
Se empiezan a conocer detalles de otro relevo con parto natural. No es otro que el que afecta a esta propia publicación Crisis. Cuando este escrito llegue a tus manos, es más que probable que esta situación se haya resuelto y un nuevo equipo director haya tomado el relevo de esta aventura que espoleó nuestros esfuerzos, tantos años ya, para hacer valer la Palabra. Es necesario acudir al reemplazo por nuevas ideas consagradas al mantenimiento de la personalidad editorial. El desgaste asoma entre las manos y una secreta ambición de poder cuidar este legado. No es fácil asumir el relevo voluntario, como no lo es enfrentarse al vacío que se presenta. Nacimos y seguimos como una esforzada revista de pensamiento crítico. El futuro es sólo una cosa más que ha de ser resuelta. El presente es acaso la prueba de estar intentándolo.
Cuando las referencias padecen de desgaste se hace primordial estar alerta para defender su legado y en guardia ante el cambio peligroso en las maneras de pensar, de ahí que preocupe el relevo que trae olor a rancio, el de proclamas que parecían enterradas o el del paso atrás, amalgama en convulsión que ignora la memoria y busca imponerse sobre las ideas. La erosión de las certezas sólo aporta el preámbulo de un relevo inapropiado.








