Los “cinco venenos blancos”.


Por Jesús Sainz

    Hay cinco alimentos producidos industrialmente y consumidos de forma masiva que están considerados como “veneno” para la salud ya que aumentan el riesgo de padecer cáncer, hipertensión, osteoporosis, obesidad y diabetes, entre otras enfermedades.

Jesús Saínz Maza
Científico y Coordinador de la Sección

1.- Arroz blanco

     El proceso de refinado del arroz elimina la cáscara que lo protege de agentes externos y actúa como barrera para la entrada de microorganismos pero que no es comestible. Pero además elimina el salvado que es rico en fibra, vitaminas del grupo B y minerales como hierro, cobre, zinc y magnesio, y el germen, que tiene proteínas, fitonutrientes, vitaminas B y E (antioxidantes), minerales (hierro, fósforo y calcio), y ácidos grasos esenciales Omega 6. Tras el refinado del arroz, se obtiene un producto que ha perdido más del 30% de su peso, el 80% de sus grasas, el 60% de sus minerales y prácticamente todas sus vitaminas. El arroz blanco queda solo con el endospermo. Esta capa contiene almidón en gran cantidad, lo que puede aumentar en gran medida los niveles de azúcar o glucosa en sangre haciendo trabajar en exceso al páncreas. Un estudio de la Universidad de Harvard relaciona el consumo de arroz blanco con la diabetes. El estudio se llevó a cabo en unos 40.000 hombres y 157.500 mujeres, y concluyó que quienes consumen 5 o más porciones de arroz blanco a la semana tienen un riesgo aumentado del 17% de padecer diabetes en comparación con los individuos que consumían menos de una porción al mes (https://revistadigital.inesem.es/biosanitario/los-5-venenos-blancos-de-la-alimentacion-actual-v-arroz-refinado/). Este riesgo se puede evitar consumiendo arroz integral que es mucho más saludable.

2.- Azúcar refinado

     El azúcar refinado contiene muchas calorías, sin nutrientes esenciales y por eso se considera que sus calorías son “vacías”. El consumo de azúcar refinado puede tener efectos nocivos sobre el metabolismo y contribuir a todo tipo de enfermedades como cáncer, diabetes de tipo 2, sobrepeso u obesidad, enfermedades hepáticas e hipertensión. Un estudio publicado en el Journal of the Endocrine Society (https://academic.oup.com/jes/article/1/11/1372/4587524 ), afirma que consumir dos refrescos o bebidas azucaras a la semana aumentan el riesgo de sufrir diabetes a largo plazo.

     La hipertensión se ha relacionado con el consumo de azúcar desde hace poco tiempo. Un estudio publicado en la revista Open Heart en 2016 (https://openheart.bmj.com/content/1/1/e000167 ), concluyó que el azúcar añadido (sobre todo la fructosa, el principal azúcar de los refrescos) aumenta el riesgo de padecer hipertensión. Sin embargo, consumir azúcar de origen natural (como el de las frutas) no solo no provoca hipertensión, sino es un factor protector.

3.- Sal refinada

      La sal refinada industrial es puro cloruro sódico y no contiene ni los minerales esenciales ni los oligoelementos necesarios para el cuerpo que contiene la sal marina o de montaña sin refinar. Por si fuera poco, a la sal refinada se le suele añadir yodo y flúor. El yodo es tóxico cuando se sobrepasa el mínimo necesario; el flúor es un elemento químico tóxico. Además, a la sal se le añaden una serie de conservantes que no es legalmente necesario que sean declarados en el envase. Estos conservantes suelen ser carbonato de calcio, carbonato de magnesio e hidróxido de aluminio. Diferentes estudios han demostrado que el aluminio es un metal tóxico (https://crearsalud.org/el-aluminio-en-la-industria-alimentaria-y-de-aseo-personal/) que afecta seriamente nuestro sistema nervioso y provoca cáncer (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18785682/ ).

    Sin embargo, la sal natural, ya sea marina o procedente de las montañas, contiene los 84 elementos que compone el cuerpo humano en su proporción exacta. La composición de la sangre de nuestro cuerpo es casi idéntica al agua salina del mar. Nuestra sangre contiene la misma concentración de elementos que tenía el mar hace millones de años.

   Además, la comida procesada de forma industrial, que llena las estanterías de los supermercados, lleva sal refinada que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y puede provocar carencia de minerales y oligoelementos necesarios para la salud. Pese a ello, la industria sigue fabricando sal refinada y tiene el permiso para venderla legalmente.

     La solución es consumir sal natural y evitar la comida procesada industrialmente.

4.- Harina blanca

    La harina blanca es casi puro almidón debido a que ha sufrido el mismo proceso de refinamiento que el arroz. El almidón tiene un índice glucémico elevado, es decir provoca altos incrementos de azúcar en sangre lo cual, a su vez, hace trabajar en exceso al páncreas para producir insulina. El índice glucémico es una medida de la rapidez con la que un alimento puede elevar el nivel de azúcar (glucosa) en la sangre. El consumo prolongado de alimentos con índices glucémicos elevados puede dañar el páncreas y acabar causando diabetes.

    Además, el grano de trigo procesado industrialmente es tratado con productos químicos que dan como resultado la formación de aloxano, un compuesto que se utiliza en investigación para producir diabetes en ratones. El aloxano causa diabetes porque destruye las células beta del páncreas (http://curatudiabetes.altervista.org/el-aloxano-su-alimentacion-y-la-causa-de-su-diabetes/?doing_wp_cron=1601497072.7672560214996337890625 ).

   El arroz y la harina blancos tienen índices glucémicos elevados porque los hidratos de carbono que contienen son absorbidos rápidamente por el organismo. En consecuencia, se producen picos elevado y repentinos de glucosa en sangre. Estos picos hacen que el páncreas produzca insulina para reducir los niveles de azúcar. Esto tiene dos consecuencias, el páncreas trabaja más reduciendo el nivel de glucosa en sangre y se vuelve a tener hambre en poco tiempo. El resultado es un riesgo mucho mayor de obesidad y de diabetes.

    Debido a su elevada carga glucémica, el consumo de estas harinas está asociado el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y cáncer, como afirma la School of Public Health de la Universidad de Harvard basándose en varios estudios científicos (https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/carbohydrates/carbohydrates-and-blood-sugar/).

5.- La leche de vaca pasteurizada: el proceso de pasteurización mantiene la leche en buen estado por un período más largo, pero daña su valor nutritivo. Este proceso elimina enzimas y vitaminas como la A, la B 12 y la C. Además, se le añaden hormonas y antibióticos. La pasteurización destruye las bacterias beneficiosas que se encuentran en la leche cruda de vaca. Mata enzimas naturales y destruye toda su fosfatasa, que es esencial para la absorción de calcio. Para más detalles se puede consultar el artículo sobre la leche industrial publicado en el Pollo Urbano (https://www.elpollourbano.es/ciencia/2020/01/leche-hormonas-antibioticos-y-riesgos-para-la-salud/ )

    Si consumimos productos más naturales como el arroz y la harina integral protegemos nuestra salud. Esto es debido a que contienen fibra que ralentiza la absorción de los carbohidratos, con lo cual el páncreas no está sometido a un esfuerzo excesivo y La absorción lenta hace que se tenga menos hambre reduciendo el riesgo de obesidad.

    Todos estos productos dañinos para la salud inundan los supermercados donde es difícil encontrar productos sin refinar. La industria alimentaria produce productos refinados porque le genera beneficios económicos. Sin embargo, el coste sanitario que provoca el consumo de estos productos refinados y procesados lo pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos y, lo que es peor, con nuestra salud.

    La conclusión es obvia, las autoridades responsables de velar por la salud de los ciudadanos tienen que promocionar el consumo de productos sanos y limitar el de los productos dañinos para nuestra salud.
 
      Algo que, por ahora, no parece interesarles mucho.