Lorenzo Franzetti entrevista a José Joaquín Beeme


Por Lorenzo Franzetti

Todo nace de un garabato

 «Esta es la forma primordial de las ideas». La mano se mueve sobre un papel, empuñando un lápiz, y la carezza está ya más allá de esa línea que se retuerce, navega en otra dimensión.

     El lápiz se detiene y luego vuelve a partir. El garabato es un brote de vida, fantasía informe que se desliza de los sueños y del pensamiento de José Joaquín Beeme, una especie de ratoncito que pare cada día montañas de ideas. Ideas que cobran forma en un ángulo insospechable, un barrio residencial de Angera: sí, un lugar que nunca imaginarías como un venero de cultura y fantasía. Junto a su casa, al fondo de una callecita sin salida, se abre un senda que conduce a otro bungaló, a un jardín y a un garaje que José Joaquín ha transformado en laboratorio de ideas, oasis creativo, atelier de arte y pensamiento. Todo con ayuda de su mujer, Malena, historiadora del arte, muy atareada estos días con un ciclo de conferencias con motivo de la hermosa exposición de Francisco de Goya en el Palacio Real de Milán.

     Goya es la estrella polar en casa Beeme, pero entre sueños, garabatos y realidad es difícil encuadrar con una foto fija a este personaje, llegado de Zaragoza hace más de veinte años. Es como pretender que un petirrojo se quede quieto en una sola rama: imposible; en una fracción de segundo ya está en la de al lado. “¿Quién soy yo? Quizás sea mejor explicar lo que hago.” Pinta, ilustra, escribe, realiza cortometrajes, crea esculturas, traduce libros, fotografía, diseña libros propios y ajenos. Usa todo lo que puede, todas las artes posibles para dar forma a sus ideas, nuevas cada vez.

    En su mirada siempre encendida, en movimiento dentro y fuera de sí mismo, empiezas a atrapar la unicidad de este hombre, delicado y comedido en sus actitudes pero en constante fermento interior y exterior. Sus días son un continuo dar forma a algo que tiene dentro. Hay una necesidad irresistible en él, plasmar sus estados de ánimo, dar forma a una materia interior hecha de poesía, emociones y realidad vivida: no importa cómo. Picasso decía, a propósito de la inspiración y las ideas: “Yo no busco, encuentro”, y también Beeme encuentra y trata de dar forma a sus ideas, acaso partiendo de un garabato, para luego dar en un cuento, en una pintura, una fotografía, una escultura, un vídeo.

Pequeño Grand Tour e investigación lacustre

     José Joaquín Beeme nace en Zaragoza en los años 60, y el pueblo natal de Goya está muy cerca de allí. Estudia jurisprudencia, se licencia en Derecho, pero se apasiona por la escritura y el periodismo, gracias al cual conoce Italia. Ganó una beca literaria [del Instituto de Estudios Turolenses] y eso le dio la posibilidad de hacer un viaje a Italia para escribir. Casi como en tiempos de Goethe, este Grand Tour de los años 90 creó un vínculo, un sentimiento indeleble en el corazón de un joven periodista como Beeme: «Fueron seis semanas inolvidables, en las que tuve la oportunidad de contar a mi modo, sobre todo, Roma, Nápoles y Sicilia.» Unos años después, la vuelta a Italia como funcionario de la Comisión Europea es una sorpresa, tal vez una señal del destino: en los años del periodismo había mandado un currículo para una oposición, relativa a un trabajo en el ámbito de la comunicación, y diez años más tarde recibe una llamada de teléfono: en principio, esperaba que le contactasen de Bruselas, Estrasburgo o Luxemburgo, y en cambio fue la oficina de comunicación del Centro de Investigación de Ispra: «Admito que tuve que buscar un mapa y mirar en internet dónde estaba ese pueblo del lago Mayor. Acepté el contrato y heme aquí viviendo, hace ya veintidós años.»

     En Angera, donde vive con su familia, ha construido un auténtico nido para las ideas y los sueños: «Angera es un lugar ideal para un artista; me encanta sobre todo cuando no hay turismo y la naturaleza, los silencios, los colores, el viento, inspiran tantas cosas.» En sus largas caminatas por las orillas del lago, se detiene a menudo para recoger materiales de aluvión que, luego, se convierten en parte de sus obras. Beeme ha dedicado un libro a su país de adopción: A. Z Cuaderno angerino, una colección de reflexiones y relatos sobre Angera, a ojos de un español, donde cada capítulo sigue las letras del alfabeto.

     Desde la escritura o la pintura hasta la realización de piezas de video-arte, es realmente difícil encuadrar todo el arte de Beeme. Con Malena ha creado algo único en su género, la Fundación del Garabato, que privilegia también las microediciones: precisamente en la sede angerina, Malena y José Joaquín han erigido un mueble especial para La Torre degli Arabeschi, que contiene todas sus propuestas editoriales artesanales, preciosas publicaciones con poesías, fábulas, cuentos, dibujos, y que no están a la venta porque son objeto de donación. Difícil darles un valor comercial, pero sí cultural. Son pequeños relámpagos, ideas atrapadas y llevadas al papel, que le han permitido colaborar con realidades maravillosas como la casa editorial Pulcinoelefante de Alberto Casiraghi». 

Un jardín creativo, una torre de arabescos: todo es mágico en esta casa

      Surrealismo, sueños y fantasía se transforman en obras, criaturas, intuiciones, proyectos. Beeme acaba de clausurar una muestra maravillosa en el Cinema Nuovo de Varese, dedicada al director y guionista visionario Luis Buñuel, donde ha propuesto pinturas-manifiesto realmente sugestivas. Y de los cuadros de grandes dimensiones a los cuadernos: «Soy un cuadernista empedernido.» En sus viajes, en su cotidianeidad, las ideas principian en un cuaderno. Dibujos, poesías, cuentos, garabatos… Y de los cuadernos, muy a menudo, esas ideas saltan a las paredes de la sede garabata y a su jardín externo, una auténtica joya artístico-botánica, enésimo tesoro casi secreto en el corazón de Angera, realizado en colaboración con Claudia Pimpinelli (curadora del jardín medieval del castillo Borromeo), Michael Kleih (experto en botánica), Laura Arcelli (paisajista), Lucia Volta (experta en flora espontánea) y Guido Scattolini (historiador).

    Del jardín al taller, de la Torre degli Arabeschi llena de microlibros a esos cuadernos repletos de arte garabatesco, pasando por la fotografía y proyectos gráficos de envergadura, como el que realizó con la Asociación de Partisanos para el Fiore Meraviglioso, espléndida colección de libros y discos con testimonios de la Resistencia. Siempre en movimiento, incluso armonizando creaciones gráficas y vídeo con la música.

    Picasso es una presencia constante en su pensamiento, Goya su maestro de referencia, y lo demás libertad de expresión, continuo manantial de inspiración e ideas. «Los grandes descubrimientos suceden ante todo en la mente, en el pensamiento. La idea es una luz, un estímulo que toma forma. Soy un gran curioso, un animal extraño lleno de curiosidad que trata de entender. En la vida y en el trabajo puede haber organización y método; aquí, por el contrario, dejo que el caos tome las riendas.» Entre la miríada de proyectos, perseguidos y realizados, llama mucho la atención la última idea que está desarrollando (y seguramente no es ni siquiera ya la última), dedicada a los animales de los artistas. Son trabajos audiovisuales, pero también de investigación histórico-artística, en los que profundiza en los vínculos que ligan a ciertos animales con grandes artistas: el primero fue el lince de Goya, y seguirán la mariposa de Frida Kahlo y los cuervos de Van Gogh.

Goya y Picasso, entre sueños y voluntad de dar coherencia al caos

    José Joaquín te mira y, cuando persigue una idea, te das cuenta enseguida, su mente está siempre alerta, abierta a lo nuevo. «No se puede salir de uno mismo. Pero yo soy así y no quiero tener un estilo único. Animal paradójico, ya digo, lo único que no puedo controlar es el tiempo; por lo demás, a lo mejor mi caos en busca de coherencia puede ser de alguna utilidad.»

    Una vida volcada al arte, aunque, en definitiva, su trabajo oficial no esté lejos de la creatividad: la comunicación, incluso científica e institucional, es de todas maneras un acicate. “Desciendo a un pacto con el mundo, digamos así; en todo caso, siempre, en cualquier momento de la jornada, la idea llega como un destello, una luz, como ese garabato sobre el folio. No dejo de pensar en arte y, desde mi rincón, dialogo con los maestros.»

Entrevista publicada en publicada en Varesenews y en Verbanonews 

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