El Señorío de Bobastro: rebelión contra el Califato omeya


Por Jesús Sainz

    Debuta como Corresponsal en Andalucía nuestro amigo, científico  y cofundador del PolloUrbano, Jesús Saínz, contándonos como  Omar ben Hafsún  fundó el Señorío de Bobastro que incluía un vasto territorio que iba desde Algeciras hasta Almería, incluída la ciudad de Cordoba en el norte.  Y también ilustra la historia con un interesantísimo reportaje fotográfico realizado por él mismo ¡Enhorabuena por el trabajo!

Jesús Sainz
Corresponsal del Pollo Urbano en Andalucía

    Omar ben Hafsún, de origen hispano-godo, se refugió en el antiguo castillo de Bobastro en el año 880 y desde allí organizó y acaudilló una rebelión contra el Emirato de Córdoba que duró más de 40 años, periodo en el que llegó a dominar gran parte de Andalucía. El Señorío de Bobastro incluía el territorio que va desde Algeciras hasta Almería, y la ciudad de Córdoba en el norte (ver mapa).

    Nació en Parauta (850), un pueblo del Valle del Genal en la Serranía de Ronda. Al pertenecer a una familia que se había convertido al islam hacía dos generaciones, Omar era muladí por nacimiento (descendiente de cristianos convertidos al islam). De su familia se sabe que eran terratenientes y que a su padre lo mató un oso y poco más.

    Un día Omar mató a un pastor bereber al descubrir que estaba robando el ganado de su abuelo. Convertido en asesino, se escondió en la sierra del Alto Guadalhorce (Desfiladero de los Gaitanes), dentro de las ruinas de un viejo castillo al que transformará poco después en el inexpugnable Bobastro. Era un castillo erigido sobre lo que fue un monasterio en un lugar de retiro de ermitaños que habían horadado cuevas en las rocas para vivir. Omar tenía 28 años.

   Se unió a otros fugitivos y empezó a robar en la “kura” de Rayya, región que abarcaba las sierras del sur de la actual provincia de Córdoba y casi toda la provincia de Málaga, y en la “kura” de Takoronna, región que abarcaba la Serranía de Ronda y la ciudad de Ronda, una zona pobre y poco poblada.

    Capturado por el valí o gobernador de Málaga, lo castigó con unos azotes ya que desconocía que era un asesino prófugo. Viendo lo peligroso de su situación, decidió escapar al norte de África, instalándose en Tahart (actual Argelia) donde trabajó como aprendiz de sastre. Dos años más tarde, año 880, animado por el creciente caos interno de al-Ándalus, decidió volver.

    Ayudado por su tío Muhadir, reunió una partida de mozárabes (cristianos), muladíes (musulmanes de origen hispano-godo) e incluso bereberes (musulmanes de origen norteafricano) descontentos con la aristocracia árabe dominante. Fuentes históricas musulmanas dicen que “se rodeó de sospechosos y malvados a los que ataría con la promesa del botín”. El inicio de la rebelión coincidió con la revuelta generalizada que se estaba dando en todo el territorio de al-Ándalus contra el dominio de la aristocracia árabe.

  Pronto mostró sus dotes de estratega militar. Como primera medida reforzó y mejoró las defensas del castillo de Bobastro, haciéndolo prácticamente inexpugnable al Califato de los omeyas durante más de cuarenta años.

    Sus tropas pronto crecieron en número demostrando con poder y decisión su clara rebeldía contra los emires de Córdoba. La soldadesca conocía a Omar como “El capitán de la gran nariz”. Era vitoreado en todos los sitios. Su popularidad fue tan grande que, cuando fue derrotado por las fuerzas del emir de Córdoba en el 883, le fue ofrecido el perdón a cambio de trasladarse a Córdoba con su gente y alistarse en la guardia personal de Mohamed I, el emir. No paso mucho tiempo para que se sintiera maltratado por sus mandatarios. Sus quejas fueron que era menospreciado e insultado, que le daban comida en mal estado y que le hacían pasar hambre.

    Se volvió a rebelar contra el emir y conquistó un gran territorio. El éxito de esta segunda rebelión se basó en el resentimiento de los muladíes por las prebendas del emir a los árabes y maulas (esclavos), siendo los muladíes excluidos por ser musulmanes de origen hispano-godo. Eran los parias del Emirato omeya.

    Tras las victorias iniciales, vinieron las derrotas. El emir puso cerco a Bobastro y Omar ben Hafsún tuvo que firmar un pacto: su rendición a cambio de la amnistía. Pese a que Omar no respetó el pacto, salió beneficiado. El emir murió y las rebeliones internas en al-Ándalus se sucedieron una a otra. Omar se aprovechó de la debilidad del emirato firmando alianzas con otros rebeldes lo que le permitió tomar Estepa, Osuna y Écija en el año 889. En Baena mató a todos sus defensores y aterrorizó a la región Subbética (1.597 km² al sureste de la provincia de Córdoba que constituyen el centro de Andalucía) la cual se rindió en bloque sin luchar. Las tropas de Omar podían lanzar incursiones hasta Córdoba, la capital del emirato, sin que nadie los frenase. Su actividad militar se expandió fuera de las provincias de Málaga y Córdoba. Aliado con los importantes linajes muladíes de Ibn al Saliya y de los Banu Habil consiguió conquistar Jaén, y aliado con los rebeldes de Elvira (Granada) consiguió conquistar la ciudad.

   La expansión y el poder militar permitió que el bandolerismo y saqueo inicial de los rebeldes se transformara en cobro de impuestos, multas y expropiaciones. Altos ingresos económicos eran necesarios para mantener a la población militar y a los jerarcas de Bobastro, al que transformó en una enorme fortaleza, con alcázares, arrabales, mezquitas e iglesias. El modelo de plaza fuerte se reprodujo en los territorios donde ubicó a sus subordinados y familiares que vivían en fastuosos palacios y mansiones.

    En la cumbre de su poder, Omar ben Hafsún era amo y señor de las provincias de Málaga y Granada. El emirato, muy debilitado, le reconocía oficialmente como gobernador. Además de su poder militar, su apoyo social era enorme. Los muladíes, los bereberes y los mozárabes, que representaban a la mayoría de la población, estaban a su lado en la lucha contra los omeyas.

    Convertido al cristianismo, llevó un obispo a Bobastro y construyó una iglesia para bautizarse en el año 899​ adoptando el nombre de Samuel. Intentó el reconocimiento del Señorío por el rey asturiano Alfonso III. Se presentaba como descendiente de visigodos con una genealogía de condes inventados. ​ También intento, sin éxito, ser reconocido por califas y príncipes del norte de África.

   Mientras tanto el Emirato había conseguido minar el poder del Señorío de Bobastro formando una coalición con los Banu Qasi, una importante familia muladí en la Marca Superior. Ésta era una división administrativa y militar al nordeste de al-Ándalus, en el valle del Ebro. Territorio incluido entre las orillas del Mediterráneo y los nacimientos de los ríos Duero y Tajo.

    Una fuerte derrota de las tropas de Omar ben Hafsún en el año 891 inició el declive del Señorío de Bobastro. La llegada al poder del emir Abderramán III en 912 consiguió la rendición de los rebeldes muladíes de la zona de Jaén y de los rebeldes de Elvira, privando a Ibn Hafsun de sus más importantes aliados. Aunque su conversión al cristianismo le restó seguidores, Omar continuó luchando hasta dos años antes de morir en el 918. Su hijo Suleymán mantuvo la rebeldía desde su fortaleza de Bobastro hasta 929. Tras la derrota ante Abderramán III, el clan de los Hafsún fue exilado. Se cree que la hija o nieta de Omar es Santa Argentea, recordada en la Iglesia católica como virgen y mártir.

  Cuando Abderramán III tomó Bobastro ordenó desenterrar a Ben Hafsún y mandó crucificar su cadáver y el de dos de sus hijos en una de las puertas de Córdoba. Fue el castigo por apostasía del islam. ​

    Tras la conquista de Bobastro, Abderramán III hizo enviar y leer en todas las mezquitas una carta donde decía haber acabado con la “base del politeísmo, morada de infidelidad y mentira, gloria y refugio de la cristiandad que allí se acogía y descansaba”. Poco después de esta victoria Abderramán III se proclamó califa.

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