De Herat al Ara (Capitulo III)


Por Gonzalo del Campo

    El título que recoge estos poemas y artículos “De Herat al Ara”, son una mezcla de realidad y ficción. Abarca un periodo de más de quince años. Aunque el eje vertebrador de esta selección esté cercano a la guerra o los conflictos, abarca también otros muchos  temas.

   Desde el año 2003, en un programa de radio llamado “La Máquina de Escribir” que, a día de hoy, se sigue emitiendo en Radio Sobrarbe, he ido desgranando estas reflexiones sobre asuntos que he considerado de interés o relevantes para escribir sobre ellos. Aunque puede parecer un cajón desastre en su temática, hay  un hilo conductor, que consiste en el punto de vista crítico que adoptan la mayor parte de los textos. Herat representa la parte más cercana a esa guerra permanente en la estamos inmersos desde hace mucho tiempo. Ara es el nombre del último río virgen del Pirineo, que tantas veces he paseado y disfrutado. En lo referente  a los textos sobre la guerra, que aquí se presentan, abarcan desde un año antes de la Guerra de Irak. Aparecen otros artículos relacionados con la Iglesia, los viajes, la literatura…

    Espero que puestos en el contexto en que fueron concebidos y escritos, puedan resultar de interés a los posibles lectores.

UN DÍA CUALQUIERA

    Anteayer se produjo la muerte en atentado selectivo del líder de Hamás: Ahmed Yasín.

     Aseguran las autoridades israelíes que “a la larga es una forma de asegurar la paz. Los palestinos seguidores de Hamás aseguran que la respuesta a este acto serán más muertes de israelíes y que “Israel no conocerá la paz” en esta guerra larvada que ya dura décadas.

     La paz que quiere asegurar Sharon es la de los cementerios, apuntalando así, la misma noción de paz en los palestinos, que cada vez practican más a menudo la auto inmolación en actos desesperados y mortíferos.

     ¿Todo el empeño antiterrorista va a converger, a escala planetaria, en iniciativas policiales de mayor control y más agresivas en la manera de establecer los filtros antiterroristas? ¿Se va a emplear la catalogación maniquea y simplista que ya se aplica en los aeropuertos de Estados Unidos? Allí se clasifica a los viajeros en “inocuos” o “normales”, si no representan un peligro, ni siquiera potencial; “dudosos” (sin que sepamos el criterio que anida en esa consideración ambigua), a los que se atribuye un color que no les deja libres de sospecha. Finalmente los proscritos del “paraíso”, los que son algo más que sospechosos y no entrarán en el “reino de los cielos blindados”, pues su origen o curriculum es abiertamente dudoso o potencialmente peligroso.

    Se están abriendo brechas en las leyes sobre detención y encarcelamiento de terroristas. Quizá, en un futuro, algún dirigente sienta la tentación de extender esta excepcionalidad a otras situaciones. Guantánamo ha sido un precedente y “aparentemente” una excepción peligrosa.

     ¿Qué se consigue aplicando las medidas adoptadas en Guantánamo, aparte de castigar a los reos con el infierno de la incomunicación, el trato vejatorio y la tortura física y psicológica?

     En Palestina, con la construcción del muro y la presencia de helicópteros en misiones de crímenes selectivos, se pretende conseguir otra especie de gigantesco Guantánamo.

    Como las ollas a presión, cuando no tienen válvulas de escape para que por ellas se libere la presión interna, cuando estallan, pueden provocar un efecto metralla, de alcance imprevisible y peligroso.

   Y si sólo fuera Palestina, pero también Chechenia, Irak y países africanos a los que se intenta exprimir. También países de Sudamérica, víctimas de los ensayos perversos de la economía globalizada, además de la corrupción de sus propios dirigentes (algo también omnipresente hasta ahora).

     La lucha contra el terrorismo no puede olvidar las diversas situaciones que viven los países de los que pueden surgir los posibles terroristas.

     La irracionalidad de los fanáticos puede que no tenga vuelta atrás, pero el hecho de que sus acciones puedan ser justificadas por amplios grupos, en determinados países, sólo podrá comenzar a cambiar cuando al terrorismo no se responda exclusivamente con la guerra o el terrorismo de Estado, con la asfixia económica que condene a pueblos enteros a la miseria o con la prepotencia neocolonial de ver en ellos, tan sólo, almacenes de materias primas o de materias energéticas, sin importar que sus gentes malvivan entre el hambre y las enfermedades mas mortales y con guerras alimentadas por ríos de armamento descontrolado.

    Se cosecha lo que se siembra y ya se sabe que quien cosecha vientos recoge tempestades. Estas cada vez tienen menos barreras, pues los principios de respeto por los pueblos y los lugares en que se asientan no se cumplen, sino que se convierten en nuevos motivos para pensar que Occidente no es tan inocente, ni lo que se cuece ahora es una película de buenos y malos, una del oeste, vamos.

     ¿Qué objetivo persigue el terrorismo al golpear de forma brutal e indiscriminada el corazón de las sociedades occidentales?

     Ni siquiera en el “World Trade Center”, que como símbolo podía ser la representación más genuina del capitalismo y una de las creaciones de su imperio sin fronteras, el objetivo fue discriminatorio.

     En este y otros grandes atentados, atribuidos al terrorismo islámico o reivindicados por él, las víctimas pertenecían a países, a razas, a religiones y culturas diferentes, incluida la musulmana. Muestran la ceguera que guía a quienes los perpetran y los financian.

    El miedo y la violencia sólo engendran más violencia y miedo y todos salimos perdiendo.

    Los países, que son posible objetivo, se blindan.

    En aras de la seguridad, la vida de los ciudadanos se envuelve, cada vez más, en rituales de control aduanero y policial. En algunos lugares son tantos los que no están libres de sospecha que sus habitantes se ven abocados a vivir entre la paranoia como algo normal.

     ¿La sospecha habrá de convertirse también en un mal necesario y cotidiano?

 4-2-04

 

     Estos días leo a Kapuscinski. Esos  retazos breves de su “Lapidarium”, en los que se entrevé su espíritu sensible, siempre atento, solidario de gentes, cuya voz ha sido hurtada.

    Hay una lagartija que se atreve a salir de su escondrijo. Hace ruido al moverse entre las hojas secas. Hoy marzo me saluda alegre, calmo, con el calor discreto de un día intermedio entre el viento y el frío. Las olas diminutas que engendra el pantano suenan igual que lametazos líquidos de un perro sediento que bebe, ora con parsimonia, ora con ansia.

     El aire no se mueve, pero el agua rebosa en su cadencia de besar las orillas, de refrescar las piedras que calienta el sol.

    Dos patos protestan de haberlos asustado en esta hora tranquila de la siesta.

    Buceo entre las piedras y aparece, de pronto, un negro sapo, acartonado y seco, con una mosca de reflejos verdes recorriendo su boca.

     Ni siquiera las piedras permanecen mudas, pues cada una con su color, tantas veces cubierto por el barro, descubre al sol su esencia de guijarro, susurrando una historia de sílice o de cal, de hierro oscuro o granito jaspeado.

    Las violetas anuncian su discreto morado.

    Un topo sale huyendo de la hojarasca y va directo al cado que se abre, como madriguera, bajo una piedra que abraza la raíz de un árbol.

    Mientras hilvano hechuras de lo insignificante, rememoro las fotos de estos días. Un Haití decididamente africano, hasta en la forma de encauzar el odio y la violencia. Me doy cuenta de que, en uno y otro lugar, África y Haití, se recoge en imagen el momento mismo del horror. El fin de un hombre, al que se le ha ceñido un neumático ardiente, prolongando la barbarie en el acto de acabar de linchar un símbolo.

    Mientras el dictador (Mobutu, Amín, Aristide…) ha volado hacia el limbo que protege su vida y, a veces, su fortuna. Se ha puesto a salvo de las convulsiones que desata la turba enajenada y armada hasta los dientes, no se sabe muy bien con qué fusiles.

   Haití siempre me pareció un retazo de África, emparedado en una isla del lejano Caribe.

    Yo creo en los esquejes de un alma que se expande, que sueña con la tierra sin barreras, sin fronteras que ensalcen las banderas, sin amores que maten de ceguera.

   ¿Qué pasa en estos sitios donde casi todo se maneja desde fuera cuando conviene a un santo y seña?

    Durante muchos años ha sido aislar a Cuba. Otra isla con tintes africanos.

    Ha sido cobijar a los tiranos bajo las anchas alas del águila calva.

   Dejar que las empresas hurgasen en las selvas, en busca de las plantas y los seres vivientes para etiquetarlos y hacer de las patentes una nueva frontera, excluyendo primero a quienes las conocen y respetan, pues su vida siempre ha ido en ello.

18-2-2004

 

GOYA Y GAZA

      Estas Navidades estuve viendo la exposición  “Goya y el Mundo Moderno”. Pensar en Goya y en parte de su obra artística es penetrar en el lado oscuro del ser humano. En una gradación progresiva, tal vez muy meditada, se pasa del retrato y la vida cotidiana al enigmático universo de “los Disparates”

    Parecen las ramas del miedo. Polifemo el bobo, toca las castañuelas, siguiendo el canto de los difuntos. Cabalga su memoria a lomos de un oso alado, enfurecido y ciego.

   No hay tregua en la barbarie de monstruos deformes, que gritan a la noche, más oscura que el fango de las alcantarillas.

    Procesiones de sacos fantasmales, contienen un hálito de horrores.

    Rostros, tan imposibles como una pesadilla amable.

   Hasta la fiesta tiene semblantes desencajados. Siempre es de noche cuando los locos vuelan y torvos frailes señalan con el dedo el camino invisible hacia el infierno

   La voz hueca de un cráneo anuncia que la siembra de muerte está madura.

    Recoge a borbotones el estertor oscuro de los que ya no vuelven.

     Pasando por lo grotesco, se adentra uno en el espacio de la violencia y, junto a Goya aparecen Otto Dix y las trincheras de la Primera Guerra Mundial con sus espectros más espeluznantes de lo que supuso el comienzo de una era, la de la muerte en masa. Gas y metralla unidos. El cartel de Heartfield muestra una hiena gigantesca sobre una pila de cadáveres y un título que pone los pelos de punta: “Guerra y cadáveres, la última esperanza de los ricos”. La visión de Castelao sobre la barbarie humana impresiona hasta el extremo en su dibujo titulado “no fondo do mar”. Acompañando, aparece la Madonna de Munch, a cuya vera vemos lo que podría ser un niño somalí, que la contempla en su desperezarse.

   El triunfo de la muerte sobre una multitud carnavalesca de Ensor es otra imagen en la que otro genio se detiene a plasmar los imprecisos límites de la locura humana colectiva.

   Después nos acercamos a la visión que Picasso, Dalí y Miró despliegan sobre la guerra civil, para pasar luego a Saura, Millares, Bacon y a una última imagen de un invierno impreciso, pero gélido que completa ese viaje visual a la cara habitualmente oculta de los seres humanos.

   A la mañana siguiente, sin abrir siquiera el diario, en primera página, leo que en Gaza ya se cuentan más de doscientos muertos, en el primer ataque de otros que vendrán a multiplicarlos. Sigue la era del gas y de la muerte en masa., Hay quien dice que la desproporción de la respuesta israelí a los cohetes de Hamás no se debe calificar así, es adecuada a la mayor capacidad de sufrimiento del pueblo palestino. Menos mal que quien lo dice es un intelectual moderado.

     Otro intelectual. Apelidado Gluskman dice que dada la situación es lógico que Israel emplee a fondo su arsenal.

    No tengo duda de que Hamás no alberga buenas intenciones con respecto a Israel, ni que haya provocado en lo que le toca, esta situación, pero Israel lleva pasándose por el forro mucho tiempo las resoluciones de la ONU, construyendo muros cada vez más altos, controlando el agua y los recursos de sus vecinos, en definitiva construyendo la mayor macro cárcel que existe hoy en día. Y está claro que el desafío no lo lanza solo a los palestinos, sino a toda la comunidad mundial, cuando bombardea escuelas con ese armamento que tan generosamente le dispensa su amigo americano  y que incluye en el muestrario bombas de racimo y de fósforo.

     Gluskman parece sugerir, que la rematadera sería acusar a los judíos de genocidio, pero la verdad, llevan camino de cometer la misma locura que provocó su intento de exterminio.

     No se puede combatir el terrorismo con otro terrorismo aún mayor en el que las víctimas inocentes acaban siendo el principal objetivo.

     Israel ya no puede seguir yendo de víctima, cuando se ha convertido en verdugo del pueblo palestino y aplica con él parecidos métodos a los que los nazis usaron en su día con ellos.

SEGUNDA OPORTUNIDAD

     Son muy pocos los que tienen una segunda oportunidad de vivir de otra manera algo en lo que han fracasado o la vida que les ha tocado bajo el signo de la desgracia o la pobreza. Solo en los cuentos de hadas aparecen una y otra vez situaciones que nos hacen soñar en que todo es posible.

    En la vida real conozco pocos casos en los que a alguien se le ofrezca una segunda oportunidad, pero curiosamente esos casos son de personajes que acaso no merezcan tener esa fortuna.

     Me acuerdo de algunos a los que la justicia humana parece empeñada en darles las oportunidades que quizá no debieran tener.

    Esta semana salió en la prensa la foto de Mark Tatcher, el hijo de la famosa primera ministra británica, acusado de participar en un intento de golpe de estado en un país africano. En la foto, rodeado de los policías que le habían detenido, Mark sonreía como si estuviese seguro de su inocencia o más bien de la impunidad, que le otorgará una nueva oportunidad para seguir con sus negocios, al parecer bastante turbios.

    Otro caso es el de Mario Conde, quien parece  haber  gozado de un retiro sosegado más que de una condena por sus grandes desfalcos, en espera también de disfrutar de entera libertad.

    ¿Tendrá también Pinochet una nueva oportunidad de acogerse a la demencia senil que le libró de ser procesado por sus inmundos crímenes y acallar entre otras la voz de Victor Jara para siempre?

    Esa senilidad no le impide seguir teniendo a buen recaudo la fortuna que amasó en sus años de dictador en Chile.

    Donald Rumsfeld también podrá seguir al mando del imperio por un tiempo a pesar de las  infames torturas  cometidas contra los presos iraquíes de la cárcel de Abú Graib, parapetado tras sus subordinados.

    Esperemos que su jefe directo, Georges Bush, no tenga una segunda oportunidad de poner patas arriba el mundo pues para muestra ya vale el botón de sus cuatro años de mandato, tras los cuales el planeta es un lugar algo menos seguro.                           

 DESAPARECIDOS

     Estas navidades he tenido la oportunidad de contemplar la exposición “Desaparecidos” del reportero y fotógrafo Gervasio Sánchez. La visita a dicha exposición estuvo guiada por él mismo, quien sala por sala nos fue explicando el contenido y el significado de las decenas de fotografías que componían la muestra. En 122 fotografías y un centenar de retratos, el autor repasa la historia de los desaparecidos en América del Sur, en Asia y en Europa, desde las últimas décadas del siglo XX hasta 2010. Incluye también una incursión final en las desapariciones, durante y después de la Guerra Civil, en su propio país, que como todos sabemos ha intentado a través de la llamada “Recuperación de la Memoria Histórica”, aclarar definitivamente un episodio sangrante, inconcluso y  dado por cerrado, en falso, durante la llamada Transición.

     Aparecen imágenes de Chile, Argentina, Perú, Colombia, El Salvador, Guatemala, Irak,  Camboya, Bosnia-Herzegovina y España, tomadas entre los años 1998 y 2010. Además de fotografiar las fosas comunes en las que han aparecido los restos de los desaparecidos, el fotógrafo nos muestra los centros de tortura, que en algunos casos albergaron miles de presos de todas las edades. En el caso de Camboya, como en el de los campos de concentración nazis, se han convertido en museos del horror, que quizá puedan ayudar a que episodios como estos no se repitan.

    Gervasio Sánchez explica gráficamente el proceso que lleva a los supervivientes, los que han vivido para contarlo, a la búsqueda de sus seres queridos en todos aquellos lugares por los que presumiblemente pasaron. En el caso de Argentina, muchos desaparecidos fueron a parar al fondo del mar, como al parecer le ocurrió a Bin Laden, por lo que su búsqueda resulta hoy imposible. “Muestra las instalaciones donde hacían desaparecer a las víctimas -prisiones, acuartelamientos centros de detención-, sus objetos, el “único vínculo físico”, y hasta los trabajos de exhumación e identificación”. Aparecen también “madres con los objetos de sus hijos secuestrados y desaparecidos en Guatemala, o una fosa, encontrada en 2003 en Iraq, con los restos de más de 3.000 personas asesinadas en 1991 bajo el régimen de Sadam Husein”. Sánchez ha explicado que para llevar a cabo este proyecto, que siempre tuvo en mente desde 1984, aunque lo inició en 1998, ha tenido que “sentir el impacto del dolor” para poder transmitirlo después con “decencia”.
“Estuve una hora solo, porque quería estar solo sintiendo la losa del dolor, recorriendo una instalación de unos 250 metros cuadrados con más de 4.000 bolsas de restos humanos en Tuzla (Bosnia-Herzegovina)“. A diferencia de otros países como Colombia, Bosnia o Guatemala, en España, ha comentado Sánchez, no se ha planteado con “seriedad” la búsqueda de los desaparecidos porque la clase política, en la que incluye a todos los partidos, “también los de izquierdas”, han actuado con “cobardía”.

     “Empecé a escarbar en nuestro país después de que una periodista de la Agencia Efe me lo preguntara en 2008, y me encontré con una situación brutal de dolor, similar a la que vi en otros países, como Guatemala” ha explicado. Hay quien afirma que se trata de fotoperiodismo de denuncia en estado puro, son fotos que recuerdan el horror, el dolor, la impotencia, el silencio y el olvido. El horror de la tortura y el crimen, el dolor de los familiares, la impotencia de la cordura frente la barbarie, el silencio cómplice de los encubridores y el olvido de los estragos de los criminales.

     El tiempo transcurrido desde las desapariciones es mucho. Resulta mucho más difícil no solo dar con las fosas comunes, sino poder identificar a las víctimas. Esta labor, como bien sabemos, tiene detractores muy influyentes que han llegado a sentar en el banquillo a un juez por atreverse a llevar a los tribunales los crímenes del largo periodo franquista. Es una paradoja  que lo que en otros países ya se ha hecho, como es permitir que los vivos sepan donde están sus muertos, en España siga siendo casi un imposible.

CONTRA EL AZAR.

Soy Ismail.

     Tengo poderosas razones para pensar que todo en mi vida ha sido producto del azar.
He nacido en mitad de una guerra. Me crié entre alambradas. Un campo de refugiados en el que la suerte era vital para sobrevivir.

      Un mes después de haber nacido, la falta de luz y de alimentos atrajo el pánico y la muerte a aquel lugar inhóspito, del que todos huyeron cuando empezó a convertirse en cementerio, paraíso de buitres y de cuervos.
 
    Correteé después entre los campos, sembrados de obuses y de minas. Solo el azar, pensaba, pudo hacer de mi un superviviente indemne, cuando, tan cerca, ví saltar en pedazos la alegría infantil de mis amigos. Quien no moría, quedaba inútil, preso de la tristeza, aparcado en un tiempo de guerra, que oscurecía el sol y volvía invisible la tibia primavera.

    Mi primer amor fue exquisito y efímero, un remanso de paz entre las ruinas.
Abrazados de noche, cogidos de la mano por el día. Qué ventura ser uno, conjurando el desierto en un mar de caricias.

    Amina, de ti me despojó el azar.

     Una lluvia de hiel me moja, despiadada, desde entonces.

    Habito en una tierra que arde entera, desde Kandahar a mi querido Panshir, tras décadas de guerra.

     Aún te escribo versos, labrados con mis manos en la tierra.

    Cada poema es una flor abierta, de color ceniciento.

    Crece hacia dentro y me mutila igual que a mis amigos muertos.

    No quiero que el azar me siga maltratando con premeditación y alevosía.

    No quiero que la muerte, otra vez, me busque como a su compañero.

    La abrazaré mañana en mis montañas.

    Enterraré mis versos de ceniza en medio del silencio de flores verdaderas, que crecerán un día, aunque yo no las vea.

     Volaré en un segundo, como esas aves negras que huyen hacia el norte, para escapar al ruido de la guerra.

    Haré un corte de mangas al azar.

    Frente a él seré libre, al menos y tan solo, de morir como me plazca

 

( A  J.A. Labordeta  )

 CORAZÓN DE CARTÓN

     Qué decir de la trampa de la melancolía, cuando nos sentimos insignificantes, como seres inútiles ante la aberración de un mundo tan absurdo, que nos deja mudos de impotencia y convierte nuestra voz en apenas un susurro, sin siquiera el valor de una brizna de hierba o el soplo de una ráfaga de aire.

     Y aún así, hemos de decir lo que sentimos.

Esta lenta mañana

me ha hecho decir al sol

que tengo de cartón

mi corazón mojado

 

Aunque grite al silencio la ira

del hombre que ha nacido

en “el lado bueno” del espejo,

el rumor de chicharras

el trino lejano de un pájaro que canta

o el mecer suave de la sabina oscura

son menos espejismo que mi voz

 

 UNA HORMIGA EN LOS MONEGROS

            La inmensidad se pierde, una neblina roja de piedra carcomida, desecha en polvo, suspendido, flotante. El extraño animal camina lentamente, sus ojos no ven pero, por ellos, otros seres lejanos miran el paisaje y analizan cada roca, cada indicio.

     Marte asoma en el alba del humano en  forma de guerrero y de planeta

    Una esfera roja despierta en el cielo en cada crepúsculo al llegar el azul profundo de la noche.

    Un dios impulsivo alienta al combate y los humanos, mientras, le hacen la corte. Como  si jamás hubiéramos sabido de Homero.

     Mientras los poetas cantan a la luna, Marte permanece oculto.

    Aún Julio Verne puso el límite de su viaje espacial en la luna.

    Marte surgió como nueva frontera en los inicios de la Ciencia  Ficción.

    Seres extraños, verdes, de lenguajes indescifrables y con diversas intenciones en el fin de su viaje. También con diversa suerte en su destino terráqueo.

     En la televisión, “Los Invasores” o “Perdidos en el Espacio” fueron diferentes paisajes en la exploración de posibilidades. Mientras tanto, la exploración de Marte ya era un objetivo.

    ¿Qué buscan los humanos en Marte?

    ¿Lo mismo que en la Tierra?

    En la tierra los humanos buscamos los sueños, gozar de la montaña

    y sus senderos, navegar en el mar lejos de toda playa, dibujar caminos en la espuma, llegar a las más altas cumbres con nuestro aliento solo, atravesar desiertos y contemplar sus noches frías de cristal, con la bóveda oscura cuajada y rebosante de guiños brillantes.

Bajar ríos de vida y no de lodazal.

Acariciar riberas de sarga o de manglar.

Soñamos una tierra que sirva de hogar a todos los humanos y en la que muchos no tengan que conformarse con vivir soñando sobrevivir tan solo.

Mientras tanto el artilugio va recogiendo muestras diminutas, que se procesan a gran velocidad para mantener la tensión de la noticia con cada descubrimiento.

Soñamos que el agua nos siga regalando su materia. Aunque se muestre violenta, a veces, como producto de un clima inesperado que no acertamos a explicar hasta que miramos hacía la tierra desde el espacio.

El maltrato a la tierra es constante.

Mirad hacia el Sahara desde arriba.

En las fotografías de los satélites los desiertos aparecen en rojo.

Si pudiéramos echar hacia atrás la  misma mirada  diez mil años, veríamos que el color era otro y había ríos en el altivo Hoggar o el Tibesti.

Miremos también los colores que cambian en el globo porque se destruyen espacios con avidez, de bosque o de selva, buscando lo que las entrañas de la tierra albergan.

Somos humanos, mujeres y hombres, seres que navegan en la deriva ordenada de un planeta que gira doblemente. Sin saber hasta cuando estaremos aquí. Solo sabemos que seremos partículas del cosmos algún día, porque no es otra cosa la muerte  la vida en suspenso que deja su estela.

Mas, antes de que llegue ese momento, paremos a tomarle el pulso a la Tierra y oigamos lo que dice dentro.

Buscar otros planetas. Seguir el esquilme de éste.

¡Qué gran paradoja!

Continuará

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