
Por Jesús Sáinz
La nueva tecnología bélica se apoya en la inteligencia artificial (IA), los drones autónomos, armas láser y la guerra cibernética, transformando las batallas en luchas de algoritmos, velocidad y precisión. Estas innovaciones permiten enjambres de drones coordinados, identificación de objetivos mediante IA y ataques de energía dirigida, desplazando el enfoque del número de armas a la inteligencia del sistema.

Jesús Saínz Maza
Científico y Coordinador de la Sección
Componentes Clave de la Guerra Moderna:
Sistemas No Tripulados (Drones):
Drones FPV y de Fibra Óptica: Utilizados para evitar interferencias digitales, con cables de hasta 50 km para una conexión segura.
Un dron FPV (“First Person View” o vista en primera persona) es una aeronave teledirigida que transmite vídeo en tiempo real desde una cámara a bordo a unas gafas especiales, permitiendo al piloto volar con la sensación inmersiva de ir sentado dentro del dron. Ofrecen una experiencia de alta velocidad y maniobrabilidad. Suelen volar a velocidades de entre 80 y 120 Km por hora.
Uso de Enjambres de Drones: Coordinados por IA para saturar las defensas enemigas mediante ataques masivos y simultáneos con cientos o miles de drones.
Pare defenderse de ataques balísticos, EE.UU. usa los sistemas de misiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense o Defensa de Área de Alta Altitud Terminal), uno de los escudos antimisiles más avanzados, diseñado para interceptar amenazas balísticas tanto dentro como fuera de la atmósfera. El sistema de defensa antimisiles THAAD es extremadamente costoso, con un precio estimado por batería de entre 1.000 y 3.000 millones de dólares. Cada misil interceptor individual tiene un costo de producción y reposición de aproximadamente 10 a 15 millones de dólares. Además, su producción es muy baja: A partir de principios de 2026, Lockheed Martin ha establecido el objetivo de aumentar la producción anual de misiles interceptores THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) a 400 unidades por año. Este sistema no es eficiente para defenderse de enjambres de miles de drones. De hecho, se comenta en los medios que EE.UU. ha usado prácticamente todos los THAAD que dispone en la guerra de Irán.
Capacidad de Producción Estimada
China es el mayor productor mundial de drones, con una capacidad asombrosa que supera los 500.000 drones FPV (First Person View) al mes, cifra que podría aumentar a 700.000 en escenarios de guerra. Esto implica una capacidad de producción anual de millones de unidades, consolidando su dominio con empresas líderes como «Shenzhen DJI Sciences and Technologies Ltd».
Ucrania ha acelerado drásticamente su producción de drones, superando el millón de unidades FPV (vista en primera persona) en 2024 y con una capacidad, estimada en el año 2025, de producir entre 3 y más de 10 millones de drones anuales, consolidándose como un productor líder mundial de vehículos aéreos no tripulados.
En marzo de 2026, Ucrania ha consolidado una nueva arquitectura de seguridad en Oriente Medio mediante la firma de acuerdos estratégicos con las principales monarquías del golfo Pérsico. Estos tratados se centran principalmente en la cooperación en defensa y tecnología militar para contrarrestar amenazas comunes, como el uso de drones y misiles.
Catar: El 28 de marzo de 2026, Ucrania firmó un acuerdo de seguridad de 10 años con el Emir de Catar. El pacto contempla una colaboración «mutuamente beneficiosa» en el sector de defensa y aborda la situación de seguridad regional tanto en el Golfo como en Ucrania.
Arabia Saudita: El 27 de marzo de 2026, se formalizó un acuerdo de cooperación en defensa con el Reino. Durante la visita del presidente Zelenski, se destacó el papel de Ucrania como un socio que puede aportar experiencia en defensa aérea y antidrones ante ataques similares a los que ha enfrentado la región.
Ucrania ha revolucionado la defensa aérea mediante el despliegue masivo de drones interceptores, una alternativa de bajo costo a los misiles tradicionales diseñada específicamente para derribar drones kamikaze rusos (como los Shahed) y de reconocimiento. Estos sistemas han demostrado ser tan efectivos que su tasa de éxito se duplicó en marzo de 2026, convirtiéndose en una pieza clave de la estrategia defensiva ucraniana.
Modelos y Sistemas Destacados:
Sting (desarrollado por Wild Hornets): Un interceptor FPV de alta velocidad capaz de alcanzar los 314 km/h. Se estima que su costo ronda los 3.000-4.000 euros, frente a los aproximadamente 40.000 que cuesta un dron Shahed (fabricado por Iran y por Rusia), lo que lo hace extremadamente rentable.
JEDI Shahed Hunter: Un sistema de lanzamiento vertical diseñado para interceptar amenazas a más de 350 km/h. Es ligero (aprox. 4 kg) y transporta una carga útil suficiente para destruir un dron de ataque mediante impacto cinético.
P1-Sun: Capaz de alcanzar velocidades de hasta 400 km/h, este modelo no solo intercepta drones, sino que también ha sido utilizado contra helicópteros enemigos.
UEB-1 con IA: Recientemente presentado, utiliza inteligencia artificial para identificar y perseguir objetivos de forma autónoma a 315 km/h.
Sistema Strila: Plataforma ucraniana especializada en la interceptación de drones que ha captado el interés internacional por su eficacia operativa.
Solo en febrero de 2026, estos interceptores destruyeron más de 1.500 drones rusos, representando más del 70% de los derribos de drones Shahed ese mes.
Ucrania ha firmado acuerdos para el suministro de grandes cantidades, como el contrato con Quantum Systems para 15.000 unidades. La tecnología ucraniana está siendo demandada por países del Golfo Pérsico para defenderse de ataques masivos similares
Rusia ha incrementado drásticamente su producción de drones, alcanzando una capacidad estimada de 1,4 millones de unidades anuales para el año 2024, según declaraciones oficiales del gobierno ruso. Esta cifra representa un aumento de casi diez veces respecto a años anteriores, impulsado por la necesidad de suministrar equipos al frente en el conflicto con Ucrania.
Según documentos filtrados y reportes de inteligencia en marzo de 2026, Teherán tiene la capacidad de producir aproximadamente 5.000 drones al mes. La producción anual teórica de Irán superaría los 60.000 drones.
En contextos de combate reciente, se ha registrado que Irán es capaz de lanzar entre 70 y 90 drones diarios, lo que refleja una cadena de suministro y fabricación altamente activa.
El ejército de EE.UU. tiene poca capacidad para el uso de drones, aunque busca aumentar drásticamente su producción para desplegar al menos un millón de drones en los próximos dos o tres años (hacia 2027-2028), pasando de comprar 50.000 unidades anuales a varios millones.
En la guerra de Irán, el ejército de EE.UU. derriba los drones enemigos, que son relativamente baratos (unos 40.000 €) con misiles que cuestan millones de dólares. Una estrategia tan estúpida solo se puede explicar por la influencia que tiene la industria de la guerra de EE.UU en la Casa Blanca. De hecho, Donald Trump rechazó públicamente el ofrecimiento de ayuda de Ucrania para derribar drones basándose principalmente en la afirmación de que Estados Unidos posee tecnología superior y no requiere asistencia externa (algo que los hechos contradicen).
El uso de drones militares es muy efectivo cuando se usan «drones kamikaze» (“loitering munitions” o drones suicidas) capaces de coordinarse en enjambres para saturar defensas enemigas.
Armas Hipersónicas:
Las armas hipersónicas son sistemas de defensa capaces de volar a velocidades superiores a Mach 5 (al menos 5 veces la velocidad del sonido), lo que reduce drásticamente el tiempo de reacción del enemigo. Combinan una velocidad extrema con una maniobrabilidad significativa dentro de la atmósfera. A diferencia de los misiles balísticos, siguen trayectorias impredecibles que dificultan su detección e interceptación por radares actuales. Pueden alterar su trayectoria durante el vuelo para evadir sistemas antimisiles.
Las armas hipersónicas tienen la limitación de su elevado coste de producción.
El coste de las armas hipersónicas varía significativamente, desde opciones relativamente de bajo coste estimadas en 99.000 $ por misil por parte de China, hasta programas de desarrollo multimillonarios en Estados Unidos.
El desarrollo de armas hipersónicas en Estados Unidos implica grandes inversiones. La Marina, por ejemplo, ha explorado misiles con un coste de alrededor de 50 millones de dólares por unidad, aunque la Armada de EE. UU. ha cancelado algunos programas de misiles hipersónicos (como el HALO) debido a los elevados costes. Raytheon obtuvo un contrato de casi mil millones de dólares del Pentágono para el desarrollo de un misil de ataque hipersónico. El mercado de armas hipersónicas se valoró en miles de millones de dólares en 2023 y se espera que crezca, impulsado por el aumento de los presupuestos de defensa globales. Se han adjudicado contratos multimillonarios a empresas como Lockheed Martin y Northrop Grumman para su desarrollo.
Comparación con otras armas: En comparación, un misil Patriot, que no es hipersónico, tiene un coste unitario de entre 1 y 6 millones de dólares, dependiendo de la versión.
En resumen, las armas hipersónicas son parte de una nueva y costosa carrera armamentística. Si bien existen esfuerzos para crear opciones más asequibles, los sistemas de vanguardia siguen siendo extremadamente caros, con precios que oscilan desde cientos de miles hasta decenas de millones de dólares por misil, además de las enormes inversiones en investigación y desarrollo.
En el coste de las armas hipersónicas vemos el mismo perfil de costes que en la guerra de Irán. EE.UU. Produce armas carísimas que sirven para enriquecer a la industria armamentística del país pero que no son adecuadas para la guerra actual, mientras que otros países, como China, las producen significativamente más baratas. Este desequilibrio sugiere el principio del fin de la superioridad armamentística de EE.UU. debido a la ineficiencia de su industria, quien confabulada con el gobierno fabrica armas con precios insostenibles.
Por último, el uso de IA Generativa y Desinformación: La creación de imágenes y vídeos falsos (deepfakes) se emplea como herramienta de propaganda y manipulación psicológica.
Estas tecnologías, aunque aumentan la precisión en la guerra, generan graves dilemas éticos y jurídicos sobre el uso de armas autónomas, desafiando el derecho internacional humanitario.








