La mujer que venció a Phileas Fogg


Por Esmeralda Royo

 “La indignación es un combustible poderoso que enciende las almas”.

      La mujer que escribió esto fue Nellie Bly, primera reportera de investigación y pionera del periodismo de infiltración o encubierto (aquel en el que el periodista oculta su identidad para sumergirse en un entorno cerrado y hostil para revelar información de interés público)

       Nacida en 1864 en Pensilvania en una casa llena de niños (entre hermanastros y hermanas sumaban 15), Elizabeth Jane Cochran leía todos los periodicos que entraban en casa.  Cuando tenía 16 años lee un artículo en el Pittsburgh Dispatch titulado “Para qué sirven las mujeres”. No hay que ser muy avispada para saber que el autor, del que afortunadamente desconocemos el nombre, defendía que las mujeres debían dedicarse a limpiar casas y criar hijos.  Esto la escandaliza de tal forma que envía una carta de protesta, bajo el pseudónimo “Solitaria huérfana”, que más que una carta era una cuchilla afilada.  La misiva tiene tal repercusión que el editor, George Madden no sólo le ofrece un trabajo sino que le da el nombre con el que será conocida: Nellie Bly.

     La relación con el Pittsburgh Dispatch no durará mucho porque enseguida es relegada a la sección para mujeres, así que asume que la carrera periodística tendrá que hacerla por su cuenta.

    Hace las maletas y con apenas 20 años emprende un viaje a México para informar sobre las revueltas bajo el régimen de Porfirio Díaz.  De aquí nace “Seis meses en México”, libro de crónicas periodísticas en el que, además de sumergirse en las tradiciones indígenas, informa sobre las protestas y denuncia la situación miserable en la que vive la mayoría de la población.  Esto provoca su expulsión inmediata del país tras enfurecer a las autoridades. “Siempre hay una historia detrás de cada mirada”.

    Nellie Bly ya tiene el prestigio suficiente para elegir dónde y con quién quiere trabajar, así que se presenta en el New York World y solicita trabajo de reportera a su propietario, el todopoderoso Joseph Pulitzer.  Si bien es cierto que era una publicación sensacionalista no lo es menos que Pulitzer le ofrece lo que ella quiere: total libertad para contar lo que crea que puede interesar al público. Si quieres trabajar como un hombre ¡hazlo!, le dice Pulitzer.

     Es cuando realiza su primer trabajo de periodismo encubierto ingresando en el asilo psiquiátrico para mujeres de la Isla Roosvelth como una enferma más. Encuentra una situación desoladora: enfermas mal alimentadas rodeadas de excrementos y ratas; mujeres sanas ingresadas por el padre o esposo para reformar un carácter que no era considerado “correcto” para la época.  Tras un tiempo en la Isla Roosvelth o en cualquier otro establecimiento de este tipo, estas mujeres ya eran irrecuperables.  Después de diez días y ante el peligro de que realmente acabara enferma, Pulitzer la rescata. Escribirá una serie de artículos que más tarde se compilarán en “Diez días en un manicomio”.  El libro se convierte en un escándalo que hará cambiar las condiciones de las internadas.  “Si no puedes cambiar el mundo, intenta cambiar la vida de una persona”.

     Sugiere a Pulitzer que quiere realizar la vuelta al mundo para pulverizar el record de Philleas Fogg narrado por Julio Verne en “La vuelta al mundo en 80 días”.  Pulitzer tiene sus reservas: una mujer necesita demasiado equipaje y resulta peligroso que esa aventura la haga en solitario.  Ante la amenaza de que si él no quiere otra publicación lo hará, accede. También es cierto que debió hacer números y comprender que el viaje y su publicidad le resultarían enormemente rentables.

     “La valentía no es ausencia de miedo sino la acción a pesar de él”.  El 14 de noviembre de 1889, Nellie Bly, de 25 años, emprende el viaje sola, con una bolsita al cuello con el dinero, vestida con un abrigo bajo el cual lleva dos vestidos y con una bolsa de mano con varias mudas de ropa interior como todo equipaje.  40.000 kms que la llevarán a Londres, Paris (donde conoce a Julio Verne que promete felicitarla publicamente si rebaja los 80 días), Italia, Port Said, Canal de Suez, Mar Rojo, Mar de Arabia, Yemen, Ceilán, Malasia, Singapur, Hong Kong, Yokohama (fuera de toda influencia británica y occidental) y San  Francisco para volver a Nueva York.  Lo ha hecho en 72 días, 6 horas y 11 minutos.  Julio Verne le muestra publicamente su admiración.

    Abandona durante un tiempo el periodismo cuando a los 31 años se casa con el millonario Robert Seaman, 40 años mayor que ella.  Su prestigio como periodista de infiltración hace correr la broma de que se ha casado con el magnate para poder escribir después sobre la experiencia de casarse con un anciano.  Cuando enviuda se da cuenta de que no sirve para hacerse cargo de los negocios de su marido porque lo que ella pretende (mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y darles cobertura sanitaria) no da los beneficios que requiere la competitividad del capitalismo, así que vuelve al periodismo.

    En 1913 cubre la histórica Convención a favor del sufragio femenino que se celebra en Washington así como la primera gran marcha política que se produce en la ciudad.  Emocionada, informa sobre las miles de mujeres que marcharon con una disciplina propia de un desfile militar acompañadas de 9 bandas de música.  La manifestación pacífica fue bloqueada por hombres exaltados que insultaron y agredieron a las  manifestantes ante la inacción policial.  No obstante, fue un éxito e  impulsó la 19ª enmienda que acabaría reconociendo el voto femenino.

    Antes de morir como consecuencia de una neumonía a los 57 años, le quedaba un reto por cumplir: ser reportera de guerra en el frente oriental de la Primera Guerra Mundial. Una mujer, a menudo fotografiada hundida en el barro, informaba sobre el horror de una guerra que comenzaron ancianos con mentalidad del siglo XIX para que murieran jóvenes que acababan de estrenar el siglo XX.

Nelly Bly: “Nunca subestimes el poder de una mujer decidida”

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