La hostia con las palabras


Por José Joaquín Beeme

     Isabel Coixet presentaba en Venecia, sección Orizzonti, La vida secreta de las palabras. Apadrinada por Almodóvar, sabía que, aunque ese año venía como jurado y no a competir, el show se monta…

….de todas, todas, así que cuando la Rai le preguntó por la Manderlay de Lars von Trier dijo en su remendado italiano, que apeó súbito en español, que sí, bueno, que seguramente es un gran cineasta y le admira mucho y todo eso, pero que su forma de tratar a las mujeres, sufridoras hasta lo indecible o hasta que alcanzan una suerte de revelación, es una mierda. Vamos, que está “hasta los mismos cojones” de cómo las muestra en sus películas.

     Incluso pudiéramos estar de acuerdo, pues su Bess McNeill o su Selma Jezkova o su Grace Mulligan aparecen todas bajo el foco rasgado de un (neo)melodrama al femenino. Pero la Coixet bien pudo explayarse con me estallan los ovarios, hasta el chocho me tiene el Lars ése, joder con el machista cabrón del Dogma, y el efecto mediático habría sido parecido —”la invitada más simpática que ha pasado por nuestra cabina”— sólo que más propio y atinadamente fisiológico, sobre todo teniendo en cuenta que la barcelonesa despotricaba contra el cine sexista, asunto que le preocupa y que expresa, a través de su alter ego la canadiense Sarah Polley, por vía de un lirismo meditativo y sereno.

    Debe de ser cosa de su torería lenguaraz y frescachona, piensan los periodistas italianos de nuestra cinefauna. No hace mucho Mónica Cervera y Guillermo Toledo, entrevistados a propósito de su Crimen ferpecto, desfloraron el diccionario de la malsonancia ante sus atónitos oídos. “¡Ay, que para arriba y para abajo / hacen su efeto el coño y el carajo!” (seguidilla áurea compilada por Alzieu-Jammes-Lissorgues): las películas, tieta, hay que venderlas con un par. ¿Me sigues?

El blog del autor: www.fundaciondelgarabato.eu

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