La cultura intensiva y la cultura extensiva. Reivindicar la lentitud / Estebon Villarrocha


Por Esteban Villarrocha

    En este tiempo convulso y acelerado, donde parece se ha perdido la lentitud, he aprendido a vivir en la incertidumbre, a navegar entre sorpresas…

…y sobresaltos y deambular con desasosiego y el desencanto, veo trascurrir los acontecimientos perplejo, pero como estamos en movimiento incesante no me paro a pensar en la necesaria tarea de tratar de ir cambiando constantemente las preguntas, con la sana intención de obtener respuestas que nos aclaren y no enturbien el futuro. Pero nada, no encuentro discurso sólido que descifre esta incertidumbre que nos rodea, al reflexionar sobre la cultura hoy nos duele el alma.  En mi modesta opinión, hace falta lentitud. Análisis y tiempo.

     Estos días reflexionando sobre el devenir de la cultura, he oído y leído discursos dispares pero parejos, altisonantes y estridentes unos, claros y sensatos otros, disparatados e insulsos, uno que me ha llamado la atención es la denominación de cultura intensiva y cultura extensiva que hacía un artista poniendo el símil en las formas de explotación ganadera. Quizás sea este símil el que mejor encaja con lo que está pasando hoy en el mundo cultural, se apuesta por una cultura extensiva de grandes eventos, los artífices de esta cultura extensiva están  preocupados más por el impacto económica del evento que por la creación de hábitos culturales con solidas raíces, no se apuesta por sembrar con semillas fuertes y en pequeños huertos para cultivar buenos frutos creando buenos ciudadanos críticos y ávidos de conocimientos, se apuesta por la multitud, la masa amontonada en los recintos, todo a lo grande, sin contenidos, se ahonda en el error de considerar la cultura como un sector económico sostenible. La cultura extensiva se impone a la cultura intensiva acabando con la creación y la innovación que no atrae a la masa, grandes conciertos convertidos en viajes turísticos de recreo frente al placer de oír música lenta y plácidamente en un local acondicionado y cuidado.

    Sigo apostando por la cultura intensiva que reconozco me convierte en una rara avis, pero me aligera del peso absurdo que genera este momento que nos ha tocada vivir. Este escrito pretende ser una llamada de atención para reivindicar la lentitud, como proceso placentero para disfrutar y vivir con y para la cultura.

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