Nombrevilla, origen del mejor tomate del mundo

Por William Fatachi

     El reciente descubrimiento por parte de varios expertos, miembros del I.H.P.U., Instituto Hortícola del Pollo Urbano, de 9 matas sin alterar del conocido como “tomatae Corporalis” en las cercanías de Monserrat, nos lleva a precisar los orígenes de esta solanácea, equivocados durante siglos, y que llevaron a los estudiosos, desde Linneo y Dioscórides hasta nuestros días, a creer que su procedencia era americana situando su aparición en Perú o Méjico. A la luz de las investigaciones efectuadas, nada pues, más alejado de la realidad. 

    En las recientes excavaciones realizadas en la que fuera hijuela de los Templarios en Nombrevilla, (lugar donde después de 1314, año de la desaparición del Temple, se establecen las órdenes del Santo Sepulcro y de San Juan de Jerusalén), se hallaron semillas petrificadas de tomate (Solanum Lycopérsicum). Sometidas a la prueba del Carbono 14, ésta databa su origen hacia el año 1200 de nuestra era. Esta averiguación desmonta la tesis del origen americano de esta singular solanácea. Los Templarios cultivaron el tomate de un modo secreto y su ingesta tenía un carácter ritual por atribuirle propiedades afrodisiacas, (·pomun amoris·). Además sus hojas, secas al sol y posteriormente quemadas, producían un efecto narcotizante al inhalar el humo. Este efecto se debe a la significativa proporción de nicotina que presentan las hojas de la mata de esta variedad de tomate.

    En 1239, camino de Valencia con una diezmada tropa, el templario D. Berenguer de Entenza, que a la sazón llevaba como clérigo al también templario y capellán mosén Mateo Martínez, rector de San Cristóbal y racionero de Santiago de Daroca, viéndose rodeado por la morisma en el pueyo de Chiva, decidió celebrar una misa, tal y como era habitual antes de entrar en combate. Y allí ocurrió lo ya conocido: ” Et huvo santificado e levantado el cuerpo de Ihesu xristo e lo huvo posado sobre los Corporales El dito cuerpo de Ihesu xristo se conuirtió en verdadera sangre de la qual cosa todos fueron muncho maravillaos que significauaet fue asin entre el dito Noble e las otras companyas que con el eran que el dito misacantano se vistiese hun tauardo de scarlata muyt bello et honrrado et puyase et caualgase en un mulo blancho que alli era e que lleuase como mas honrradamente pudiese los ditos corporales Et que deuallasen del pueyo para ferir en los ditos moros la qual cosa fue fecha segunt que por ellos fue ordinado. El deuallado del pueyo en la forma de sus dita el dito Noble e las campanyas de los ditos concellos que con el eran comenÇaron á ferir en ellos El los ditos moros comenÇaron á foyr En asín que los xristianos con la gracia de nuestro Sennyor Ihesu xristo huuieron grant victoria contra los ditos moros El mataron ne munchos Et catiuaron ne·.

    Esta descripción de la escena de la aparición de la sangre de cristo en las sagradas formas no se detiene en un hecho que fue menor pero para nuestras averiguaciones no menos importante. Hemos de acudir a los ·graffitis· atribuidos a los templarios en los muros del castillo de Chinon (véase el libro de Charbonneau-Lassay ·Le coeur rayommant du donjour de Chinon attribué aux templiers·, reeditado. Arché Milán) para encontrar un detalle no descrito en este anterior ·Documento de Chiva·, fechado en 1340. 

    De todos es sabido que en las alforjas de los monjes soldados templarios siempre acostumbraban a llevar tomates, pan de centeno, aceite, sal, agua y vino. El improvisado altar que a toda prisa se hubo de construir para celebrar la misa antes de la batalla, apenas si se conformó con cuatro piedras, quedando la alforja entre ellas. “Cuando la sangre brotó de las formas,y ante la admiración del clérigo, buena parte de ella cayó sobre la alforja hasta que llorando las alzó hacia el sol y dos o tres tomates quedaron impregnados de la sangre milagrosa. Después de la batalla, el clérigo, sediento, al ir a comerse uno de los tomates, observó que la sangre seca les había dado un aspecto de corazón. Arrodillado oró y guardó esos tomates, seguro de que eran representación ahora, del Corazón de Jesús”.

   Cuando el clérigo llegó a Daroca y luego de las fiestas y faustos que se hicieron para celebrar el milagro, se retiró de nuevo a Nombrevilla y allí siguió cultivando los ·milagrosos· tomates que a partir de entonces se denominaron ·tomatae Corporalis· y que solamente ya fueron usados en el estricto régimen del Temple. 

   Milagroso se puede considerar también su actual hallazgo. De este modo, en Julio, cuando se haga la cata de los tomates que gracias al IHPU han sido devueltos a un huerto secreto de Daroca, podremos dar gracias a Dios por haber devuelto a la vida un manjar tan singular, único en el mundo. 

   Y sobre como se recuperó el “tomatae Corporalis” en Monserrat y como, en general, llego el tomate al Nuevo Mundo, nos ocuparemos en otra entrega.

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