Buenos Aires gigantesco


Texto: Eugenio Mateo Otto
Fotos: Juan Mateo Piera

Tres millones de argentinos viven en Buenos Aires y catorce más en el denominado Gran Buenos Aires, lo que la convierten en la segunda ciudad más grande de Sudamérica. Dos ríos son sus límites naturales, el Río de la Plata al norte y este y el Río Matanza Riachuelo por el sur.

     En esta urbe todo es gigantesco. Desde la Reserva Ecológica de Costanera Sur con 350 hectáreas en las que afloraron, después de años de abandono, distintos ecosistemas de riquísima flora y fauna. El paseo, con el río de la Plata observándonos, introduce al explorador urbano en un mundo natural de lagunas y carrizales que se mecen al compás del viento del Altántico Sur. A lo lejos, como un espejismo, los rascacielos del distrito de Puerto Madero. Hasta el fútbol se ve de otra manera porque también es gigantesco su fervor. Maradona es Dios, blasfeman sin importarles, los hinchas de los 24 equipos profesionales. La famosa Mano de Dios demostró el poder divino que se le atribuye. Por centrar, la rivalidad se extiende más allá del encono entre los del Boca y los del River y viceversa. Vimos la Bombonera, estadio del Boca. Estaba vacío pero permanecían los gritos sin sonido de cuarenta y tres mil gargantas. En cada asiento, la forma invisible de su futuro ocupante presagia tardes de infartos.

     Son gigantescas sus avenidas. La Avda. Rivadavia tiene 35 km de larga; su último edificio luce en su fachada el número 27.300. La del 9 de Julio tiene 140 metros de calzada y no se puede cruzar de una sola vez por los semáforos que tienes que salvar a la carrera. Ugarte tiene 3 k. pero cambia de nombre para engañar y se prolonga 8 km y medio. En Corrientes jamás los tanguistas llegaron hasta la casa número 6.400. Andar en esta ciudad es un ejercicio reservado para especialistas en trekking o simplemente para desnortados con agujetas.

    La Avenida 25 de Mayo tiene 10 cuadras, esto casi un kilómetro y medio hasta el Palacio del Congreso y cobija al café mas antiguo de la ciudad, el Tortoni. Es el centro comercial y hostelero. En el cruce con la avda 9 de Julio se puede ver El Obelisco.

    La Boca, el barrio donde aún se habla italiano, llegó a república independiente por unas horas lo que indica que el aire austral desbarata los sentidos. La osadía genovesa se lleva en la sangre. Al fin, dentro del gigantismo, una calle de 100 metros. Además, es una calle museo. Caminito. El que va Buenos Aires y no la visita no ha estado en realidad en Buenos Aires.

   Tango, famoso, Gardel. Caminito que el tiempo ha borrado…

   Las casas de chapa y madera son el ejemplo de arquitectura de supervivencia. Hasta aquí llegaron de Europa pobres y sin pasado en busca de un futuro que les hizo la burla. Conventillos llamaron a estas casas en las que se hacinaban varias familias. Un antiguo arroyo servía de sendero natural a cuyas orillas fueron levantadas los conventillos, que al menos tenían agua corriente a la puerta, allá por finales del XIX. Hoy es puro turismo. Gente de todos los continentes se entrechocan yendo y viniendo. Un pintor famoso boquense, Benito Quinquela, se propuso salvar este rincón y lo pintó con colores que resplandecen al sol. Hay muchas obras de arte instaladas en la calle y unos remedos de tango arrancan los aplausos de un grupo de nipones con cámara. Todo es negocio, también tradición de cartón piedra en los muñecos que nos miran desde los balcones. La Trinidad saluda a una multitud imaginaria desde las sonrisas perennes de Perón, Evita y Dieguito “El Pelusa”. Ahí es nada porque dios es trino.

    Las parrillas, generalmente pintadas de amarillo, provocan arrojándonos al olfato el olor inconfundible de esa carne argentina que si no existiera habría que inventarla. La tentación es fuerte y el hambre mucho. Un asado de Tira nos hace pensar en pampas y pamperos arreando a esta res hasta el fogón donde la espera el fuego.

    Desde aquí a Pringles, donde vivimos, hay un largo recorrido que la linea 128 acortará en lo posible. Descansar es suficiente pretexto para volver a casa. El asado y el vino nos amodorran al son de la música hip hop que una chica albiceleste escucha en unos cascos monster, justo a nuestro lado.

Fuente: http://eugeniomateo.blogspot.com.es/2012/10/buenos-aires-gigantesco.html

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