Noviembre: Un 40% de los enfermos de Alzheimer está sin diagnosticar: ¿Soy uno de ellos?

Por Jorge Moreno

Si se te olvida apagar el gas varias veces a la semana, tienes a menudo las palabras en la punta de la lengua o te quedas en blanco cuando vas a la tienda sin saber que comprar y estos fallos de memoria se repiten en el tiempo, podrías pertenecer al 40% de los españoles que tiene Alzheimer y no está diagnosticado.

¿Por qué hay un porcentaje tan alto de personas que pueden tener la enfermedad y no lo saben?. Se debe a que “le damos poca importancia a esos síntomas ya que se los achacamos a la edad”, ha explicado a Efe la neuropsicóloga Gema Mejuto, quien ha advertido de que “cuando las pérdidas de memoria son recurrentes algo falla”.

Es verdad que el envejecimiento lleva aparejado cambios en los procesos de memoria. “Puede ser normal olvidar donde se han puesto las llaves pero bajar a la calle para ir a la tienda y, de repente, quedarte en blanco y no saber qué comprar, eso ya es un síntoma”, ha señalado María Gracia Carpena, terapeuta ocupacional del Centro de Cuidados Laguna y profesora de la Universidad de La Salle.

También pueden ser una señal de alarma los cambios en el comportamiento. Personas que han sido cariñosas y estables y de repente se vuelven inestables y un poco agresivas, tienen frecuentes rabietas o no son capaces de resolver los problemas “y se ahogan en un vaso de agua”.

Muchas veces la persona tiene fallos pero ella misma no se da cuenta; solo lo perciben los que están a su alrededor. Cuando los problemas de memoria dificultan las actividades cotidianas y llevan ocurriendo alrededor de un año “ya es preocupante”, ha advertido la doctora Mejuto.

Es en este punto en el que se debe empezar a actuar porque el paciente se encuentra en una fase anterior al desarrollo de la enfermedad y padece lo que se denomina deterioro cognitivo leve. La neuropsicóloga ha señalado que, según los últimos estudios en España, el 30% de los enfermos de Alzheimer están en fase leve y necesitan estimulación.

El objetivo es mantener las funciones cognitivas que el paciente tiene en ese momento. La doctora Mejuto ha insistido en la importancia de realizar estimulación cognitiva, ya que muestra un cambio positivo en el potencial de aprendizaje.

Según estudios del British Journal of Psysiatria, el 95% de las personas que necesitan este tipo de estimulación y la reciben mejora. Si se interviene en las primeras fases de la enfermedad, además de ralentizarla y retrasar el deterioro, se consigue que los pacientes se mantengan independientes más tiempo en sus actividades cotidianas.

Por un lado, se trabaja en la memoria, la coordinación o la orientación mediante programas de software informático, pero también se hace con ellos trabajo de mesa, de lápiz y papel, ha explicado Carpena.

Actividades de grupo tales como organizar una merienda, desde hacer la compra hasta preparar la comida, también son efectivas, ya que no solo se incide en la memoria sino también en la planificación o en la forma de manejar el dinero.

La terapeuta ha recordado que se trata de una enfermedad degenerativa y progresiva y “hoy por hoy” no se puede curar, pero sí se puede intervenir para retrasar el deterioro e incluso para que encuentren estrategias que les permitan seguir haciendo las actividades de la vida diaria.

“Esto es importante sobre todo de cara a los familiares, que son las personas que van a cuidar de ellos y que se ven de repente agobiadas”, ha destacado la psicoterapeuta.

Cuando la enfermedad está ya muy avanzada, se realizan otro tipo de terapias más específicas que implican un trabajo individualizado. Es en este momento es cuando se utiliza, por ejemplo, la musicoterapia o la reminiscencia, que consiste en intentar llegar a la memoria del paciente a través de algo que le haga recordar su pasado lejano, por ejemplo, un olor que le pueda evocar su infancia.

“El paciente no pierde el disco duro de la memoria; por ello se puede tratar de buscar que mantenga su identidad, que trate de reconocerse”, ha explicado Carpena. Pero la pregunta del millón sigue siendo si se puede prevenir el Alzheimer o, al menos, retrasar su aparición.

La doctora Mejuto ha incidido en la importancia de la actividad física, ya que ayuda a las conexiones entre neuronas. “Cuantas más conexiones neuronales hayas hecho a lo largo de tu vida mejor preparado tienes el cerebro”, ha dicho. También la nutrición es importante (pescado azul, verduras, frutas, chocolate puro, aceite de oliva…etc), así como estimular la memoria a lo largo de toda la vida, por ejemplo, leyendo o haciendo sudokus.

La estabilidad emocional, evitar el estrés, la meditación, las relaciones sociales y familiares te aseguran una mejor vejez. “Se ha demostrado que la reserva cognitiva (todo el conocimiento que se acumula a lo largo de la vida) sirve para mantener mejor calidad de vida y una autonomía mayor”, ha resaltado Mejuto.

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