Visitamos la tumba de Machado en Collioure

VACACIONES-2014
Fotos: Antonio Mena Burillo

     Nuestros amigos Isabel Blanco, Ricardo Baltanás y Antonio Mena realizaron un viaje a Collioure para visitar la tumba de Antonio Machado y de allí nos trajeron este pequeño reportaje para todos nuestros lectores.

     El recuerdo al poeta Antonio Machado tiene en la tumba donde reposa desde hace 75 años en Collioure un punto clave de peregrinación, en el que los más de 4.500 mensajes y dedicatorias dejados al autor de «Soledades» cobraran protagonismo con la apertura del archivo que los recopila.

    La sepultura que comparte con su madre, Ana Ruiz, en esa pequeña localidad mediterránea del sureste francés, ha recibido en estas décadas «todo lo que te puedas imaginar», explica a Efe Guadalupe Adámez, integrante del equipo científico de la Fundación Antonio Machado (FAM).

    Agradecimientos, peticiones de salud, de amor o de suerte en los estudios, trabajos escolares o académicos, poemas de Machado u obra propia de los visitantes, junto a testimonios de exiliados o de sus descendientes, engrosan esa larga lista.

   El Ayuntamiento local instaló en los años ochenta un buzón junto a la lápida para que esa correspondencia no se perdiera, y desde mañana una de las salas de la Fundación, como paso previo a su ubicación definitiva, dejará constancia de cara al público de la veneración que el poeta sigue despertando.

Llegó en 1939

   Machado llegó a Collioure el 29 de enero de 1939, siguiendo la corriente de exiliados ante el empuje de las tropas nacionales, y en el mes escaso que pasó en esa localidad, ya castigado por la neumonía, apenas salió de su refugio.

    Del único día en que se permitió pasear, según recuerda Adámez, se cree que procede la escritura de los que serían sus últimos versos, «Estos días azules y este sol de la infancia», que se encontraron manuscritos en un bolsillo de su viejo gabán.

   Cuando se instaló en Collioure, a los 64 años de edad, enfermo y exhausto tras el viaje, pero poeta consagrado, encontró refugio en el hotel de la familia Quintana, en una de cuyas habitaciones murió hoy hace 75 años, seguido por su madre tres días después.

   Su féretro, cubierto por la bandera republicana, fue enterrado en el panteón de unos amigos de los Quintana, que prestaron el nicho para la ocasión, y no encontró tumba propia, esa que se mantiene todavía ahora como una especie de memorial del éxodo, hasta finales de los cincuenta.

   El documento más antiguo de los que dispone el fondo data de 1975, y Adámez confía en que «no tenga fin» esa tradición, fomentada por visitantes anónimos y conocidos, en persona o a través del correo postal.

 Fuente: http://www.diariosur.es/20140222/mas-actualidad/cultura/recuerdo-antonio-machado-sigue-201402221916.html

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