
Por Raimundo M. Soriano
Cae la tarde. El grajo vuela bajo y el cuervo, que es muy inteligente, se dispone a refugiarse en un pino muy tupido tras la rama más gruesa del árbol.
Amenaza tormenta con granizo y las piedras de hielo pueden destrozar el cuerpo del animal.
Los cuervos son aves muy resistentes y presagian buena suerte. En Inglaterra, más concreto en la Torre de Londres, viven cuervos como amuleto de la invasión y permanencia de la monarquía. La reina madre, Isabel II, que creía en meigas, procuró que no les faltara comida y cortejos.
En China, con Mao Zedong, la cosa les fue peor. El Timonel pensó que las aves eran uno de los problemas de la gran hambruna china de los años 60 del siglo pasado. Dio orden a la población para que cazaran y se alimentaran de la carne blanca. La consecuencia fue que casi desaparecieron “las plumas” del cielo chino y a la hambruna se le unió la catástrofe ecológica.
Las aves del graznido, en este periodo de caza, no desaparecieron de Pekín, porque se las ingeniaban para eludir las trampas que la población diseñaba. Mao acertó en algunas cosas como el hijo único, pero con las aves se pegó un tiro en el pie.
Pero dejemos de hablar de animales inteligentes y vayamos a los mamíferos de dos patas: los humanos y su supina imbecilidad. El imbécil, según la Real Academia Española (RAE) es un “adjetivo que define a una persona alelada, escasa de razón”. También como tonta y falta de inteligencia.
Hay muchos ejemplos de imbécil y en política hay unos cuantos. En estos días se está juzgando la trama o caso Kitchen. Las declaraciones de un tal M. Rajoy y una tal Cospedal sonrojan al más imbécil del español medio. Pocos entienden como un señor como éste pudo ser presidente del Gobierno español.
Pero a un gallego le ha sustituido otro gallego en la dirección del partido. ¿Futuro presidente? Que Dios nos coja confesaos. Un necio que sólo dice sandeces y se trabuca como su colega, pero sin gracia. El M. Rajoy decía una obviedad “un vaso es un vaso” y el alcalde no sé que… Los medios de comunicación le reían la gracieta y convertían este chascarrillo en un signo de inteligencia para un tonto o un imbécil.
En Madrid tienen como presidenta a una lumbrera. Sus declaraciones serían objeto de un artículo propio. Pero si nos quedamos con lo sustancial de lo que dice y cómo lo dice, es un truismo que sale de una boquita conectada a un papel escrito o a un pinganillo. Cuando deja de ser Monchito aparecen las incoherencias y el desvarío de su discurso. Los madrileños la aguantan como la reina del vermú.
El presidente de Aragón, ungido recientemente, un tal Azcón, anda por los derroteros de sus compadres de otras autonomías unidos a la mano de Vox. Un señor que adelantó las elecciones siguiendo la consigna de Génova y cuyo resultado no fue el deseado. Ahora tiene una mosca cojonera que le marca el rumbo a seguir: la prioridad nacional. Un amuleto que cada uno lo interpreta como quiere.
No obstante, el tal Azcón, que, en algún medio de comunicación importante, lo proponían para ser la tercera vía en la sustitución del actual presidente del PP, A. Feijoo, -si no gana las próximas elecciones- entre la reina del vermú y el torero Bonilla. Ha perdido chance por los resultados electorales: bajó en escaños y ese traspié lo dejó con media estocada travesera y una sonrisa congelada para optar al salto de la política nacional.
En la política internacional tenemos varios mandatarios que compiten por ser un verdadero imbécil. El primer cajón del pódium está ocupado por un señor color naranja. El imperio americano tiene a un presidente aficionado a los tuits, donde un mensaje por la mañana es blanco y por la tarde es negro. Todo coherencia. Sin embargo, ha provocado una guerra en Irán que la pagamos el resto del planeta.
En las televisiones hay imbéciles para dar y tomar. Las chorradas y los gritos se superponen en las tertulias y en los programas de entretenimiento. Se inventan espacios dentro de la escaleta que dan grima. Un ejemplo: marichochos. Una ocurrencia de un “genio” que tiene más de imbécil que de provocador. Luego vienen programas como Horizonte, La isla de las tentaciones, Supervivientes, varios Master, etc. que conmueven la cultura para crear un imbécil integral.
De las redes sociales decir algo original de los imbéciles que reúne, es perder el tiempo.
Las personas que van por las calles, a primera vista, parecen normales. Todos tenemos una responsabilidad para crear una sociedad justa y equitativa. El capitalismo neoliberal ha desplazado los ciudadanos a unos consumidores compulsivos. Los centros comerciales y las tiendas reúnen a la felicidad del instante. Un perrito, una hamburguesa, una falda, una camiseta y unas zapatillas de marca tienen la sonrisa del momento.
Cuando el consumo desaforado es una necesidad, se está a un paso de ser un perfecto imbécil.








