Alfredo Saldaña publica el ensayo “La práctica de la teoría: elementos para una crítica de la cultura”

 

Por José Antonio Conejo

Este ensayo explora un espacio que airea las potencialidades rebeldes de la cultura para agrietar los cimientos sobre los que se asientan los imaginarios sociales.

Frente a un mundo cada día más uniforme y aplanado, es urgente una acción política que reivindique el poder transformador de la palabra y ponga en contacto a los que son obligados a callar y a los que no se les permite escribir con quienes no tienen oportunidad de escuchar o leer. 

Reseña del libro La práctica de la teoría: elementos para una crítica de la cultura contemporánea (Santiago de Chile, RIL editores, 2018), de Alfredo Saldaña.

El nuevo ensayo de Alfredo Saldaña es, antes que nada, una reivindicación de la utilidad (más aún: la necesidad) de la teoría, que el autor concibe como una herramienta que no solo sirve para interpretar el mundo, sino también (acaso sobre todo) para transformarlo. El autor nos propone un recorrido por la cultura contemporánea a hombros de un nutrido plantel de pensadores (de Adorno a Žižek pasando por Bourdieu, Habermas, Jameson o Said), deteniéndose cada tanto para señalarnos diferentes alternativas al “sistema monológico” mediante el que los poderosos aspiran a someternos. De esta forma, al hilo de un discurso que no avanza en línea recta, sino que abunda en meandros, digresiones, desvíos y retornos, el libro nos invita a reflexionar sobre una notable variedad de asuntos, desde el empobrecimiento de la literatura hasta el nuevo escenario geopolítico.

 

Alfredo Saldaña, La práctica de la teoría: elementos para una crítica de la cultura contemporánea,

Por Miguel Alonso Lavandero

Santiago de Chile, RIL editores, 2018, 300 págs.

 

Esta reseña está sujeta a una licencia “Creative Commons Reconocimiento-No Comercial” (CC-BY-NC). DOI: https://doi.org/10.24197/cel.10.2019.XX-XXIV El segundo de los epígrafes con que se abre La práctica de la teoría resume tan perfectamente el contenido del libro que, si tiene usted algo de prisa en este momento, puede abandonar la lectura de esta reseña a partir del siguiente párrafo con la certeza de haberse enterado de todo cuanto verdaderamente necesitaba saber.

 

La cita en cuestión es un extracto de “La función social de la filosofía”, de Max Horkheimer, y dice así: Nuestra misión actual es […] asegurar que en el futuro no vuelva a perderse la capacidad para la teoría y para la acción que nace de esta […]. Debemos luchar para que la humanidad no quede desmoralizada para siempre por los terribles acontecimientos del presente, para que la fe en un futuro feliz de la sociedad, en un futuro de paz y digno del hombre, no desaparezca de la tierra. Efectivamente, el nuevo ensayo de Alfredo Saldaña (publicado en noviembre del año pasado por la editorial chilena RIL) es, antes que nada, una reivindicación de la utilidad (más aún: la necesidad) de la teoría crítica, que el autor concibe como una herramienta que no solo sirve para interpretar el mundo, sino también (acaso sobre todo) para transformarlo.

La indagación teórica sería, en sus propias palabras, “la bala que tenemos guardada en la recámara” (p. 21) contra el pensamiento único mediante el que las élites globales aspiran a someternos. Así, apropiándonos de otra metáfora relacionada con proyectiles, podríamos decir que lo que el libro se propone en último término es demostrar que, como escribió Gabriel Celaya refiriéndose a la poesía, la teoría es un arma cargada de futuro. De hecho, uno de los temas abordados por Saldaña es, precisamente, el estrecho vínculo que une a la teoría con la poesía, una modalidad de escritura que, al igual que aquella, “no consiste en inventar historias o contar mundos, sino en modificar con el lenguaje las relaciones que tenemos con ellos” (p. 22).

El libro se compone —además de un prólogo y un epílogo— de nueve capítulos: (1) “Imágenes de la resistencia”, (2) “La palabra llagada”, (3) “Derivas de la posmodernidad”, (4) “Enredados”, (5)

 

 

“Cultura e identidad: Reseña XXI CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 10 (2019): páginas de la reseña en versalita ISSN: 1989-7383 identidad cultural”, (6) “El otro que habita en nosotros”, (7) “Identidad nacional y nacionalismo cultural”, (8) “La literatura en el escenario posnacional”, y (9) “El país de la literatura”.

Cada uno de ellos se deja leer como un texto autónomo e independiente de los demás, aunque todos tratan, en esencia, de lo mismo: la condición subversiva de la teoría y su capacidad para servir de antídoto contra el sistema monológico neoliberal. Por otra parte, dado el enfoque decididamente transversal adoptado por el autor, ningún capítulo trata exclusivamente de lo anunciado en el título, de tal modo que, en mitad de “El país de la literatura”, encontramos varios párrafos dedicados al nuevo escenario geopolítico (en el que Estados Unidos está perdiendo protagonismo frente a potencias emergentes como China, India, Rusia, Brasil y Sudáfrica), y, particularmente, al auge del denominado socialismo del siglo XXI en Estados de Latinoamérica como Bolivia, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela y Ecuador, que desde hace algunos años “intentan desarrollar políticas más activas y atentas a los intereses generales de sus respectivas poblaciones” (p. 264).

Puede decirse, pues, que La práctica de la teoría presenta más bien una tormenta de ideas que una argumentación con planteamiento, desarrollo y conclusiones. Saldaña nos propone un recorrido por la cultura contemporánea a hombros de un nutrido plantel de pensadores (de Adorno a Žižek pasando por Bourdieu, Habermas, Jameson o Said), deteniéndose cada tanto para señalarnos posibles rutas hacia el “futuro feliz de la sociedad”. De esta forma, al hilo de un discurso que no avanza en línea recta, sino que abunda en meandros, digresiones, desvíos y retornos, el libro nos invita a reflexionar sobre una notable variedad de asuntos. Un tema recurrente, por ejemplo, es la mercantilización (y la consiguiente banalización) del arte contemporáneo. Como cabe esperar de un profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Saldaña se interesa especialmente por las buenas letras, o más bien por las letras regulares, puesto que, a su parecer, en los últimos tiempos está teniendo lugar una disminución de la calidad de las propuestas literarias.

Así, siguiendo a Marta Sanz (No tan incendiario), afirma que la tecnología, tal como suele decirse, está revolucionando la literatura, solo que dicha revolución es únicamente de carácter comercial, ya que afecta fundamentalmente a los modos de producción, distribución y consumo. De este modo, muchos escritores “aceleran sus procesos creativos apremiados por la imperiosa necesidad de mostrar y compartir sus propuestas”, produciendo así “textos mucho más digeribles, carentes de autocrítica, desconocedores de la exigencia, a los que el lector puede premiar con un «me gusta»” (p. 94).

 

 

XXII Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 10 (2019): XX-XXIV ISSN: 1989-7383 Como apuntaba antes, este empobrecimiento de la literatura forma parte, en opinión de Saldaña, de un proceso de mercantilización de la cultura en general; un proceso que no sería fortuito, sino que estaría dirigido desde las élites, pues quienes detentan el poder económico son bien conscientes de que “quien fiscaliza la cultura controla gran parte del pensamiento crítico” (p. 54). De ahí que la producción cultural cada vez esté más orientada al entretenimiento y a la “representación de lo superfluo” (p. 54).

Esto nos lleva a otro de los temas que se abordan en el ensayo: el control interesado de los medios de comunicación por parte de la clase dominante. Dice Saldaña que “los medios de comunicación —que ejercieron de contrapoder en el pasado— se han convertido hoy en un superpoder al que hay que enfrentar un nuevo antagonista” (p. 60), ya que han devenido en el brazo propagandístico de la plutocracia. Y no solo porque difunden información sesgada y hasta manipulada en beneficio del poder político y económico, sino también porque sustituyen la realidad por “imágenes que conllevan un alto nivel de banalidad e insignificancia, imágenes que producen un efecto balsámico y adormecedor en gran parte de la población” (p. 58). Este proceso de disolución de la realidad ha alcanzado cotas insospechadas en los últimos tiempos con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, a las que Saldaña considera “la alquimia psicotrópica de nuestros días” (p. 77). “Es un hecho —dice— que cuando navegamos por la red con frecuencia nos alejamos de todo cuanto sucede a nuestro alrededor; la realidad desaparece mientras nos dejamos arrastrar por el flujo incesante de ventanas y vínculos” (p. 92).

Una manifestación más de este fenómeno sería el gran poder de seducción que ejerce el arte digital, pues ofrece “todo un universo de posibilidades electrónicas que utilizamos con frecuencia para desconectarnos del mundo real” (p. 77). Así pues, en este contexto en el que, por desgracia, nos toca desenvolvernos, resulta más necesario que nunca proponer “una acción política que reivindique el poder subversivo de la ficción y de otras manifestaciones de creación simbólica” (p. 218), puesto que la literatura, mucho más que para cohesionar a la comunidad y dotarla de señas de identidad (que también), sirve “para practicar la crítica de todos los valores y modelos que regulan la vida social” de un colectivo determinado (p. 251). Esta acción política pasaría necesariamente por ejercitar la habilidad de leer con espíritu crítico, lo cual implica “saber quién escribe, para quién escribe y desde dónde escribe” (p. 218), siendo así que la literatura no está desconectada de las estructuras sociales e históricas, de modo que funciona como una instancia de producción y reproducción ideológicas.

 

Es imprescindible, por Reseña XXIII CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 10 (2019): páginas de la reseña en versalita ISSN: 1989-7383 tanto, “leer la literatura de maneras distintas a como estábamos acostumbrados a hacerlo”, y en este sentido —apunta Saldaña— hay que celebrar el surgimiento (en los años sesenta del pasado siglo) de los denominados estudios culturales, que han contribuido enormemente a renovar unos estudios literarios “agarrotados por metodologías excesivamente estrechas y alicortas” (p. 190).

Otro tanto podría decirse de los estudios poscoloniales, que, a juicio del autor, han supuesto un soplo de aire fresco y una llamada de atención acerca de la necesidad de “ampliar el arco hermenéutico con la renovación de modelos teóricos, la incorporación de inéditos puntos de vista y el descubrimiento de nuevos horizontes temáticos”, contrarrestando así la influencia en los estudios literarios de un paradigma eurocéntrico que se ha empleado indiscriminadamente como modelo para el análisis de una realidad que, a menudo, “no se deja cartografiar por las categorías y los instrumentos de análisis” occidentales (p. 164). De esta manera, por su reconocimiento de las diferencias y desigualdades culturales, los estudios poscoloniales constituirían un ejemplo de “teoría crítica de la cultura basada en el desarrollo de nuevos modelos horizontales, dialógicos y comunicativos” (p. 133); una teoría capaz, en definitiva, de construir “una nueva mirada que se muestre dispuesta tanto a tolerar como a reconocer y aceptar la mera existencia del otro como, a partir de la diferencia, un igual” (p. 154). Por cierto que, según Saldaña, a esta empresa de superar el “rancio actuar de la crítica filológica más alicorta” (p. 227) han contribuido también no pocos trabajos de críticos españoles e hispanoamericanos que han enfocado su labor desde unos planteamientos que desbordan el ámbito estrictamente filológico, a fin de “poner en relación los discursos literarios con otros discursos en el escenario epistémico de la posmodernidad” (p. 226): trabajos como Resistir.

Insistencias sobre el presente poético, de Eduardo Milán, Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual, de Vicente Luis Mora, Afterpop. La literatura de la implosión mediática, de Eloy Fernández Porta, o La novela española posmoderna, de M.ª Pilar Lozano Mijares; todos los cuales, pertrechados con un sólido bagaje de lecturas filosóficas, estéticas y políticas, han conseguido “ensanchar las fronteras de la filología y leer el texto literario como un documento escrito sobre la piel del mundo” (p. 227). En fin, el libro trata de todos estos asuntos y de bastantes más (como universitario, no quisiera dejar de aludir a uno de los temas que más preocupan al autor: la “contrarreforma” neoliberal que ha puesto a la universidad al servicio de los mercados; p. 183).

 

En cualquier caso, creo que lo apuntado en XXIV Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 10 (2019): XX-XXIV ISSN: 1989-7383 los párrafos anteriores resulta más que suficiente para ofrecer una idea bastante aproximada de su contenido. En resumidas cuentas, La práctica de la teoría: elementos para una crítica de la cultura contemporánea es un ensayo que, efectivamente, da lo que promete su contraportada; que no es poca cosa: la exploración de “un espacio que trata de airear las potencialidades rebeldes de la cultura para agrietar los cimientos sobre los que se asientan los imaginarios sociales”.

 

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