
Por Manuel Medrano
https://demareteion.wordpress.com/
Una de las coletillas más famosas cuando se defiende algo con fervor, es “tolerancia cero”.
Hace poco un escribidor de los que ponen pasta para que les dejen ir a medios a promocionar sus libros, hacía una confusa tipología donde el vino, pero solo el tinto, estaba en duda según él como elemento letal. Porque, a lo mejor, decía, una o dos copitas con las comidas, no estaba tan mal. O sí, no estaba seguro. Por supuesto, abogaba ferozmente por la total prohibición del tabaco aunque, bueno, siendo malo, decía que no se podía comparar a los perjuicios del hachís, que crea psicóticos. En fin, según él, “tolerancias cero” pero con gradaciones.
Otros hablan, ahora muchísimos, de esta intolerancia referida a la corrupción política, fiscal, etc. Pues, a lo que se ve desde hace algunas décadas, eso no se ha aplicado mucho por el solar patrio, y tampoco en otros muchos países e instituciones internacionales.
También hay intolerancias que concitan el aplauso general, aunque no tanto según sus tipologías. Es el caso de la violencia. Y es así especialmente cuando se habla de guerras o conflictos bélicos similares. Por poner algunos ejemplos controvertidos: Ucrania-Rusia (u OTAN-Rusia), Israel-Hamás-Hezbolá, USA-Irán, y todo lo demás que está pasando en otras muchas regiones del planeta. Aquí, en este aspecto, como hay toneladas de razones en uno(s) y otro(s) bando(s), la “tolerancia cero” sería el “No a la guerra”. Pero esto último es una utopía, ahora y quizá por siempre, lo que no quiere decir que deba abandonarse, sino todo lo contrario.
También parece que haya “tolerancia cero” sanitaria, pero es bastante falsa, en el caso de contagios masivos, epidemias, etc. Y es así porque los intereses de las grandes industrias farmacéuticas y sus organismos internacionales vasallos generan en este asunto acciones de lógica incomprensible. Razón principal que nos dan: la globalización impide contener la trasmisión de enfermedades. Sí claro, especialmente cuando no se quiere, pero a la vez no sé qué empresa ya ha desarrollado un remedio milagroso y carísimo para atajar o atenuar el mal y, aunque está en periodo de experimentación, ya se te puede inyectar.
No, amigos y amigas, lo que estoy esbozando es simplemente que la “tolerancia cero”, salvo para algunas cosas, no muchas, es una falacia que con frecuencia solo responde a intereses económicos o geopolíticos (que son también económicos).
Por ejemplo, hubo un tiempo en que se desató una campaña contra el consumo de sardinas y del pescado azul en general, porque era muy malo para la salud. Luego se demonizó, por lo mismo, el consumo de huevos. Y estas y otras campañas, solo tenían intereses económicos detrás. Hubo un tiempo también en que miles de trabajadores que tenían derechos adquiridos en España, o a punto de adquirirlos tras años de trabajo bajo unas condiciones legales concretas, los perdieron de golpe por la reforma laboral de Mariano Rajoy. Y volvió a pasar lo mismo con la reforma laboral posterior de José Luis Rodríguez Zapatero. Y en ambos casos, eso que llaman “el Estado”, que como todo lo genérico tiene amos concretos, se quedó con miles de millones cotizados por trabajadores, que perdieron beneficios por los que habían abonado ya sus impuestos, que se les saquearon de golpe. ¿Qué grado de tolerancia se aplicó aquí para los afectados?
Por terminar, la “tolerancia cero” es un concepto comodín, que en sí no indica nada, pero queda contundente y mono en los discursos y la publicidad. Como otras muchas expresiones de moda, que banalizan con su uso repetitivo cuestiones muy serias, a veces fundamentales para el ciudadano.








