“Victoria, almacén de arte”, nueva sala de exposiciones en Zaragoza

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Por Carlos Calvo
Fotografías: D.S.

   Los artefactos plásticos, por costumbre, ya nos parecen las cosas más naturales del mundo. Pero no lo son. Algunos son maravillas, pero otros nos horrorizan.

    Los vemos como productos culturales, pero la producción de imágenes visuales, eso que hoy llamamos arte, es uno de los fenómenos más sorprendentes, enigmáticos e imprevisibles de toda la historia de la humanidad.

    En su pura materialidad, no son casi nada, solo cosas, más o menos bien hechas, como libros escritos en un alfabeto que somos incapaces de descifrar. Parece como si las industrias culturales hayan convertido las salas de exposición en contenedores de objetos que, en el mejor de los casos, pueden entretenernos u otorgarnos una pátina cultural. Pero las obras de arte no pueden ser, para la gente que los visita, solo objetos para ocupar el tiempo libre. 

  La visita a una galería de arte debería proporcionarnos, al mismo tiempo, placer y conocimiento. Eso reclama esfuerzo, como la lectura de un libro. Sin esfuerzo no hay conocimiento, pero tampoco, en sentido propio, placer. Y el esfuerzo tiene que venir por parte de quien se acerca, claro está, pero también de la propia sala para establecer estrategias de intermediación que traten a sus visitantes como sujetos activos capaces de movilizar la propia experiencia en la aventura de descubrir la vida que aquellas obras vehiculan.

  En estas disquisiciones intelectuales andábamos Dionisio Sánchez y el arriba firmante cuando nos dirigíamos a la nueva sala zaragozana de Victoria Enguita, un almacén artístico ubicado en el chaflán de las calles Mayor y San Vicente de Paúl que ha acogido la segunda entrega de ‘Putearte’, colectiva comisariada por Daniel Clemente. En efecto, ‘Putearte’ vio la luz el año pasado en la desaparecida sala zaragozana ‘K-Pintas’, y tuvo su prolongación en las localidades de Graus, de Laspuña y, finalmente, de Huesca capital, en un intento de reflexionar sobre las acepciones del término ‘putear’ que están incluidas en el diccionario de la lengua española, como “dedicarse a la prostitución”, o “injuriar, dirigir palabras soeces a alguien”, o “fastidiar y perjudicar”. Un recorrido, aventura e iniciativa sobre la experiencia del límite que acompaña siempre la condición humana. Unos descalificando a críticos y eruditos, otros guiñando el ojo al motivo conceptual tan recurrente en el universo del maditismo para acercarse a una suerte de contestación, protesta o transgresión. 

  Ahora, la exposición tiene un marcado componente cinematográfico, y no solo por el subtítulo de ‘Segunda toma’. Ahí están, para corroborarlo, las piezas de Vampi Monaghan o Jorge Nebra, acaso las más conseguidas de la muestra. Gema Plana, bajo su alias artístico de Vampi Monaghan (la memoria visual de rodajes como ‘Justi&Cia’, de Ignacio Estaregui, o ‘El miedo’, de Ferrán Queralt y Sandra Escolano) ofrece una obra que combina la fotografía y el collage con el título de ‘Ce mortel ennvi’. Por su parte, la pieza de Jorge Nebra lleva por título ‘Los Bengala’ y pertenece a la introspección fotográfica de sus ‘Psychokillers’, una serie –en fase de creación- de más de un centenar de personajes ficcionados mayoritariamente del ámbito cultural aragonés que toma como referencia la estética del cine, la literatura o el cómic, para tomar cuerpo de libro con textos de su paisano –y buen amigo- David Lozano.

  Desde las acumulaciones a los procesos inducidos, fluidos y azarosos, se agrupa el resto de los creadores, desde Sonia Abrain hasta Daniel Calvo, pasando por Alberto Ibáñez, Esther de la Varga, Rubén Belido, Laura Gimeno Lerín, Javier Burguete, Miguel Ángel Ortiz, Eva García Bajopiedra, Paco Rallo, Salvador Rubio o el grupo de acción GAZ con ‘El baile del toca toca’, una suerte de medidas cautelares en metal y enchufe. Un conjunto de piezas de diversas técnicas mixtas (fotografía, infografía, collage, lienzo, acrílico, material escolar sobre cartón) que nos inducen al placer sin palabras de las humillaciones o los fantasmas.

  El acto inaugural estuvo repleto de gente de las artes y las letras, como no podía ser de otra manera (¡ya empezamos con las frases hechas!), y la buena gastronomía también tuvo motivo de presencia en la personalidad de Chus Blasco, propietaria de la taberna ‘Entalto’, que ofreció a los visitantes una variada gama de caldos negros aragoneses y productos sólidos para degustar la velada.

    Arte y gastronomía: buen maridaje. O, como decía aquel, toda idea artística tiene una réplica gastronómica: que si la tortilla de patatas y las empanadillas, que si las croquetas de bacalao y el jamón con chorreras, que si los boquerones (ricos, ricos) y los frutos secos… 

  Además, esta segunda entrega de ‘Putearte’ se dinamizó con gente del espectáculo: el teatro imaginario de Alfonso Desentre, la poesía de Elisa Berna y Charo de la Varga, y la música compendiosa de Franco Deterioro a la voz y Patricia Deterioro al piano. Desde estas líneas deseamos a la nueva sala zaragozana (recuerden: ‘Victoria, almacén de arte’, en San Vicente de Paúl 28, esquina Mayor) una dinámica trayectoria que tanto necesita esta ciudad inmortal llamada. Ya saben, los artefactos plásticos ya nos parecen las cosas más naturales del mundo. Algunos son maravillosos, pero otros nos horrorizan…

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