Aba Ababa Bau

 
Por Rubén Enciso

    Después de tantas y tantas muertes anunciadas del arte, llega  la verdadera muerte del mercado del arte desde la crisis del 2008. Si hubiera que comenzar a estudiar un nuevo lenguaje pictórico renaciente, en el Museo Guggenheim de Bilbao coincidieron  en el 2016 dos exposiciones contrapuestas que son interesantes de analizar.

    La de Jean Michel Basquiat y la de Jeff Koons. Dos artistas englobados en el Pop Art por lo que suponen de aterrizaje en el arte figurativo decretado con muy buena intuición por Andy Warhol, pero dos artistas de muy diverso signo y en direcciones opuestas,  dos líneas alimentadas por Warhol.

  A Jeff Koons se le considera el artista que desarrolla el término warholiano de “artista promotor”, gestor o curator, porque es el señor de las ideas que luego técnicos seleccionados por él le ejecutan en materiales muy diversos con técnicas de una perfección tradicional.

  Niega las vanguardias americanas por lo que tienen de experimentación formal y técnica, y se vuelca hacia el oficio de la artesanía tradicional. Parece ser que si hay que volver a representar la realidad pop nada mejor que la artesanía para ello y producir objetos pop. Pero objetos pop para vender y vender muy caro, lo más caro posible en el mundillo del arte.

   ¿Quién consume arte? ¿Quién puede pagarlo bien caro? ¿Qué entiende ese comprador como arte? ¿Qué parámetros culturales tiene esa gente? Pues depende.

   Si el comprador es un millonario le gustarán los materiales tipo mármol, cristal de Murano, porcelana de Sèvres, y oro mucho oro. Si es su esposa con más tiempo libre, además para ser modernilla, el aluminio puede estar bien. El estilo en cualquier técnica será figurativo idealizado y ajeno a todo drama, y una temática aculturizada y banal como corresponde al artista pop, alimentando los mitos más ingenuos e incluso infantiles es el estilo pompier.

  El cliente millonario adora las falsas ciudades como Eurodisney, Las Vegas, o Abu Dabi en las que se reproducen modelos históricos arquitectónicos en mármol, granito y acero, o en madera y oro, de manera que los materiales auténticos maltratados adquieren una apariencia de decorados de cartón piedra. Esos son los marcos incomparables en donde encajan las obras de la factoría Jeff Koons.

   Así asistimos al arte comercial de alto standing con los ojos desorbitados ante el buen sentido comercial, porque ¿Acaso los artistas más rotundos no han trabajado siempre para los poderosos? Si, pero los que más lo han hecho han sido los pompier.

   Tenemos pues en esta exposición de Jeff Koons arte con temática picante incluso, que demuestra que la obra es claramente pompier. No solo porque haya esculturas de él follando con Cicciolina, sino porque él mismo se representa con su polla de una dimensión sospechosa, porque… “ya que me hacen un autorretrato”.

   Un autorretrato así, será en ese contexto de nuevos ricos un retrato con coche, y se comentará el tamaño de la polla en los fiestorros de la élite.

  Jeff Koons es un pompier con ironía plastificada por la visión comercial con un espejo barroco-rococó que te cruza la cara con oro, mucho oro. O con el negro Mikel Jackson y su mono en porcelana de Sevrès mas blanco imposible.

   Todos los iconos populares son reproducidos a grandes tamaños y materiales carísimos hacen que la sublimación del pop art sea pensada para reproducirlos en joyas de Tous y porcelanas de Lladró, sin mostrar ningún avance con el lenguaje escultórico ni pictórico. Esta es la regresión intelectual perfecta para producir bibelots como productos consumibles de gama alta.

  De Jean Michel Basquiat dice la Wikipedia:

…Pero fue a partir de 1980, siendo aún un vagabundo, cuando comenzó a dedicarse principalmente a la pintura. J.M. Basquiat poseía una cierta curiosidad intelectual y sentía una verdadera fascinación por el expresionismo abstracto, por los trazos gestuales de Franz Kline, por los primeros trabajos de Jackson Pollock, por las pinturas con figuras de De Kooning y por las caligrafías de Cy Twombly, todo lo cual, junto a sus raíces haitianas y portorriqueñas, le llevó a tener un gran dominio del grafismo expresivamente gestual. Interesado también por las combine paintings de Robert Rauschenberg y por el Art Brut, de Jean Dubuffet, así como por la cultura popular, sus graffitis adquirieron una cualidad plástica y expresiva cada vez más próxima a la de la reciente pintura norteamericana, hasta el punto de que, unos años más tarde, Jeffrey Deitch definió su trabajo como una “chocante combinación del arte de De Kooning y de los garabatos pintados con aerosol en el metro neoyorquino”.

  Completó su formación autodidacta como oyente en la Escuela de Artes Visuales, donde entró en contacto con el pintor y autor de graffitis Keith Haring.

   Digamos que es un neófito culto que no se traiciona nunca así mismo. Más que grafitero es naif, y más que culto conoce el expresionismo abstracto por intuición. Para hacer sus imágenes se deja llevar por el instinto y traduce al pop figurativo las experiencias espaciales de la abstracción.

   Si al expresionismo abstracto le abrió las puertas del mercado del arte la CIA americana, a Jean Michel Basquiat se las abrió el expresionismo abstracto y el trabajo pictórico en común con Warhol pop, y Clemente de la transvanguardia. 

   Con la exposición “Collaborations” que realizaron conjuntamente en 1984 en Zúrich, entre los tres construyeron el “aba ababa bau”, los cuadros más comprometidos del final del siglo XX.

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