G+M+U: El deseo no es nada en sí mismo si no lo acompañamos de una acción.


Por Cristina Beltran

“La exposición no es una exposición colectiva de tres autores. Es una exposición de obras realizadas conjuntamente. Unas veces entre dos y otras entre los tres. Nunca individuales. Hemos intentado disolver los egos para crear piezas sin autor concreto”

    La exposición que ocupa el espacio de la  Galería Spectrum Sotos en la C/ Concepción Arenal 19, hasta el 6 de diciembre, no tendría lugar si antes nuestros protagonistas, Tomás Gimeno, Luis Marco y Antonio Uriel no hubieran estado predispuestos, más allá del deseo para emprender este proyecto llevado a cabo, un experimento hecho realidad gracias a dejar un poquito de lado los egos que todas llevamos dentro.

   Soy visceral porque me importan y comparto momentos con ellos pero también  esa visceralidad  es la que impulsa al atrevimiento de poner sobre blanco lo que este trabajo en común me trasmite.

    Los tres son artistas urbanos Tomás Gimeno, el más joven empezó trabajando escultura, video instalaciones y video recreaciones, suele participar donde le da la gana colectivamente y es muy selecto en sus elecciones. Luis Marco es plástico, aunque ha tocado otras disciplinas y colabora con otros artistas, la música y el arte les une y divierte por igual a Tomás y a Luis. Antonio es fotógrafo y se mueve en las teorías existenciales, los tres poseen amplios caminos artísticos trazados por el paso del tiempo, personalidad singular y plurales objetivos que los unen.

 Entrando en la materia de las obras realizadas para esta exposición señalar que sorprenden y mucho, porque no van en la línea de pureza que cada uno tiene por separado y que es, sin duda, fácilmente reconocible, en este caso han salido de su zona de confort, se han esforzado, para llevar a cabo cada una de las obras que se muestran.

  No en todas está la acción de los tres, pero sí en la mayoría. Para los artistas es muy delicado, casi humillante, que otra persona meta mano en tu obra, las obras son como las vemos y no de otra manera, por decisión propia, en este caso por una labor de esfuerzo decidida por tres partes. Sobrevuela el trabajo, el tiempo y la amistad; existen referencias a ella, (Bericat) por ejemplo en algunas obras en las que aparecen  imágenes de otros amigos artistas , de la familia o de sus propios retratos estrechados y unidos con cinta fotográfica, dándoles importancia y homenaje en sus vidas y en sus obras .

     Sobrevuela el trabajo un cuarto miembro cuyas ideas picto escritas han servido de base en algunas obras, se trata del padre de Luis Marco y su escritura pictórica elaborada al final de su vida y con la que Luis ha trabajado de forma intermitente.

   La potencia desgarradora de algunas obras no puede medirse sino al verla cada una, penetrando al fondo del misterio y de la melancolía, de la crudeza y la reflexión personal.

   Si nos quedamos en la pura estética son válidas, todas ellas, sobre eso no cabe discursión, pero si nos adentramos en lo conceptural descubrimos otro mundo disfrazado de superficialidad y de estética más retro que nos lleva hacia el “alma”, que va hilando las imágenes para estar desnudas ante las obras, me quedo también con la idea aparente que sugieren, la reutilización, el juego, la diversidad de formas que podría pasar inadvertida a simple vista, pero que si te paras a pensar, te lleva a tu propia soledad, a tu propio recuerdo, a tu existencia banal y fugaz.

    Para dar comienzo a su proyecto pusieron un libro sugerente cada uno de ellos, Antonio uno de André Breton, Luis una guía de Londres y Tomás un tomo de enciclopedia, fué un singular ejercicio de base, que planea en el desarrollo de los trabajos expuestos a lo largo del viaje al que nos invitan a participar. Se encuentran los mapas, los mapas más o menos explícitos de la memoria y el tiempo, del eterno viaje con sus estragos, anécdotas y momentos paralizados.

    Hay una pieza que no necesita ningún tipo de explicación, las tres orejas de cerdo con sus sombras y sus auriculares, hay un librito de diapositivas con fotos antiguas trabajadas, hay objetos kitch que se convierten en útiles artísticos, hay estarcidos sobrevolando fotografías y puntillas para vernos reflejadas más allá del papel fundiéndonos en el interior de la obra, hay juegos de puzzle  y unión de objetos  muy variados para conformar una pieza, hay hueco para la incertidumbre y la esperanza, hay memoria escrita de listados de libros y de compras, de épocas históricas pasadas, estamos ante un completo, si lo pensamos y si no lo pensamos, pasará sin pena ni gloria, como una de tantas.

   Una exposición que merece visitarla, un trabajo sostenido en el tiempo que delata las inquietudes de estos artistas, una calidad humana emocionante que debe ser más parca en palabras, porque no son tan necesarias, porque al ver las obras, si te esfuerzas en valorar  tu tiempo en la sala, vas a salir reconfortada y pensando lo mucho que nos queda por digerir de ella, por vivir en los adentros de cada pieza, por compartir hablando en buena conversación junto a los otros…que es de lo que se trata.

De su propio catálogo:

    “Tal vez enfrentar la soledad acabe definiéndonos como especie, pero el hecho adquiere otro sesgo entre quienes persiguen la creación. Es esta un instrumento de doble filo, capaz tanto de ahondar en la perplejidad y la incomprensión como de levantar un refugio frente a ese abismo, a través de coincidencias felices a menudo. Esta muestra surge de la amistad y durante su preparación abundaron los momentos en que la satisfacción por el encuentro nos hizo olvidar el objetivo marcado. Los tres nos expusimos como artistas desde prácticas diversas a finales de los setenta y en la década de los ochenta, un período de eclosión —con enorme curiosidad por tradiciones contradictorias, también con un desdén injusto a veces por lo pasado— y de ruptura con las estructuras de la dictadura. Entonces se generalizó el concepto de multimedia, que actualizaba propuestas de las vanguardias clásicas y del conceptualismo de las décadas anteriores. En los trabajos que ofrecemos ahora subsiste renovado ese interés por la manera en que los medios y las visiones modeladas en ellos se contaminan entre sí. El nudo de forma y significado descubre cabos nuevos cuando aquella se modifica en contacto con otros soportes y técnicas. Queda también una lección de humildad por esta dilución acordada de los egos de la que, sin embargo, salimos con la percepción de una subjetividad reconfortada”.

Los artistas:

Tomás Gimeno (Zaragoza, 1962). Artista multimedia, desde los años 80 trabaja en escultura expandida, instalación, videoinstalación y videocreación. Ha exhibido trabajos en exposiciones (IV Muestra de Arte joven, Círculo de Bellas Artes, Madrid; Nuevos creadores aragoneses, Sala Amadís, Madrid; Madrid qué joven eres, Matadero, Madrid; Zapping, Sala de la Comunidad de Madrid; Tráfico de Arte. Galería, ciudad y periferia. MUSAC, León), en muestras y festivales de vídeo (II Festival de Perfomances y vídeo de Madrid, I, II y III Jornadas de arte alternativo, C.C. Delicias, Zaragoza; Travesía, Palacio de Sástago, Zaragoza; Periferias, DPH, Huesca; Inventario. Accidente. En la Frontera, Centro de Historias, Zaragoza; Proyecta Aragón 2007, 2009, 2011, 2013, 2017 y 2019, Zaragoza).

Luis Marco (Zaragoza 1953). Soy artista plástico, aunque he hecho incursiones en otras disciplinas artísticas. Comienzo a mostrar mi obra influida por la música y las vanguardias de principios del siglo XX en 1975. Entre 1976 y 1978 resido en Barcelona; de allí me quedan Gaudí, Miró, Tapies y algo de Dalí. De vuelta a Zaragoza, participo en fundar una familia que me aporta la base y energía para continuar mi trabajo. Entonces empiezan a interesar mis obras, estimuladas durante unos años por las corrientes artísticas de aquel momento (transvanguardia, neoimpresionismo), y contribuyo en algunas de las exposiciones colectivas que ayudaron a introducir y normalizar el arte contemporáneo en Zaragoza. Posteriormente, y con un trabajo ya más personal, colaboro con las nuevas galerías (Provincia, CAZ) que con mucho esfuerzo intentaban ofrecer unos trabajos en consonancia con el momento artístico que se vivía en España. Más tarde, varias exposiciones y ferias como ARCO y Basilea con la galería Buades. Con el paso de los años fui interesándome en participar en trabajos colectivos; de ahí surgieron el proyecto Memoria Compartida presentado en Zaragoza Rebelde, la colaboración con Pedro Bericat en Mute Sound y los trabajos con el colectivo Caja negra.

Antonio Uriel (Zaragoza, 1957) es fotógrafo, interesado por las cuestiones teóricas y existenciales que suscita el medio. Ha participado en diferentes exhibiciones de fotografía española en Europa y América del Sur (entre otras, Nueve en los noventa; El ojo crítico/El ojo lírico. Fotografía española de los noventa; Mirages. Les illusions de l’imagination; en el catálogo de referencia Cuatro direcciones. Fotografía contemporánea española 1970-1990), en ferias de arte (ARCO, Découvertes, Arte Lisboa) y en las muestras del colectivo artístico Caja negra. Hay obra suya en diferentes colecciones públicas (Bibliothèque Nationale de France, IAACC Pablo Serrano) y privadas. Ha publicado Vademécum para un suicidio eficaz (junto con el escritor Ángel Lahoz, 2007) e Infierno, XXXV (PUZ, 2012). Su última exposición individual es TALAS ATLAS (Galería A del Arte, Zaragoza, 2020)

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