
Por Alfredo Boné Pueyo
Hay una vieja y triste historia.
Habla de dos sindicalistas americanos, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, fueron dos inmigrantes italianos y militantes anarquistas ejecutados en la silla eléctrica en Estados Unidos el 23 de agosto de 1927, tras un juicio polémico y sin pruebas sólidas por el asesinato de dos personas en 1920. Su caso se convirtió en un símbolo internacional de injusticia, reflejando el prejuicio antiinmigrante y anticomunista de la época, movilizando protestas mundiales y a figuras como Einstein y Freud.
Cincuenta años después de su muerte, fueron declarados inocentes por el gobernador de Massachusetts, pero Nicola y Bart nunca lo supieron…
Cuando yo estaba en la universidad vi la película de su historia, con una estupenda banda sonora de Ennio Morricone, donde Joan Baez canta magistralmente la canción principal “Here´s to You” (“Esto es por ustedes”). Pensé que lo bueno de esta historia sería que serviría para que no se volvieran a repetir tan lamentables errores, pero se siguen repitiendo con mayor o menor gravedad, cada día y en cada país.
La sociedad de nuestros tiempos, además de ser una sociedad que ignora el valor de los “valores” se caracteriza por el culto a la ignorancia y a la incompetencia.
El Estado de Derecho “surgió a finales del siglo XVIII y principios del XIX como reacción al absolutismo, impulsado por el liberalismo y la burguesía para limitar el poder estatal mediante leyes iguales para todos”. El Estado de Derecho es un gran logro de las sociedades modernas. Además de las ideas, requiere unos poderes institucionales que lo garanticen y que lo hagan posible, pero asistimos muy a menudo a actuaciones de dichos poderes institucionales y de algunos elementos básicos del estado de derecho, que carentes de rigurosidad y de profesionalidad, acaban perjudicando a ciudadanos desprotegidos que una vez heridos en su honor y en su dignidad, no disponen de instrumentos eficaces para defenderse y para exigir que se castigue a quienes con su incompetencia, han causado daños irreparables en el honor y la imagen de algunas personas.
El “calumnia que algo queda” parece ser un “principio” por el que se rigen algunos personajes de la vida pública y privada, sin que esto les suponga ningún costo, cuando se han equivocado o simplemente han ejercido su actividad desde la ignorancia, la incompetencia o la “mala fe”. Aunque yo me inclino por lo primero, la ignorancia o la incompetencia, que suelen ir bastante unidas; porque para tener mala fe, hace falta un mínimo de inteligencia, y ése es un valor muy escaso.
Vivimos en un mundo cada vez más confuso y desconcertante donde casi 80 millones de personas, votaron a un lunático que aspiraba al Premio Nobel de la Paz y está sembrando de guerras el planeta, sin que como cantaba Silvio Rodriguez, “venga un animal de galaxias y con su cañón de futuro, vaya matando canallas…”; un mundo donde millones de personas tienen que huir de sus países para salvar sus vidas; con dirigentes públicos que dicen cosas que hace unos años considerábamos inconcebibles y con algunos “servidores públicos” que no son ni lo uno ni lo otro.
Pero yo sigo teniendo confianza en esta sociedad, mientras haya personas como Joe Kent que le ha presentado su dimisión al Sr. Tramp; mientras haya hombres, mujeres y organizaciones que se ocupen de los más débiles y abogados que nos defiendan de las injusticias y los agravios, esta sociedad tiene futuro y el Estado de Derecho también.
Pero hay que reconocer que una sociedad que cultiva los “valores” de, la ignorancia, la incompetencia o la mala fe, tiene un horizonte comprometido. Como dicen en mi tierra, “cada vez será peor”. A mí, sólo me queda la esperanza de que podamos, a través de la escuela y la educación familiar, inculcar esos valores que algunos tanto echamos en falta: la honradez, el valor de la palabra dada, el culto a la verdad, el desprecio a la mentira, la rigurosidad, la competencia, el interés por el conocimiento y la cultura, el cultivo de nuestra libertad sabiendo que termina donde empieza la libertad de los demás, la solidaridad, y el apoyo a las personas más necesitadas, así como otros muchos valores que han hecho de esta sociedad un ejemplo de convivencia.
Confío poco en la educación no formal, la que proporcionamos a nuestros hijos en el ámbito familiar. Quien ha crecido con los valores mencionados, los transmitirá en su entorno familiar y quien hace de la incompetencia y la falta de rigurosidad sus bandera de trabajo cotidianas, transmitirá incompetencia y falta de rigor. Así que los maestros y maestras tienen una tarea difícil por delante, eso sí, apasionante.
Entretanto, ¿Quién reparará los daños causados?, ¿Quién restituirá la dignidad de los ofendidos?, sencillamente nadie, porque nuestro sistema tiene deficiencias estructurales que no lo permiten. “Calumnia que algo queda”… y es verdad, algo queda. Al “defensor de los ofendidos”, ni está ni se le espera… Tristemente, esperemos que no sólo nos quede el estribillo de la canción de Joan Baez: … Esto es por ustedes, Nicola y Bart, descansen por siempre en nuestros corazones. El último y final momento es suyo, esa agonía es su triunfo…
Espero que las instituciones, la clase política y los responsables sociales reflexionen sobre estos temas y emprendan las reformas necesarias, para evitar que la sociedad siga involucionando hacia el absurdo.
Aunque confío poco, porque como decía más arriba sólo la mala fe requiere una cierta Inteligencia y muchas de las acciones que hacen daño, injustamente, a los ciudadanos, no están hechas con mala fe, están hechas bajo la sombra de la incompetencia… a buen entendedor…
Quiero dedicar este artículo a “aquellos que siempre están ahí”, aquellos que no solo te llaman cuando las cosas van bien, aquellos que frente a las noticias falsas siguen creyendo en ti, vaya por ellos, que sigan existiendo y que cada vez sean más…








