
Por Juan Carlos Cervero y su club de andarines
Qué ver y hacer en Acered
Acered es tierra de frutales y de viejas viñas. La aridez de sus suelos dota a sus viñedos de una calidad muy especial que les ha merecido formar parte parte de la Denominación de Origen de Calatayud.
En el pasado, Acered se integraba en la Comunidad de Aldeas de Calatayud, una estructura judicial y administrativa de origen medieval que pervivió hasta el siglo XIX. En la actualidad pertenece a la Comarca de Daroca.
Duración 7:20
Distancia 30,5 Km
Ascenso 646 m
Punto más alto 939 metros
Velocidad promedio 4,2 km/h
Velocidad máxima 8,7 km/h
Cuarta etapa del Camino del Cid por tierras Aragonesas.
Entre los edificios del municipio destaca la Iglesia de la Asunción, templo barroco de grandes dimensiones construido en 1674 por Juan de Marca. Está decorado exquisitamente en su interior con yeserías de tradición mudéjar. Cuenta con un bonito retablo, un órgano del siglo XVII y una sencilla torre del siglo XX de inspiración mudéjar, construida tras el derrumbe en 1971 de la anterior, que en su caída causó grandes estragos en la iglesia.
Mención especial merece la ermita de la Virgen de Semón, verdadero centro de devoción de los aceredanos y de las poblaciones del entorno. Ubicada sobre un pequeño cerro cubierto por un pinar, entre Alarba y Acered, es un buen sitio para disfrutar de unas magníficas vistas de la campiña y tomarse un respiro en la zona de recreo y el merendero. Es famosa la concurrida romería a la Virgen de Semón el segundo domingo de mayo, que congrega a un buen número de poblaciones del entorno y en la que se celebraba un desaparecido dance de palos y espadas.
Qué ver y hacer en Atea
A camino entre la Sierra y el Valle del Jiloca, Atea da la bienvenida al viajero con los numerosos peirones que jalonan su término. Los cultivos de cereal se alternan con frutales y viñedos, ofreciendo su fruto a los esforzados agricultores que durante siglos han cultivado estos suelos de enorme aspereza.
Atea se encuentra a los pies de la Sierra de Santa Cruz; macizo paleozoico de cuarcitas y pizarras, que alcanza su mayor altura en el monte de Santa Cruz, junto a la pequeña Ermita de Santa Elena (1.423 metros): un impresionante mirador desde donde se disfrutan de unas excepcionales vistas del entorno, rodeado por un extenso bosque mediterráneo de carrascas, quejigos y rebollares.
Ya en la población, se halla la Ermita de San Roque, una sencilla construcción de origen medieval que esconde en sus proximidades una pequeña nevera excavada en la ladera, con cúpula de piedra y que ha sido recientemente restaurada. Pero, sin duda alguna, el edificio más destacado de Atea es la Iglesia de la Asunción, templo barroco de grandes dimensiones construido en su mayor parte en ladrillo, de tres naves y planta de cruz latina. Tiene una única torre, si bien se aprecia a simple vista que se tenía previsto construir su gemela que nunca se levantó. Su interior está primorosamente decorado y cuenta con un interesante retablo y un órgano del siglo XVIII.
Camino de Murero, descubriremos la Ermita de Nuestra Señora de los Mártires: un bello edificio del siglo XVIII que, aunque ubicado en el término de este último, pertenece por cercanía, historia y sentimiento a los habitantes de Atea.
Qué ver y hacer en Murero
Murero se encuentra en valle del Jiloca, rodeado de agrestes montañas entre las que se encaja el río Jiloca esculpiendo uno de los paisajes más sugerentes de todo su recorrido. La población se ubica en un extremo de la margen derecha del río, reservando las tierras más fértiles para su cultivo. En torno al río se extienden frondosos sotos en los que el visitante del Camino del Cid encontrará una agradable sombra donde resguardarse del sol estival.
Desde mediados del siglo XIX, Murero y su yacimiento del barranco de Valdemiedes, reciben la visita de cientos de paleontólogos y amantes de la geología para estudiar sus estratos y fósiles de trilobites, de los cuales se han catalogado cerca de setenta especies. Este yacimiento cuenta con un recorrido interpretado que introducirá a los más profanos en los misterios de las piedras y fósiles de hace 520 millones de años.
Testigo mudo de un pasado bullicioso, la antigua estación de ferrocarril de Murero nos habla de la existencia de la desaparecida línea Calatayud-Valencia (tren del Jiloca), inaugurada en 1902 y desmantelada en los años ochenta del siglo XX.
Al llegar a la población podremos saciar nuestra sed en alguna de sus fuentes y dirigirnos hasta la iglesia de Santa María La Mayor, construida en el siglo XVII sobre otra anterior del siglo XV, de la que solamente se conservan restos de muros y la torre, que por sus características debió de tener función defensiva.
En las proximidades de la población, se encuentra la Ermita de San Mamés, edificio de grandes dimensiones formando un conjunto con la casa del ermitaño y la hospedería. Su interior fue decorado con llamativas pinturas murales de Santiago González a mediados del siglo XIX.
Sus habitantes celebran la procesión de San Mamés el 17 de agosto, entonando el bolero del santo mientras tañen las campanas de la iglesia. Otra fecha señalada es el 9 de mayo, cuando tiene lugar la romería hasta el peirón de San Gregorio situado en el camino de Atea.
Los interesados en el mundo del vino pueden probar los vinos de los viejos viñedos de Murero, cuyas cualidades proceden principalmente de la antigüedad de las cepas de garnacha y de sus suelos de pizarra en pendiente
Qué ver y hacer en Manchones
Manchones es un pequeño pueblo de casas de mampostería y fachadas cubiertas de cal, levantado a orillas del río Jiloca, a las faldas de una pequeña loma y rodeado por tupidos bosques mixtos, principalmente de pinar.
En la iglesia parroquial de La Conversión de San Pablo (XVII-XVIII) se conserva un cáliz gótico y una interesante talla de madera del siglo XV que representa a Cristo crucificado. La iglesia, de los siglos XVII y XVIII, tiene algunas reminiscencias mudéjares en la torre.
Una última recomendación: el viajero que llegue a la localidad puede preguntar a cualquier manchonero por la bruja Catalina, también conocida como “La bruja de Manchones”.
Qué ver y hacer en Daroca
La primera visión de Daroca es una de las impresiones más sugerentes del Camino del Cid. Encajada entre dos altos cerros, las murallas, torres y tejados de la ciudad hacen retroceder al viajero a épocas lejanas. Tras una cierta capa de inexplicable olvido, el paseo por sus muchas calles, pasadizos y rincones puede proporcionar al viajero numerosas satisfacciones.
De trazado inequívocamente islámico, con la conquista cristiana se convirtió en una plaza de gran interés estratégico y llegó a tener tres castillos unidos mediante un sistema de murallas de casi cuatro kilómetros de longitud. Aún conserva numerosas torres y restos de murallas de tapial construidas con arcilla, lo que al atardecer proporciona a los muros un característico color rojizo.
Daroca es una ciudad monumental con un buen número de iglesias, palacios y conventos. Nuestra visita comienza en la Puerta Alta, una de las entradas principales a la ciudad amurallada. Es aquí donde empieza la calle Mayor, una vía de 700 metros de longitud que atraviesa la ciudad de Este, por la Puerta Alta, a Oeste, donde se encuentra la Puerta Baja, que encamina al viajero a Molina de Aragón por Gallocanta.
Nada más cruzar la puerta Alta nos encontraremos, a la derecha, con la antigua judería, casi tan antigua como la propia ciudad. Es en este lado donde se encuentran la mayor parte de los edificios religiosos de Daroca, como la iglesia de San Juan de la Cuesta o la de Santo Domingo de Silos: ambas conservan elementos románicos, góticos y mudéjares de interés.
Quizá el templo más llamativo, más netamente románico en su expresión externa, sea la iglesia de San Miguel, del siglo XII. En su ábside pueden verse unas interesantes pinturas góticas realizadas al temple en el siglo XIV; la escena representa la Coronación de la Virgen María rodeada de ángeles que tocan instrumentos musicales de la época.
Aún así, la iglesia más emblemática de Daroca es la Basílica de Santa María de los Corporales, posiblemente levantada sobre la antigua mezquita Mayor. La iglesia conserva dos ábsides del templo románico original, pero su función como custodia del milagroso paño de los Sagrados Corporales (siglo XIII) propició su ampliación monumental a lo largo de los siglos, hasta convertirse en un mosaico de estilos -gótico, renacentista, y barroco-. La riqueza arquitectónica, pictórica y escultórica de su interior hacen de esta una visita muy recomendable para los aficionados al arte.
Nuestro paseo finaliza en la Puerta Baja, un interesante ejemplo de arquitectura gótica. Pegada a la muralla, intramuros, a la izquierda de la calle Mayor, se encontraba el barrio de la morería, que tenía su propia salida a los arrabales de la ciudad a través del portal de Valencia.
Extramuros, en el paseo que se abre desde la Puerta Baja y la Fuente de los veinte caños, y que nos conduce a Gallocanta, se encuentra la iglesia de la Santísima Trinidad del Convento de los Trinitarios, predominantemente barroco, aunque con algunos elementos gótico-mudéjares que recuerdan que en ese lugar, según la tradición, se desplomó la mula que portaba los Sagrados Corporales.
Para los aficionados a la ingeniería civil, es muy interesante la visita a la Mina, una de las obras hidráulicas más destacables del siglo XVI, y cuya finalidad era desviar las aguas torrenciales y evitar las inundaciones en la ciudad, para lo cual se perforó en la roca del cerro de San Jorge un túnel de 600 metros. La entrada está situada en los alrededores de la Puerta Alta.
Además, no puedes perderte…
- La ruta del castillo y las murallas. Desde la Puerta Alta se inicia una ruta por siete siglos de la ciudad: el Castillo Mayor, las torres de nombres variopintos -de la Sisa, del Cuervo o el Jaque, de las Cinco Esquinas, de San Cristóbal, de San Valero o de los Tres Guitarros, del Águila, de los Huevos, del Caballero de la Espuela-, o las puertas -del Arrabal, de Valencia, Altay Baja– son algunos de los hitos de esta ruta perimetral de la ciudad, desde algunos de cuyos enclaves se ofrecen las mejores vistas de la ciudad. ¡Muy interesante!
- El paseo por sus calles. Iglesias, palacios como el de Los Luna, casas blasonadas, fuentes, comercios antiguos… Daroca parece en algunos aspectos una ciudad dormida, lo que permite al viajero perderse por sus calles y pasadizos, a veces laberínticos, y descubrir rincones muy curiosos. Más allá de sus murallas, torres e iglesias, buena parte del secreto de Daroca está aquí.
- Como probablemente la visita a Daroca te lleve a comer en la ciudad, si no a dormir, te recomendamos que pruebes algunos de sus postres de origen mudéjar, una dulce huella gastronómica de su pasado islámico. Daroca es conocida por este tipo de repostería; te sugerimos lastrenzas mudéjares o las almojábanas.















