
Por Jesús Sáinz
Como dijo Napoleón, para ganar la guerra hacen falta tres cosas: innovación, innovación e innovación. Sin embargo, EEUU y Rusia están ancladas en el S.XX cuando todavía dominaban el mundo. El orden geopolítico global atraviesa un cambio de paradigma histórico. La incapacidad de Rusia en Ucrania y la derrota de Estados Unidos frente a Irán demuestran los límites de la fuerza bruta militar. La estrategia de Estados Unidos al atacar a Irán ha fracasado en todos sus objetivos. Solo ha conseguido que Irán ahora tenga más poder.

Jesús Saínz Maza
Científico y Coordinador de la Sección
Washington no ha logrado desmantelar al régimen iraní. El control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz y su avance nuclear demuestran la ineficacia y la incompetencia del “Commander in Chief” del ejercito de EEUU.
El colapso de Rusia en Ucrania evidencia su incapacidad para la victoria. Moscú subestimó la cohesión nacional ucraniana y la velocidad de la asistencia occidental, quedando atrapado en una guerra de desgaste que ha diezmado su ejército convencional.
Las motivaciones detrás de estos conflictos son en teoría el deseo de Putin de frenar la expansión de la OTAN y reinstaurar una esfera de influencia imperial sobre el espacio postsoviético, aparte de controlar los vastos recursos agrícolas, minerales y las rutas industriales del Mar Negro, además de asegurar Crimea. Otros analistas dicen que Putin necesita una guerra externa para desviar la atención de su fracaso económico en Rusia.
En el caso de la guerra de Trump, la teoría dice que es para mantener la hegemonía estadounidense en Oriente Medio, proteger a aliados clave como Israel y las monarquías del Golfo, y forzar un cambio de régimen en Teherán, no se suele mencionar que los paises que ataca tienen mucho petroleo (Irán y Venezuela). El resultado ha sido que ahora Irán controla el Estrecho de Ormuz, y el flujo no solo de petroleo sino de productos esenciales como los fertilizantes para la agricultura mundial, y el helio para la fabricación de semiconductores que son la base de la tecnología mundial.
https://www.atlanticcouncil.org/energy-sanctions-dashboard/
La guerra del Siglo XXI
La ventaja histórica de los imperios basados en la masa humana y la producción industrial masiva se ha reducido drásticamente.
Un dron de 2.000 a 10.000 dólares puede destruir un tanque de 5 millones de dólares o dañar un buque de guerra.
La conectividad global permite a los países pequeños acceder a flujos de información, armas portátiles avanzadas y apoyo diplomático o financiero internacional de manera casi instantánea.
En los siglos pasados, conquistar un territorio requería derrotar a un ejército real. Hoy, requiere someter a una población civil interconectada y armada con tecnología digital, haciendo que el costo político y económico de la ocupación sea prohibitivo para el invasor.
El uso de armamento tecnológico en los conflictos contemporáneos ha generado una de las mayores distorsiones tácticas y financieras de la historia militar moderna. La democratización de la tecnología ha roto el monopolio de la fuerza que ostentaban las superpotencias, creando un escenario de asimetría radical.
Misiles millonarios contra chatarra tecnológica
El teatro de operaciones del Mar Rojo y los ataques cruzados en Medio Oriente han dejado al descubierto un absurdo financiero insostenible para el Pentágono: el uso de interceptores sofisticados para derribar amenazas de bajo coste.
Dron de ataque / Munición merodeadora
Coste: 10.000€ – 20.000€
Composición: Motores de cortacésped, fibra de vidrio, GPS comercial.
Misil Interceptor (ej. SM-2 / SM-6 / Patriot)
Coste: 2.000.000€ – 4.000.000€ (Hasta 10M€ por salva completa)
Composición: Propulsores avanzados, buscadores de radar activo, aleaciones raras.
Matemática de desgaste: Para asegurar el derribo de un solo dron iraní (como los de la familia Shahed o sus variantes locales), las doctrinas occidentales exigen disparar dos misiles interceptores. Una andanada enemiga de 200.000 euros en drones obliga a un gasto defensivo que supera con creces los 40 millones de euros.
https://xpert.digital/es/misiles-interceptores-agotados/
Agotamiento de inventarios: El problema no es solo el dinero, sino la capacidad industrial. Un dron se fabrica en días en un taller mediano. Un misil Patriot o un interceptor Standard (SM) tarda meses o años en producirse debido a las complejas cadenas de suministro aeroespaciales. Las superpotencias se están desarmando estratégicamente al vaciar sus arsenales contra objetivos irrelevantes.
Los drones de ataque y los sistemas FPV (First-Person View) han sustituido en gran medida la necesidad de contar con una fuerza aérea convencional para la defensa.
Saturación del espacio aéreo: El objetivo de actores como Irán o las fuerzas ucranianas no es siempre destruir el objetivo con el primer impacto, sino saturar los radares. Al lanzar oleadas masivas de drones lentos y de baja firma térmica, obligan a los sistemas automáticos de defensa (como el Aegis estadounidense) a consumir munición crítica.
Pérdida de la ventaja del blindaje: En tierra, la proliferación de drones FPV comerciales de apenas 500 euros, equipados con cabezas de guerra de antiguos lanzagranadas RPG, inutiliza tanques de 8 millones de euros. Los ataques dirigidos a las zonas vulnerables (la escotilla superior o el compartimento del motor) han cambiado la táctica de blindados en todo el mundo.
Guerra Electrónica: El verdadero frente invisible
Ante la inviabilidad económica de usar misiles, la Guerra Electrónica se ha convertido en el núcleo de la defensa moderna, aunque sus límites también juegan en favor de los pequeños Estados.
Guerra de frecuencias: Rusia y los aliados de Irán emplean sistemas de interferencia (jamming) y suplantación de identidad de señales (spoofing) a gran escala. Esto neutraliza las armas occidentales guiadas por GPS de alta precisión (como los proyectiles Excalibur o los sistemas HIMARS), desviándolos de sus objetivos y reduciendo su efectividad a menos del 20% en entornos de alta interferencia.
Evolución del software sobre el hardware: La tecnología militar ya no se mide en toneladas de acero, sino en la velocidad de actualización del código. Si las fuerzas estadounidenses modifican una frecuencia de radar, los ingenieros rivales reprograman los algoritmos de navegación de sus drones en cuestión de horas para esquivar la contramedida. La ventaja tecnológica dura días, no décadas.
https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/2026-innovacion-guerra-rusia-ucrania-opinion-1
El colapso del dogma militar de las superpotencias
Durante el siglo XX, Estados Unidos cimentó su doctrina en la «superioridad tecnológica absoluta»: desarrollar el arma más avanzada, cara y letal para disuadir al enemigo. El conflicto actual demuestra que la cantidad y la baratura tienen su propia calidad estratégica.
https://www.instagram.com/p/DValD4zDePK/
El Pentágono está diseñado para contratos de defensa burocráticos de 15 años de desarrollo. Sus adversarios operan con ciclos de desarrollo de 15 días utilizando componentes de comercio electrónico. Este desfase burocrático-tecnológico hace que las superpotencias parezcan gigantes pesados e inflexibles atrapados en una guerra que ya no entienden.
Producción de drones: La era de la fabricación masiva
La escala de fabricación de sistemas no tripulados ha alcanzado niveles industriales propios de una guerra total, transformando el mercado militar global en una carrera de volumen y bajo coste.
Rusia:
El complejo militar-industrial ruso ha disparado su producción un 117%. Los informes de inteligencia militar confirman que Moscú “planea” fabricar 7,3 millones de drones FPV (First-Person View) y unas 110.000 aeronaves de largo alcance (incluyendo variantes del Shahed iraní y señuelos). Esto equivale a una capacidad de lanzamiento de casi 20.000 unidades diarias en el frente de batalla.
Irán:
Ha consolidado una base industrial autónoma de exportación estratégica. Fabrica miles de drones de la familia Shahed-136/131 a un coste real estimado de solo 7.000 dólares por unidad. Para Teherán, la huella de recursos y mano de obra necesaria para ensamblar un dron de ataque equivale conceptualmente a la fabricación de un tractor agrícola básico, lo que garantiza un flujo inagotable hacia sus aliados regionales.
https://phenomenalworld.org/analysis/cost-of-a-shahed/
Ucrania:
Ha crecido a un ritmo geométrico que supera de forma combinada la producción militar de toda la Alianza Atlántica (OTAN).
La industria de defensa nacional tiene capacidad instalada para fabricar entre 7 y 10 millones de drones.
En 2022 operaban apenas 7 fabricantes locales en el país. Para 2024 la cifra superó las 200 empresas, escalando la producción a 3 millones de drones FPV distribuidos en 2025.
El Ministerio de Defensa ucraniano implementó el programa «Baseline Level». Este sistema garantiza un suministro mensual predecible de drones directamente a las brigadas de combate en el frente mediante un «marketplace» militar interno denominado DOT-Chain.
La asimilación de la tecnología de drones ha modificado la estructura misma de las fuerzas armadas ucranianas, siendo el primer país en crear una rama militar independiente dedicada en exclusiva a los sistemas no tripulados.
Fuerza de pilotos: Aproximadamente 80.000 militares ucranianos están involucrados en operaciones de drones. De ellos, entre 25.000 y 40.000 son pilotos de combate activos en el frente. Esta cifra supera la cantidad total de pilotos de combate convencionales de toda el ala europea de la OTAN (estimada en unos 15.000 aviadores).
Asimetría de bajas: Los drones de ataque (desde FPV hasta «bombarderos» pesados nocturnos) causan más de dos tercios de las pérdidas totales de equipamiento blindado y de artillería del ejército de Rusia.
Ucrania no solo utiliza drones tácticos de corto alcance, sino que ha desarrollado sistemas estratégicos con un rendimiento de costes destructivo para la economía del invasor.
Deep Strike (Ataque Profundo): Ucrania fabrica de forma autónoma drones de largo alcance con radios operativos que superan los 1.500 y 2.000 kilómetros. Estos vectores han logrado golpear y paralizar temporalmente hasta el 20% de la capacidad de refinado de petróleo de Rusia, forzando al Kremlin a importar masivamente combustible de aviación desde Bielorrusia.
https://www.rnbo.gov.ua/en/Diialnist/7384.html
El uso de embarcaciones no tripuladas de ataque de largo alcance (con un 90% de efectividad operativa) ha destruido o dañado de forma crítica más de 25 buques de guerra de la Flota del Mar Negro rusa, expulsando de facto a la marina convencional de Moscú de sus bases principales en Crimea.
Software y Gamificación: A través de plataformas de aceleración tecnológica como el ecosistema gubernamental Brave1, Ucrania ha desplegado en el frente cientos de miles de drones asistidos por algoritmos de puntos de mira automatizados. Una vez que el operador humano fija el blanco, el dron vuela hacia él de forma totalmente autónoma utilizando visión por computador, ignorando los sistemas rusos de interferencia de radio o GPS.
https://www.rnbo.gov.ua/en/Diialnist/7384.html
El éxito tecnológico ucraniano ha invertido el flujo de conocimiento militar: ahora es Occidente quien financia las fábricas ucranianas para aprender de su experiencia directa.
La Comisión Europea destina miles de millones de euros procedentes de los rendimientos de los activos rusos congelados exclusivamente para potenciar y expandir la producción de drones dentro de Ucrania.
Ucrania ha firmado acuerdos de transferencia tecnológica y codesarrollo de sistemas no tripulados y software con más de 20 países occidentales. Potencias militares de la OTAN compran licencias de diseño ucranianas para adaptar sus doctrinas de defensa a la realidad de la guerra del siglo
Estados Unidos:
Históricamente rezagado en plataformas de bajo coste, el Pentágono ha tenido que reaccionar clonando la estrategia de sus rivales. En respuesta a la sangría logística en el Mar Rojo, ha desplegado el programa LUCAS, réplicas americanas de drones de ataque con componentes comerciales abiertos y un coste de entre 30.000 y 40.000 dólares por unidad, buscando revertir la ecuación de desgaste.
Con un presupuesto que es una fracción del estadounidense, la doctrina de guerra híbrida de Irán (basada en financiar satélites con drones de unos pocos miles de dólares) logra imponer un ratio de desgaste de 190 a 1 a su favor contra los recursos económicos de Occidente
El liderazgo de Ucrania y el colapso financiero occidental
El ascenso de Ucrania como la indiscutible superpotencia global en la producción de drones ha terminado por dinamitar las doctrinas de defensa tradicionales de las viejas potencias. La capacidad de Kiev para escalar su producción industrial hasta alcanzar un ritmo proyectado de entre 7 y 10 millones de drones pone en evidencia el absurdo operativo y financiero en el que está atrapado Estados Unidos y sus aliados occidentales.
Nueva matemática de guerra: la asimetría total de costes.
La brecha entre la capacidad de adaptación ucraniana y la burocracia militar de las superpotencias tradicionales se reduce a una comparativa de velocidad, volumen y dinero:
Dron FPV Ucraniano (Ecosistema Brave1)
Coste: 450€ – 700€
Producción: 3.000.000 de unidades (distribuidas en 2025)
Tiempo de desarrollo / Mejora: Días o semanas (Vía Software)
versus
Misil Interceptor Occidental (Patriot / SM-2 / Aster-15)
Coste: 2.000.000€ – 4.300.000€
Producción: Unas pocas docenas al mes a nivel global
Tiempo de desarrollo / Mejora: Años (Burocracia del Pentágono / Contratistas)
Mientras el Pentágono y las capitales europeas necesitan años de licitaciones para fabricar unos pocos cientos de misiles interceptores avanzados, los más de 200 fabricantes locales ucranianos saturan el frente utilizando componentes comerciales abiertos de apenas unos cientos de euros.
Al cruzar los datos de producción de Ucrania con la crisis de inventarios de Estados Unidos frente a Irán, el panorama geopolítico revela una contradicción estructural profunda:
En Ucrania (La asimetría ofensiva): Los drones de ataque ucranianos, asistidos por algoritmos de visión por computador que esquivan la guerra electrónica, causan más de dos tercios de las bajas de blindados rusos. Un cuadricóptero de 500 euros destruye un tanque T-90 de 4,5 millones de euros. Ucrania ha demostrado que la masa y la baratura tecnológica derrotan a la fuerza bruta convencional.
En el Mar Rojo y Medio Oriente (La asimetría defensiva): Estados Unidos sufre la cruz de esta misma moneda. Incapaz de producir armas baratas a gran escala, el Pentágono se ve obligado a defenderse de los drones proiraníes (de 7.000 a 15.000 euros) disparando misiles Standard SM-6 de 4,3 millones de dólares. Una andanada de saturación enemiga agota en horas los arsenales que EE. UU. tardó una década en acumular.
El colapso del inventario de la OTAN
La escala de Ucrania ha dejado a la OTAN en una posición de vulnerabilidad logística alarmante. Con unos 80.000 militares ucranianos operando sistemas no tripulados, Kiev cuenta con más pilotos de drones que pilotos de combate convencionales existen en todo el flanco europeo de la Alianza Atlántica.
Vaciado de arsenales: Para sostener el frente, Occidente ha enviado munición convencional y sistemas de defensa que no puede reponer a corto plazo debido a sus rígidas y lentas cadenas de suministro aeroespaciales.
Inversión del flujo de conocimiento: La superioridad ucraniana es tal que la Unión Europea ahora destina directamente los rendimientos de los activos rusos congelados para financiar las fábricas dentro de Ucrania. Occidente ya no provee la tecnología punta; la compra bajo licencia a Kiev para aprender cómo sobrevivir en los campos de batalla del siglo XXI.
El fin del monopolio de la fuerza
La combinación de la capacidad manufacturera ucraniana y el dilema presupuestario de Estados Unidos confirma el declive del viejo modelo militar imperial. Las superpotencias diseñaron ejércitos hipertecnológicos pensados para misiones cortas de disuasión abrumadora.
Hoy, la realidad de los millones de drones ucranianos y la resistencia asimétrica de los aliados de Irán demuestran que el volumen, la velocidad del software y la rentabilidad financiera importan más que el peso del acero. Las superpotencias ya no pueden quebrar la voluntad de naciones determinadas, porque la tecnología para defenderse eficazmente ahora cuesta menos que un coche de segunda mano
Alternativas contra los drones
Armas Laser:
Frente al colapso financiero de la defensa aérea tradicional, las Armas de Energía Dirigida (DEW, por sus siglas en inglés) se postulan como la única solución matemática viable para neutralizar enjambres de drones.
El concepto técnico: Las armas láser (como el sistema británico DragonFire o el estadounidense HELIOS de Lockheed Martin) concentran haces de luz de alta potencia (entre 50 kW y 60 kW) para fundir la electrónica, quemar superficies estructurales o detonar las cargas explosivas de los drones a la velocidad de la luz.
La radical viabilidad económica:
Coste por disparo: Disparar el láser DragonFire durante 10 segundos cuesta menos de 13 dólares (unos 12 euros). El coste equivale al consumo eléctrico de encender un calefactor doméstico durante una hora.
Comparativa directa: Mientras que un misil interceptor Standard SM-2 cuesta 2,1 millones de dólares y un SM-6 asciende a 4,3 millones, el coste operativo del láser es virtualmente cero.
Logística de munición: Un sistema láser no necesita cadenas de suministro de pólvora ni recambios de misiles pesados; puede disparar de forma ilimitada mientras el buque o camión disponga de energía eléctrica.
Las limitaciones reales: No son un sustituto total. Las armas láser sufren ante condiciones climáticas adversas (niebla, lluvia densa o tormentas de arena interfieren el haz de luz). Además, al ser armas de línea de visión directa, tienen un alcance limitado (generalmente efectivo a pocos kilómetros), lo que significa que sirven como defensa de última capa, pero no sustituyen la necesidad de interceptores de largo alcance contra misiles balísticos.
Microondas de Alta Potencia (HPM):
El verdadero mata-enjambresA diferencia del láser (que ataca uno a uno y requiere segundos para fundir el blanco), las armas de microondas emiten un «muro de energía electromagnética invisible» de forma cónica. Al cruzarse en su camino, las microondas fríen instantáneamente los circuitos y la electrónica interna de cualquier aparato.
Estados Unidos (Líder en esta tecnología): El Pentágono ha comprado los sistemas Leonidas de la firma tecnológica Epirus. En pruebas recientes de fuego real coordinadas por el ejército de EE. UU., el Leonidas logró desactivar un enjambre completo de 49 drones con un solo pulso de energía. La Armada estadounidense también desarrolla de forma prioritaria el programa METEOR para instalar defensas de microondas en sus buques.
Europa y Ucrania: Diversas empresas europeas cooperan con empresas de software de combate (como Helsing) para coordinar defensas de pulso. La propia Ucrania está testando prototipos de armas de microondas de desarrollo local en su frente de batalla para neutralizar las oleadas rusas.
El coste: Centavos de dólar por pulso. Dado que el sistema genera un disparo de energía eléctrica pura mediante baterías y generadores, el «coste por baja» disminuye proporcionalmente cuantos más drones haya en el enjambre
https://news.usni.org/2024/03/27/navy-to-test-microwave-anti-drone-weapon-at-sea-in-2026
https://www.aljazeera.com/economy/2026/2/14/are-lasers-the-future-of-anti-drone-warfare
El problema de la Unión Europea
¿Tiene la Unión Europea ejército para defenderse de Rusia? No de forma autónoma. Sin el paraguas nuclear y logístico de Estados Unidos, la Unión Europea pasaría serios apuros para contener una invasión rusa a gran escala a corto plazo, aunque la situación está cambiando profundamente.
El problema no es el dinero, sino la estructura: De forma combinada, los países europeos de la OTAN gastan más que Rusia en defensa. El problema es la fragmentación estructural. Europa no tiene «un» ejército, sino 27 cadenas de mando, inventarios y sistemas de armas diferentes que no siempre son interoperables.
https://conversesacatalunya.cat/es/rusia-frente-europa-las-cifras-que-muestran-su-debilidad-militar/
Carencias logísticas críticas: Europa carece de capacidades autónomas suficientes en para la fabricación de satélites avanzados, reabastecimiento de combustible en vuelo, transporte estratégico de tropas y, sobre todo, reservas de munición. La guerra de Ucrania demostró que los almacenes europeos se vaciaron en meses. Rusia, con una economía de guerra total, produce hoy más proyectiles de artillería al año que todos los países de la OTAN juntos.
https://www.bbc.com/mundo/articles/c4g76xzng51o
El factor disuasorio real: Países como Polonia, Alemania y los Estados bálticos han iniciado el mayor rearme de su historia moderna. A día de hoy, la defensa europea sigue dependiendo del artículo 5 de la OTAN; si EE. UU. se retira de la ecuación, Europa quedaría en una posición de extrema vulnerabilidad convencional.
Economía de bajo crecimiento: El coste de rearmarse a marchas forzadas, sumado al envejecimiento demográfico y los altos costes energéticos estructurales, condena a la economía de la Eurozona a un escenario prolongado de bajo crecimiento, pérdida de mercados de exportación frente a China y una pérdida progresiva de relevancia en las decisiones que configuran el orden mundial del siglo XXI.
Conclusión
El tamaño del PIB o el peso del acero ya no garantizan la sumisión de un adversario. Al obligar a las viejas potencias a vaciar sus arsenales millonarios contra enjambres de chatarra tecnológica de bajo coste, la periferia geopolítica ha encontrado la llave para neutralizar la fuerza bruta convencional.
Las palabras milenarias de Sun Tzu en El arte de la guerra siguen siendo ciertas: «Nunca ha existido una nación que se haya beneficiado de una guerra prolongada».









