
Por Eduardo Viñuales Cobos.
Recientemente he publicado con la editorial Anaya-Touring un libro sobre las Montañas de España. Allí, en ese cuaderno de campo para el viajero junto al Moncayo, Sierra Nevada o el Teide también hablo del macizo de Las Maladetas, en el Pirineo Aragonés.
Una marmota recorta su silueta con el decorado de fondo del Aneto, el punto más alto de Aragón, de los Pirineos y, a su vez, techo del macizo montañoso de las Maladetas, al que…

Eduardo Viñuales
Escritor Naturalista
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Twitter (X): @EduVinuales
…muchos también conocen desde hace siglos como “los Montes Malditos” a consecuencia de una popular leyenda que nos narra la historia de que Cristo –vestido de mendigo- castigó la falta de generosidad de unos pastores locales que le negaron el auxilio, decidiendo convertir sus rebaños –más de siete mil cabezas de ganado- en grandes rocas desnudas, y sus verdes praderas en un desierto de piedras o hielos eternos.
Las Maladetas, auténtica geografía alta, agreste, estéril y hostil donde las haya, es -pese a todo- una bendición de la naturaleza salvaje en nuestro país, pues conserva el que quizás sea el conjunto alpino más formidable que todavía podemos hallar en la Península Ibérica gracias sus lagos o ibones, hielos glaciares y su larga cuerda de tresmiles.
Aunque el imponente Aneto –con 3.404 m de altitud- acapara casi todas las miradas, a esta cumbre majestuosa le acompañan otras “tucas” igualmente soberbias y nunca fáciles de ascender como pueden ser el Diente de Alba, la Punta Cordier, el Tempestades, el Pico Russell, o la propia Maladeta que alcanza los 3.308 m de altitud y que es el tercer gigante de la zona tras el Pico Maldito (3.350 m). De hecho, durante mucho tiempo, hasta principios del siglo XIX, en el reducido círculo de pirineístas o alpinistas se pensaba erróneamente que el aislado pico de la Maladeta era el más alto, difícil e inaccesible de esta gran cordillera que va del Atlántico al mar Mediterráneo. Hasta su cúspide revestida de nieves, y defendida por agujas o precipicios intentaron acercarse erróneamente algunos caminantes infatigables y exploradores como fue el científico de nacionalidad rusa Friedrich von Parrot, quien procedente del Cáucaso, Crimea y los Alpes llegaría a los Pirineos con su barómetro en el año 1817, ascendiendo por vez primera al pico español junto con el guía francés Pierrine Barrau, el mismo que cinco años más tarde protagonizaría una impactante tragedia al ser tragado por una grieta del hielo glaciar en la más peligrosa y maldita de las montañas de aquel momento.
- El-estado-desastroso-del-gran-glaciar-del-Aneto-Foto-E.-Vinuales.jpg
- Glaciers_et_Pic_de_Néthou
- Panorama_de_la_Maladetta
Ciertamente todas estas bravas alturas exigen esfuerzo, con horas de marcha y fuerte desnivel… amén de cierta paciencia para aquellos que opten por coronar el rey del Pirineo y atravesar el Paso de Mahoma, estrecho paso de roca final donde las caravanas de montañeros generan atascos, pues a ambos lados se abren abismos que no permiten fallo alguno.
Pese a su apariencia gélida y descarnada, el macizo de las Maladetas es un paisaje natural con mayúsculas, muy bello, de rocas graníticas, ventisqueros, aguas transparentes, decenas de lagos glaciares, silencios, erizadas crestas con apariencia inaccesible que se recortan contra el cielo… y habitado por una discreta vida silvestre capaz de soportar los rigores de un clima nival, realmente extremo, el de alta montaña pura y dura, con fuertes nevadas, bajas temperaturas y no pocas tempestades. Estas montañas son uno de los últimos paraísos del sur de Europa para las perdices nivales, los sarrios, los líquenes alpinos o esa mata de rododendro rosa que trepa ladera arriba junto a las saxífragas, androsaces u otras hierbas gramíneas poco llamativas.
Pero como bien se aprecia desde el paso del Portillón de Benasque, el gran tesoro de las Maladetas reside, aún hoy en día, en sus residuales glaciares, los más extensos de la cordillera pirenaica y uno de los últimos del solar ibérico. Hielos azulados que parecían ser eternos y que siguen siendo sus joyas más preciadas, pues todavía brillan con luz propia a pesar de que se funden aceleradamente a causa de ese cambio climático que quiere robárnoslas de estos panoramas inalterados. Amplios campos de hielos glaciares que hace unos 40.000 años descendían en forma de largas lenguas -con varios centenares de metros de espesor- por el fondo de los valles de los ríos Ésera y Noguera-Ribagorzana, llegando a alcanzar la entrada del Congosto del Ventamillo, más abajo de Castejón de Sos. Resplandecientes paisajes gélidos que han quedado reducidos a residuos glaciares en cuatro circos –pequeñas masas de hielo formadas por nieve compactada y que muestran grietas en superficie por el movimiento -, heleros y efímeros neveros que, a pesar nuestro, tienen los años contados.
- Admirar las más altas montañas (Eduardo Viñuales)
- Guías de montaña (E. Viñuales)
Admirar las más altas montañas
Escoge un día despejado. Sube alto sobre el fondo del valle. Mantén la distancia y admira el horizonte de las vastas montañas nevadas de las Maladetas. Escucha la voz del viento y el canto del bisbita alpino. Saluda a la marmota y a los sarrios que cruzan por los collados. Fíjate en lo grande, pero también en los detalles que encuentres a cada paso. Participa emotivamente en el diálogo con el paisaje. Y, si puedes, guarda un registro escrito de lo observado, para que el día de mañana quede constancia fiel de tu admiración hacia estas maravillas de la naturaleza.
Guías de montaña
Nadie mejor que un guía de montaña profesional para acompañarnos, educarnos y conducirnos hasta lo alto de una montaña difícil, con la seguridad y la confianza debidas en el viaje hacia las peligrosas alturas.
Por el macizo de las Maladetas han pasado algunos tan célebres y valientes como José Delmás, José Mir, Antonio Abadías –guarda de refugio, apodado como “el león del Aneto” pues se cree que subió a la cúspide del macizo unas 250 veces- o José Sayó… hombres que han dado nombre a algunos de estos grandes picachos. Muchos de ellos eran montañeses que habían sido anteriormente cazadores, contrabandistas, pastores… o carpinteros.
Las crónicas del macizo todavía recuerdan el drama acaecido en 1824, cuando en la cara norte de la Maladeta el guía de montaña de Luchon, Pierrine Barrau, cayó dentro de una gran rimaya al rompérsele un puente de nieve, perdiendo la vida en la grieta del glaciar. Su cuerpo no sería devuelto por el frente del avance del hielo hasta 107 años más tarde.
El estado desastroso del gran glaciar del Aneto
Últimamente las noticias en los periódicos no son buenas cuando se refieren al glaciar del Aneto, antaño grande y mucho más extenso como aún vemos en esta foto de los años 90.
Los titulares de prensa resultan así de contundentes: “Comienza la fase terminal del glaciar del Aneto, que podría concluir en 10 años”, “Los glaciares del Pirineo tiene fecha de caducidad” o “El mayor glaciar de España triplica sus pérdidas por exceso de calor”. Los medios de comunicación tradicionales también explican su estado terminal, con pocos años de esperanza de vida: “El Aneto, una montaña enferma y peligrosa”.













