Esquizofrenia o la mente perturbada


Por Jesús Saínz Maza

La esquizofrenia es una enfermedad mental, de comportamiento, que se caracteriza por un deterioro del proceso de pensamiento y el desequilibrio emocional. Suele darse con alucinaciones auditivas, delirios paranoides o extravagantes, lenguaje y pensamiento desorganizado, disfunción social y laboral como síntomas más frecuentes.


Pese a darse en 1% de la población, su coste social es muchísimo mayor debido al daño que causa en los pacientes y a su necesidad de cuidados. Las personas con esquizofrenia suelen tener rasgos mórbidos adicionales como la depresión mayor y la ansiedad. El abuso de sustancias se estima en un 50% de los que la padecen, y los problemas sociales, como el desempleo de larga duración, la pobreza y la indigencia, son frecuentes en pacientes de esquizofrenia. La esperanza media de vida de las personas con el trastorno es de 12 a 15 años menor que la del resto de la población, y tienen una tasa de suicidio bastante más alta (alrededor del 5%). Todos estos problemas hacen que la esquizofrenia represente alrededor del 3% del coste sanitario total o tres veces más que su prevalencia (en EE.UU. cuesta más que todos los cánceres juntos).

 
Se sabe que el componente genético de la enfermedad es del 80% y todas las evidencias apuntan a que es muy compleja: intervienen múltiples genes con múltiples interacciones entre ellos, en procesos que hoy son en su mayor parte desconocidos. La parte ambiental, pese a estimarse sólo en un 20%, tiene gran importancia, y se piensa que durante el desarrollo del individuo se pueden dar circunstancias ambientales que son las que disparan el riesgo de padecer la enfermedad.

El psiquiatra Robert Freedman explica, en su libro “La Locura en nosotros”, los síntomas iniciales que aparecen en los individuos que están desarrollando esquizofrenia: paranoia, confusión, hipersensibilidad y alucinaciones.  Suelen surgir en la adolescencia y antes de año la enfermedad se manifiesta plenamente. “El problema con los primeros síntomas”, dice Freedman, “es que no son muy específicos. En un momento el pensamiento, la emoción y el comportamiento cambian mucho; estos indicadores precoces son muy difíciles de valorar.”

Aun así, esta superposición de los síntomas de la esquizofrenia con el inicio y las características de la adolescencia ha hecho de éste período del desarrollo un momento clave para el estudio de dicha enfermedad. Durante los últimos 20 años, se ha demostrado que el cerebro del adolescente tiene cambios drásticos. En este periodo de la vida se remodela el cerebro, se crean nuevos circuitos neurológicos, se modifican los ya existentes y algunos se eliminan. La esquizofrenia es una enfermedad de comportamiento y por tanto no es nada fácil de estudiar, pero cada día son más las evidencias de que el desarrollo durante esta etapa de la vida es clave para entender la enfermedad.

Hay investigadores que mantienen la teoría de que las personas que más tarde desarrollan esquizofrenia no generan el tráfico neural requerido para la construcción de conexiones robustas necesarias para las tareas que requieren memoria. El resultado es una mente que es incapaz de organizar su actividad y el pensamiento: la mente destrozada por la esquizofrenia.

Estos descubrimientos han llevado al diseño de cuestionarios específicos para la detección de los síntomas precoces de esquizofrenia en adolescentes. Se estima que el poder de diagnóstico de dichos cuestionarios es del 80%. Puede que estos cuestionarios no sean completamente precisos y den falsos positivos o diagnósticos erróneos de la enfermedad, pero los clínicos consideran mayor el daño causado por un diagnóstico real no detectado que el causado por un falso positivo.

Durante las últimas décadas se ha propuesto que el origen de la esquizofrenia se halla en  problemas durante el desarrollo que afectan al sistema inmune e inflamatorio. Las evidencias científicas cada día apuntan más en esta dirección y podrían estar anunciando un cambio tanto en la idea que tenemos de la esquizofrenia como en la práctica clínica y el diagnóstico. Sobre ello y sobre el trabajo que ha desarrollado nuestro equipo en este campo hablaremos el próximo mes. Hasta entonces.

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