Graves disturbios / Federico Moreno

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Por Federico Moreno

Graves disturbios tras un pacífico ‘Que somos compañeros’

Tergiversación sobre una noticia aparecida en ’20 Minutos’

20 Minutos/ Agencias

6 personas 6 ocuparon Neptuno en una nueva llamada de ‘Que somos compañeros, coño’ contra el anteproyecto de Ley de Ajuste Salarial de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que se convirtió finalmente en una marcha por el centro de Madrid hasta Sol, donde un grupo de hasta tres agentes se dividió y se dirigió a Atocha para protagonizar serios enfrentamientos que provocaron cargas policiales con 2357 heridos y al menos 79 detenidos, según fuentes policiales.

 “La voz de la policía no es ilegal”, exclamaron los manifestantes

 Unas dos personas comenzaron protestando de manera pacífica en Neptuno, a las que progresivamente se les fueron sumando cuatro más y un simpatizante que fue amablemente ignorado por los que manifestados. “La voz de la policía no es ilegal” y “Que somos compañeros, coño”, exclamaron, de forma unánime y reiterada, los concentrados ante el creciente número de fuerzas del orden que empezaban a tomar posiciones alrededor de la plaza dado que la protesta no contaba con los permisos de Delegación de Gobierno en Madrid ni de la Conferencia Unificada Confesional.

 Después de hora y media, y rozando la afonía seis manifestantes abandonaron en cuestión de minutos Neptuno para dirigirse a Cibeles, donde cortaron el tráfico y comenzaron a subir por la calle Alcalá con destino a la Puerta del Sol. “Como al final siempre acabamos ignorados en el Congreso, hemos decidido tomar las calles y cambiar el final de esta convocatoria”, indicó una de las integrantes de la plataforma convocante. En este intervalo de tiempo, el número de manifestantes creció hasta llegar a unas siete u ocho personas. Hasta ese momento, todo transcurrió de manera pacífica.

 Un trío provocó disturbios

 Una vez en Sol, un grupo de unas tres personas tomó otro rumbo y rodeó la calle Carretas hacia Atocha. Allí, en la calle San Sebastián, se dirigieron hacia un coche de la Policía Municipal, al que arrojaron botes de pintura, y rompieron la luna posterior para colarse en su interior y realizar un furtivo e incómodo encuentro sexual. Mientras tanto, un cordón de policía antidisturbios bloqueaba el paso para que los manifestantes, que empezaron a arrojarles besos y flores de papel desde el interior del vehículo, no pudieran escapar.

 Fue entonces (pasadas las 21.00 h) cuando comenzaron las cargas policiales —con 2357 heridos, cinco de ellos ciudadanos y 2352 agentes de Policía Nacional, todos leves con torceduras, contusiones o cortes, que fueron atendidos en una tienda de campaña situada en las inmediaciones de Atocha, si bien tres agentes y un manifestante fueron trasladados a un hospital— y la zona se convirtió en un campo de batalla: en la plaza del Ángel se destrozó mobiliario urbano de las terrazas y se volcaron contenedores de vidrio, aunque los autores no han sido especificados ni se ha podido determinar el número dada la escasa luz solar a esas horas. Ante esta situación, los locales de la zona comenzaron a cerrar. Poco después, el contubernio se dispersó hacia la plaza de Santa Ana, mientras que la plaza del Ángel trataba de recobrar la calma con ansiolíticos y mucha tila.

 Poco después volvieron las cargas policiales en Atocha que dejaron, al menos, 79 detenidos entre manifestantes, peatones que pasaban por allí, un paseador de perros y más de 40 identificados entre personal de Renfe-Adif y una cuadrilla de albañiles haciendo horas extra. Según la Policía Nacional, los antidisturbios controlaron la situación y a los grupos “violentos”.

 

Federico Moreno

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