
Por Manuel Medrano
https://demareteion.wordpress.com/
Por Manuel Medrano
Chicooosss, cada vez que veo un informativo en cualquier cadena de televisión, me dan ganas de deprimirme pero… ¡no lo conseguirán! Más que informativos, parecen episodios de una teleserie de terror.
Guerras que no acaban de ninguna manera y, como única posibilidad, se aplazan un poco, o ni eso. Catástrofes naturales debidas al cambio climático, o al clima cambiático, o a la furia de los dioses o, en muchísimas ocasiones, a la imprudencia y desidia de los hombres. Pestilencias múltiples y variadas que nos azotan, nos aniquilan, o al menos nos acojonan. Pulsos entre grandes potencias, pulsos entre pequeñas potencias, los ciudadanos en medio como invitados de piedra o sacrificios de sangre. Escasez brutal de vivienda, la comida disparada de precios, los salarios que no llegan para sobrevivir y, los que llegan, recortados brutalmente por impuestos y tasas que no se sabe a dónde van en su mayor parte. Corrupción política, y de otras índoles. En los “templos de la democracia”, los parlamentos, peleas de taberna a un coste desorbitante en sueldos, medios materiales y gastos directos e indirectos.
Menos mal que tenemos fútbol, mucho fútbol, y obras urbanas que lo dejan todo igual o peor que estaba pero que a alguien le meten billetes en la cuenta. A veces se cuela alguna buena noticia, normalmente contada de forma lacrimógena y escogida por su neutralidad absoluta dentro de lo políticamente correcto.
Teleterror, en su gran mayoría, combinado con telenadería, mezcla perfecta para idiotizar al personal o que contenga el aliento, que el miedo paraliza y congela el pensamiento. Pero soluciones a los problemas reales y crudos, pocas, y su aplicación inflada o simplemente teatralizada. Eso sí, colorines, espectáculos cutres y anuncios directos e indirectos (pagados) de lugares donde solazarse gastronómica o etílicamente, a porrillo.
En otros medios, el panorama es similar. Y las redes sociales son un reflejo de los canales de comunicación oficiales y oficiosos, aderezadas con algoritmos y opinadores reales o ficticios subvencionados por alguien muy interesado en que prevalezcan sus versiones de la realidad, sus opiniones y sus intereses. Su imagen del mundo.
¿Pues sabéis que os digo? Que me da igual. Pienso seguir disfrutando de la vida e intentando hacer felices a los míos y a mis congéneres. Ni decadencia de Occidente ni de Oriente, ni crisis de la democracia ni auge totalitario, yo quiero ser librepensador, libredisfrutador y, en una palabra, ¡LIBRE! Y al que piense otra cosa, estoy de acuerdo, pero que se lo aplique a su propia vida y conducta y me deje en paz.
Eso sí, seguiré clamando y luchando contra la absoluta y sistemática destrucción de la Cultura que se aprecia en todas partes, pues está siendo devastada mediante criterios de selección sesgados emanados de auténticos imbéciles que saben cómo hacer negocios, pero no cómo enriquecer a los ciudadanos en sus experiencias y comprensión del mundo.








