No lo explique, censúrelo / Guillermo Fatás


Por Guillermo Fatás
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza 

Asesor editorial del Heraldo de Aragón
(Publicado en Heraldo de Aragón) 

    La gran mayoría de las obras importantes escritas en la historia son para lectores adultos. A ciertas edades no pueden ser comprendidas…

…y ‘adaptarlas’ a la mentalidad infantil es adulterarlas. Pueden explicarse, que no es lo mismo que reescribirlas y falsificarlas.

  Nuestra época exacerba lo ‘políticamente correcto’. Se llega a borrar la palabra ‘nigger’ en una novela de Mark Twain. Quienes lo hacen ¿editarían el Evangelio eliminando la invectiva de Jesús contra la Jerusalén que mata a los profetas, o los apóstrofes en los que llama sepulcros blanqueados y generación de víboras a los peritos en la Ley? El Corán rebosa de dicterios contra judíos y cristianos, a los que se alude con perífrasis y a quienes se anuncia destierro, muerte y crucifixión por oponerse a la revelación islámica. ¿Sería el Evangelio o el Corán editado sin tales improperios? ¿No es necio suprimirlos en lugar de explicarlos?

    El Quijote alude con sarcasmo despectivo a Dulcinea, nombre embellecido para disimular la rusticidad de una mujer que tiene la mejor mano para salar puercos de toda la Mancha; si el lector conoce que en el Toboso había mucho morisco, aprecia cómo la manipulación del cerdo multiplica su causticidad. Pero si se mutila la frase hiriente ¿se puede seguir llamando ‘Quijote’ el resultado?

   ¿Habrá que censurar también lo oscuro, puesto que no es asequible con facilidad? ¿Qué entenderá el ignorante –la persona muy joven lo es casi por fuerza– de esta parrafada del prólogo quijotesco, donde se dicen que “…los libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijo nada San Basilio, ni alcanzó Cicerón; ni caen debajo de la cuenta de sus fabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las observaciones de la astrología; ni le son de importancia las medidas geométricas, ni la confutación de los argumentos de quien se sirve la retórica”? ¿Habrá que cortarlo porque no lo entienda?

    Una editorial holandesa especializada en literatura para jóvenes ha editado la ‘Commedia’ de Dante Alighieri y ha suprimido a Mahoma en el ‘Inferno’ (Canto XXVIII). Dante lo puso, y ya muy cerca del fondo, considerando no que fundase otra religión, sino que era un cristiano cismático. Ahora resulta que eso, escrito hacia 1300, se censura para que no se moleste no se sabe bien quién.

¿Para qué explicar las cosas?

    En la ‘capella dei Bolognini’, de la catedral boloñesa de san Petronio, hay un fresco enorme, de Juan de Módena, que representa el Cielo y el Infierno dantescos. La visita es apta para todos los públicos. Si los boloñeses fueran tan necios como esos editores holandeses, borrarían la figura de Mahoma que allí se ve, tumbado y acosado por un diablo, al igual que muchos otros personajes, cristianos y judíos, incluidos varios papas.

   Estos editores apocados destruirían la Tol’dot Yeshu, obra judía del Medievo (accesible en internet) cuyo tema único es que Jesús fue un hijo bastardo, un embaucador que murió colgado por hechicería de un algarrobo. Y suprimirían el Talmud (Gittim 56b-57a), donde sufre eternamente hirviendo en un caldero de excrementos . Prefieren censurar que no explicar al joven lector por qué se escribieron esas cosas.

    Los censores de Dante toman a sus lectores por imbéciles, por débiles mentales, y los ofenden dos veces, porque este año se conmemoran los siete siglos de la muerte de Dante. Esta censura cobardona es, a lo que se ve, su manera de honrar al genio florentino. La censura, preferida a la explicación de los porqués, ha sido razonada por los jefes de esa firma: han suprimido la presencia de Mahoma en el ‘Inferno’ “para evitar que el libro sea innecesariamente hiriente”. Prefieren herir a Dante y a su poema gigante.

   Sin embargo, este respeto por el islamismo –no digo el islam– no lo han padecido los editores ni con la Iglesia católica ni con el movimiento LGTBI, puesto que papas y homosexuales se han librado del expurgo y siguen donde los puso Dante: en su ’Inferno’.

   Cuando a alguno de los lectores de esa obra mutilada se le pregunte en el futuro si la ‘Commedia’ (así se llamó: lo de ‘Divina’ es un añadido) se refiere al islam, a Mahoma y a su yerno y sucesor Alí, la respuesta del interpelado será negativa. “Yo la he leído y no están”. Habrá sido engañado.

   Dante ‘vio’ a Mahoma “sajado de ingle a barbilla”. Sus tripas colgaban y se le veían el hígado y los riñones. “El estómago oscilaba como un saco entre los rotos genitales y el corazón colgaba en los jirones de lo que fuera pulmón”. Pena impuesta por “dividir a las almas, por sembrar la discordia y encarnizar los ánimos”.

   Aldonza Lorenzo –Dulcinea– salaba carne de cerdo. El Jesús del Talmud se cuece en excrementos. En el ‘Huckleberry Finn’ hay negratas. Y en la Divina Comedia, Mahoma es un condenado.

   Ejercer esa estúpida censura solo sirve para embrutecer.

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