Tempus Fugit

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Por Feli Benitez

            Mi vecino viene los fines de semana, arregla la puerta, pinta, clava, taladra, corta la hierba y así desde hace un año y medio… No realiza todas esas tareas para ningún fin. Son el fin.

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Feli Benitez
Corresponsal del Pollo Urbano en la Ribagorza
www.eltallerdefeli.blogspot.com

  No disfruta con los resultados de su trabajo. Sólo trabaja. Dedica el tiempo a hacer cosas pero no las saborea, no se detiene a tumbarse en la hierba, a reunir amigos sobre ella o a correr  sobre la alfombra verde jugando con su perro.

            Paso por delante de un lugar de acampada. La festividad de San Jorge y la bonanza climática han traído hasta la montaña a numerosos turistas. El carácter continental del clima aquí, hace que el cambio de estaciones quede patente de forma marcada. En concreto, el paso del invierno a la primavera en esta zona es de una espectacularidad que asombra. Yo, que vivo aquí desde hace años, no puedo sustraer la mirada de la caricia tierna de las flores de los almendros, de los zarpazos de las amapolas, de las parábolas que describen respecto del suelo las golondrinas que bajan a él para recoger el barro que necesitan para sus nidos…pero, ese señor que está bajo un árbol, delante de su caravana, en el recinto cerrado de un camping, mira la pantalla de un teléfono móvil. Sigue haciéndolo cuando paso dos horas más tarde por el mismo sitio.

            Conduzco detrás de un coche de vuelta a casa. De repente, el vehículo que me antecede gira a la derecha para entrar en un desvío. Tengo que frenar con brusquedad pues no me ha avisado de su intención. Enciende la luz intermitente cuando ya está en la carretera adyacente. Usa la luz para subrayar la acción, no para advertir de ella a otros. No me ha dado el tiempo necesario para entender su propósito.

            Realizo dos pequeñas intervenciones artísticas que reflexionan sobre los cambios en este territorio. La primera lleva por título “Maternidad tras el espolio” y la segunda “Sinapsis budista”.

            La primera está realizada con elementos encontrados en un pueblo de la Ribagorza -entre sus ruinas- que fue dinamitado para obligar a su último y rebelde habitante a marcharse de allí. El pueblo se llama Bolturina (quien demolió a base de pólvora: el Opus Dei que había comprado la mayor parte de las casas del municipio para construir un centro vacacional que no se ha llegado a realizar). El asa de la cazuela y la cuchara de alpaca hablan de lo cotidiano, de los habitantes que comían allí,  de las personas que padecían, soñaban, y amaban en esa tierra. Ambos elementos, junto con una garrafa de vidrio, se transforman en un abrazo que acuna. La garrafa de vidrio está desnuda. En la época en la que era útil y justificaba su existencia conteniendo vino, no podía permitirse la fragilidad y la belleza que exhibe ahora que sólo tiene función estética. Las garrafas, antaño, se cubrían con trenzas o maromas de esparto o cáñamo para que no fuesen vulnerables a los golpes y prolongasen su vida (no tenían obsolescencia programada, al contrario: se procuraba prolongar la existencia de los enseres, útiles y herramientas). La cabellera de la “madre” está compuesta por tallos secos de plantas. Están disparados, crispados. No hay líneas curvas en el cabello erizado. Lo maternal se horroriza ante lo que le rodea pero dispensa el abrazo amoroso a lo que queda… No suelo llevarme otra cosa que una fuerte sensación de tristeza cuando visito los -numerosos- pueblos abandonados de la provincia de Huesca. No cojo objetos, no me permito sustraer a esos escenarios de desolación ninguna huella. El asa y la cuchara me conmovieron y sentí la necesidad de salvarlas de la herrumbre y el olvido… del tiempo en el que fueron para que sigan, de otra manera, siendo.

            La segunda creación artística representa una síntesis de un elemento nuevo en la Ribagorza: el budismo. Hace unos años se estableció en la zona una comunidad de esta confesión religiosa y erigieron un templo y dependencias anejas. Por lo visto, dicho asentamiento tiene relevancia no sólo a nivel nacional. Los adeptos vienen de todas las comunidades autónomas y del extranjero. Reciben enseñanza, practican sus ritos y llevan a cabo estancias más o menos prolongadas. Algunos se han quedado a vivir en la comarca. La sinapsis es la unión, la función, con la que las neuronas transmiten el impulso nervioso. Las ideas, los movimientos, dependen de la sinapsis. En la Ribagorza el pensamiento budista está presente. Un observador atento encontrará las banderas de plegaria lung ta (que significa “caballo de viento”) colgando de cordeles extendidos en terrazas, balcones, árboles, rocas y otros elementos de sustento, en muchos lugares. Los discos representan a las neuronas, el hilo de metal: la conexión o sinapsis, la banderola se suma…al viento y el conjunto quiere llamar la atención sobre la realidad que han traído los nuevos tiempos.

            Hablaba de la primavera… cuando llega se acabaron las medias tintas. Nada es pardo: el amarillo de las aliagas es intenso, el rojo de las amapolas: hiriente, el verde de los campos vibra y el de las hojas recién nacidas es trémulo, los azules son punzantes y el tiempo…el tiempo es veloz, huye, se escapa, vuela…

            Ya nos advertía Virgilio: ” Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor a los detalles”

            Yo tengo mi receta para combatir el vértigo del paso veloz del tiempo: Me demoro atrapada por el amor a los detalles…y tengo quien me enseñe. Si bien es cierto que los niños reflejan el paso del tiempo, aunque pueda parecer paradójico, son los únicos capaces de detenerlo ¿Cómo? Sucede como con las banderitas budistas: hay que saber mirar, hay que localizarlas…para ver a un niño detener el tiempo hay que mirarlo con los ojos de nuestro propio niño. Solidaridad, Amor son etiquetas desvirtuadas por el uso que les damos los adultos. Los niños juegan en serio, quieren de verdad y saben lo que siente por ellos quien les quiere y corresponden de forma natural amando y permitiendo que la vida encuentre su mejor expresión.

             Os pongo deberes para este puente festivo: dejad al niño que lleváis dentro que corra por la hierba, que se tire sobre ella. Os sorprenderéis al ver cómo otros niños (algunos, incluso, de vuestra edad) querrán jugar con vosotros. Prestad atención a todo lo insignificante. Ved la película Ocho y medio de Fellini (otra vez, si no es la primera, mirando con especial atención a la parte en la que acuestan a los niños. También vale El río, de Renoir), tocad la piel de otros seres humanos y dejad que toquen la vuestra (proscrita cualquier pantalla táctil), mirad a las nubes y dejad que os sugieran figuras, escuchad al viento y dejad que os quieran. Susurrad secretos en los oídos de los animales mientras los acariciáis y mirad a los niños, miradlos bien y aprended.

(Fotografías de los niños cortesía de A. Chopo y L. Lloret)

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