Berlin de opera a opereta (III)


Fruto de una reciente estancia en Berlin, el pintor y viajero Ruben Enciso, nos entrega la tercera y ultima parte de su extraordinario reportaje: “Berlin, de opera a opereta”

8 El alma cicatriza unas veces bien y otras mal.

   Aquí en Berlín todavía se ven las cicatrices de la guerra que la mayoría de alemanes promovieron apoyando a la bestia negra. Por ella un montón de personas decentes y cultas tuvieron que emigrar.

   Después de la guerra otros nazis se fueron a la Argentina o a las playas fascistas españolas. También después alguno, llegó a presidente de la RFA o jefecillo en la RDA aunque estos fueron muy radicales con los camisas negras, y ahora pretenden echárselo en cara.

   Hubo incluso un nazi que fue premiado como presidente de Austria y Secretario General de la ONU, Kurtz Waldeim. Ah, y dos presidentes del COI: Avelange y Samaranch. Un chiste macabro norteamericano.

   Este no es norteamericano. Se cuenta que en tiempos de los nazis cuando la represión se hizo muy dura, un muy joven soldado nazi armado perseguía a otro joven por las calles de Berlín, porque le suponía un espía.

   El nazi lo arrincona en un callejón dispuesto a matarlo, el joven se arrodilla ante el nazi y reza: “¡Dios mío! ¡Dios mío! No puedes dejar que me mate porque yo soy un católico polaco”.

   De pronto se aparece Dios y le dice al nazi: “¡No lo mates!”

   El nazi pregunta: “¿Por qué?”

   Dios dice: “Porque este joven algún día será Papa”

“¿Y Yo? ¿Y yo?” Pregunta el joven nazi.

“¡Tú también, pero después!”

  En Berlín sabe a nuevo.

   A pesar de los nazis ambiciosos el drama de la humillación, masacre y aniquilación del ser humano, de la guerra se han sacado efectos regeneradores y todos volvemos a creer en la condición humana gracias a pensadores como el artista alemán Joseph Beuys.

   Fue piloto en la guerra y el caza que llevaba fue derribado en Crimea. Se salvó porque unos campesinos lo rescataron y acogieron en el duro invierno.

   Le curaron las heridas y lo mantuvieron caliente con el cuerpo envuelto en grasa y una manta de fieltro. Supongo que lo lavarían con jabón de tajo porque esto explicará varias técnicas utilizadas en su obra.

   Como un jesucristo alemán toda su obra gira sobre la desaparición del hombre y lo rastrea filosóficamente a través de sus huellas, las suyas propias.

   Él es el médico, botánico y alquimista que sutura las heridas del alma del pueblo alemán, y regenera con plantaciones de árboles los solares arrasados en la guerra.

    Participantes del gran pecado por acción, pues la Iglesia Evangélica abrazó el nazismo, o por omisión de la Iglesia Católica, a los alemanes les salva el dinero pagado solo a los judíos. O más bien la catarsis junto a Beuys poeta sacerdote.Sus obras de fieltro, jabón o de apropiación de objetos y basaltos, junto con sus performances en vídeos; están pidiendo a gritos otro espacio más litúrgico.

   Serio como nadie, es graciosa la performance en la que está frotando un televisor con una morcilla grasienta. Para él lo más difícil fue llevar el cuerpo alemán hacia la catarsis y lo manifiesta en su obra ¿Cómo explicar el arte a una liebre muerta?

   Beuys entre Foucault y Wittgenstein tiene una de sus iglesias en el Hamburguer Banhof Museum, para que todos acudan a redimirse. En él termina la apropiación en el arte y la asignación de significados a objetos cotidianos que empezó en la gran guerra. Lo confirma la obra de su alumno Anselm Kieffer. A mí que me registren.






9 El otro Partenón.

    Con el romanticismo de Goethe, Schiller y otros viajeros, se despierta en este país el amor por las culturas clásicas griega y romana. También por el expolio de antigüedades. Pero mira, como que saben a poco, está todo destrozado y viejo.

   Los alemanes vamos a enseñar al mundo como se construye un edificio griego nuevo.

   Los emperadores Guillermos y Federicos llaman a Shinkel o a otros arquitectos y llenan la marca de Brandenburgo de templos griegos. Para una iglesia o un palacio, una sinfónica o un banco. En el S. XIX todo edificio ha de ser griego o en su defecto gótico con algo de románico.

   La catedral de Postdam de Shinkel reducida en la guerra a polvo de talco, se levanta blanca y a estrenar otra vez. Griega o romana, yo qué sé. Si quieres hacer un Partenón hay que saber entender a los griegos, pero nunca copiarlos.

    ¡Ah! La mentalidad pequeño burguesa de los reyes, nobles, alta burguesía y pequeño burgueses. Si los griegos quisieran, el Partenón auténtico lo dejarían nuevo para estrenar llave en mano.

    La arquitectura en Berlín debía ser inaguantable antes de la guerra. Los emperadores querían como en todas partes edificios confortables y muy simbólicos de su poder, o no confortables pero muy, muy simbólicos. El resultado fue el de la bandeja de pollo en un hotel de balneario.

    Edificios chafados por unas cúpulas romanas desmesuradas para que todo el mundo sepa quién manda.

   Sí, ya sabemos que la nieve y el clima mandan en arquitectura y como Shinkel sabía medir salió bien librado.

   En Rusia el simbolismo y la representación del poder en un edificio, lo resolvieron con unas agujas de setenta metros de envergadura, pero que piadosamente funcionaban mejor como testigos para los perdidos en el mar de hielo. Debe ser por eso que las chicas de San Peterburgo son tan altas, blancas y doradas.

La Neue Nationalgalerie.

   ¡oh, la función! a la mierda el poder, se dijeron los fundadores de la bauhaus (construcción de la casa) y eliminaron las mayúsculas.

   El gobierno de la RFA, queriendo recuperar a los exilados, encarga a Mies van der Rohe que construya algo. Lo que sea, por favor.

   Escocido y sin volver a su tierra, a regañadientes les regala su idea más abstracta y transparente que queda como testamento, la Nueva Galería Nacional. El edificio es entendido como una caja vacía y luminosa para que los usuarios la ocupen como quieran.

   En el Asno de oro, Apuleyo describe una casa domótica de paredes invisibles como escenario del amor entre Eros y Psique. Y mientras yacen, afuera los leones ronronean como gatitos.

La sección áurea democrática.

    La Nueva Galería Nacional tiene dos niveles y uno de ellos bajo la cota cero. Desde afuera se percibe una gran pastilla horizontal pegada al terreno, y cuyo techo se apoya en ocho pilares centrados en los lados dejando el interior exento.

    Básicamente todas las superficies parten del cuadrado, ya sean planta, cerramiento o hueco. Cuadrados modulados y articulados por el rectángulo áureo de Euclides. Es la relación armónica entre dos magnitudes. ? = 1+?5:2

    Para hacer un Partenón, necesitas saber de la técnica constructiva con perfiles para medir y ensamblarlos bien. Para ello también debes saber ergonomía ciencia iniciada por la bauhaus, para empezar a ser democrático.

   La industria debe servirte los materiales al tamaño que decidas aunque no los sepa fabricar. Sobre todo debes controlar los encuentros de superficies y de materiales en cada uno de los detalles.

     Ergonomía, ciencia que trata de las formas adaptadas a las proporciones del ser humano. El ser humano de Alemania es más grande que el latino y sale una sección áurea más generosa en el norte que en el sur. Claro, entonces este edificio no sería un Partenón. Sin embargo, Mies dijo que “Un buen edificio será, cuando los dos primeros ladrillos queden perfectamente ensamblados”. Aquí se detectan sección áurea y ergonomía. Pero también binomios como materia y densidad, espacio interno y externo, individuo y sociedad.







10 El color de la arquitectura.

    La piedra de los edificios de Berlín es de arenisca dorada. De nueva es muy luminosa y al banco DZ lo hace clásico y cercano.

   En los edificios de la ciudad podemos rastrear como los arquitectos tratan el color desde los edificios históricos en los que se combina piedra y ladrillo de distinto color, a los modernos que añaden paños pintados, en línea con la vanguardia pictórica.

   La bauhaus defendió que la forma debe tener el color natural del material con que está hecha, y Mies van der Rohe cuando quiso hacer un pabellón buscó bien lejos mármol verde como un arquitecto bizantino.

   Si era una silla buscó cinchas grises utilizadas en aviación. Y cuando se propuso hacer una mesa, en el tablero utilizó una caoba amarilla y negra en vetas de cebra traída del ensangrentado Congo Belga. Se llama Cebrano.

   Sí, en la arquitectura espectáculo también se invierte gran cantidad de dinero por el color. Efectos de transparencia y opacidad, color reflejado o proyectado al exterior por medio de neones o pantallas gigantescas, modifican el aspecto del edificio de forma temporal y aleatoria. Y por su potencia modifican artificialmente también el color del entorno. El edificio desaparece entre la luz, pero cuando el espectáculo y la clientela desaparecen, no aparece el edificio. Más bien es el esqueleto de una ráfaga de sensaciones comerciales. En el Sony Center hay un buen ejemplo

    Con respecto al tratamiento de un edificio con el color, Rem Koolas en la Embajada de Holanda no es antiguo o moderno sino todo lo contrario. Se centra en el lugar, cierra el edificio en gris, lo vela con chapa perforada y lo dinamiza creando un diálogo desde los ventanales hacia adentro y hacia afuera. Un edificio con superficies tan neutras acota en los ventanales un juego estético cambiante, que la propia naturaleza aporta gratuitamente. Otro zorro al que han atado bien y sale ganando la arquitectura.





 





11 La ciudad de los cirujanos.

   Una señora en un viaje a Berlín compró instrumentos de cirugía en un mercadillo porque le parecían esculturas de acero con un impecable acabado mate. Beuys y Kieffer han intentado suturar el alma, pero es más sencillo reconstruir ciudad.

   Sin embargo la reconstrucción de Berlín se ha hecho con metodología quirúrgica muy compleja, y por el resultado tan asombroso se podría decir que hasta milagrosa, milagros que solo hace el dinero y la inteligencia unidos. Se han levantado nuevos edificios sencillos o lujosos sobre el urbanismo antiguo pero siempre sólidos.

   Allí donde quedara un resto que funcionara se ha conservado, tanto si era una pared como una moldura. Y si los restos tenían un algo de vida se han reconstruido recuperando la memoria solo lo necesario para dotar las partes sanas de funcionalidad. Posteriormente se aplica la cirugía estética lo justo para devolver el sentido unitario al cuerpo afectado.

   Afortunadamente para Berlín ninguna cirugía puede borrar las huellas completamente y es por ello que se convierte en una lección de historia.

   También en la ciudad se utiliza metodología de arqueólogo. En el Neue Museum, David Chipperfield un tercio arqueólogo, otro cirujano y otro arquitecto, ha resucitado a un muerto llegando a manipular su ADN con un resultado digno del Dr. Frankenstein. Reconstruye una cúpula sobre planta cuadrada sin pechinas. Como se hicieron en construcciones primitivas alabea las esquinas del cubo hasta alcanzar la esfericidad. Con el ladrillo visto consigue una superficie verdadera de terciopelo.

   Sí. La actual Berlín millonaria, fascinante, culta, evocadora de sus dramas y de la culpa maquillada, aparece como el monstruo de Frankenstein, con la misma cara ingenua y tierna después de tirar a la niña al río.

   Sus habitantes son encantadores. Los otros huyeron, aunque están empezando a volver.



 


 





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