Delirios a la carta / Jorge Álvarez


Por Jorge Álvarez

“Querer que al Gobierno en ejercicio del país donde vives le vaya mal es algo similar a desear que al piloto del avión en el que vos y tu familia viajan tenga un infarto y muera”.

      Al menos es lo que pienso yo porque los adultos no nos podemos mover en la vida con caprichos de adolescentes pretendiendo que el mundo sea como a nosotros se nos ocurre. Y cuando los caprichos atraviesan el umbral del delirio y se transforman en una patología, como pasa en la política argentina, podemos hablar sin temor a equivocarnos de hijoputismo, de fascismo.                                    

    Desde la aparición del peronismo, hace más de 70 años, el populismo llegó para quedarse. Y con él la idea, grabada a fuego por su líder Juan Domingo Perón, que éste es único partido que puede gobernar porque interpreta las necesidades de la clase trabajadora. De esa manera su accionar, a través de los sindicatos, sembró el camino para la interrupción y destitución de gobiernos elegidos por la mayoría de los ciudadanos de otros signos políticos.

      Perón, como lo fueron Franco y Hitler era militar o sea que el disenso no estaba en los manuales en los que se formaron. Desde hace algo más de 40 meses, de lunes a viernes entre las 09:00 y las 18:30, en la ciudad que es la capital política y económica de la Argentina hay protestas, cortes de calles y de puentes no exentos de actos vandálicos, contra el Gobierno.                                                      

     El del actual presidente, Mauricio Macri, se va a convertir en el primer gobierno democrático no peronista en terminar su mandato constitucional desde 1928. El último fue el de Marcelo Torcuato de Alvear. Desde su creación el peronismo, en todas sus vertientes, no admite ni soporta no ser gobierno porque además tampoco concibe que el ciudadano no lo vote.                                                          

     Sólo hay que observar los sucesos que ocurrieron en el tercer paro general impulsado por la CGT, la central obrera sin obreros –sus dirigentes son millonarios enquistados en el poder- que desde su creación es la auténtica madriguera del peronismo, tuvo como actores activos a las agrupaciones de izquierda y a los sectores más combativos del sindicalismo peronista. En ese marco, y durante el acto central realizado en el Obelisco, pidieron un “plan de lucha hasta que caiga el Gobierno”. O sea que sueñan con un golpe de estado.                                                           

       Bien, ya no me cabe ninguna duda de que quieren, sueñan, ruegan que muera el piloto del avión donde también ellos son pasajeros. El peronismo está desmadrado y perdió las formas, si es que alguna vez las tuvo. En medios gráficos de España, a cambio de generosas “donaciones” de euros me imagino, a diario se escriben crónicas absurdas, delirantes y falaces mostrando una realidad concebida por el partido de la ex presidente Cristina Fernández y sus crías. Triste manera de perder, de rifar el prestigio de otrora Diarios influyentes.

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