Italia: Alicia ya no vive en el éter (?)


Por José Joaquín Beeme

    Se cumplen 50 años de Radio Alice, una FM boloñesa que duró poco más de un año, de febrero de 1976 a marzo de 1977. Inspirada en la niña-topo de Lewis Carroll (de viaje con Jefferson Airplane), instalaron un transmisor, procedente del desguace de un tanque del ejército norteamericano, en una mansarda del barrio Puerto-Zaragoza, en pleno casco histórico de la capital emiliana, que traía ecos de la Resistencia y de Mayo del 68.    Una muestra en el antiguo hospital psiquiátrico Roncati celebra el aniversario, contextualizándolo en las luchas estudiantiles de los “años de plomo”, en el congreso antirrepresión que vio las performances de Dario Fo y del Living Theatre, a vueltas con los payasos…

Por José Joaquín Beeme
Corresponsal del Pollo Urbano en Italia

….callejeros y los estrafalarios carnavales, los aguerridos roqueros que atronaban en húmedas bodegas de la ciudad vieja, los pintureros globos aerostáticos de Giuliano Scabia, el activismo creativo del DAMS (referencia mundial de la Universidad de Bolonia en materia de música, artes plásticas y del espectáculo) donde afilaban su ingenio Umberto Eco o Gianni Celati.

     Montada a través de la cooperativa Estudios e Investigaciones sobre el Lenguaje Radiofónico, Alice optó por el lenguaje de la calle, dialectal, incluso sucio: “escriben sus textos —rasguñó un crítico de Il Resto del Carlino— en papel higiénico”. Reunió a una redacción variopinta, asamblearia, que daba acceso al micrófono a todo el mundo; sin publicidad: no había que venderse al capital; sin una estructura organizativa, nada de jefes ni jerarquías; sin una programación preestablecida, pura improvisación abierta, por primera vez, a llamadas telefónicas en riguroso directo. Un continuo flujo creativo sin filtro ni censura. “Radio Alice —anunciaba una de sus proclamas— transmite música, noticias, jardines floridos, tonterías, invenciones, descubrimientos, recetas, horóscopos, filtros mágicos, amores, boletines de guerra, fotografías, mensajes, masajes, mentiras.” Por sus ondas circulaban también recensiones de libros, poesía, cuentos del mundo bajo la rúbrica Blancanieves con botas, tablas de yoga, llamamientos feministas o estudiantiles, vinilos enteros: de Beethoven a Tim Buckley, de Patti Smith a los Area, de Jimi Hendrix a Albert Ayler, del rock demencial de Freak Antoni & Skiantos (Karabigniere Blues) al rock dadá de Gaz Nevada.

    Como sigla de apertura y cierre, Lavorare con lentezza del cantautor pullés Enzo del Re, que dio también título a un film de Guido Chiesa (2004) donde se reconstruía aquella rebelde y por momentos trágica estación del Movimiento 77: “Abajo vuestra moral, vuestra religión, vuestra política, vuestra arte…” Una compilación musical, Sarabanda, producida por Humpty Dumpty de la Federación de Radioemisoras Democráticas, y el documental Traumfabrik de Emanuele Angiuli, aportan nuevas perspectivas sobre aquella insólita efervescencia creativa. 

    Acusados de haber alentado, incluso dirigido desde las ondas un motín urbano tras la muerte de un estudiante, tiroteado por un carabinero, la policía antidisturbios, por orden gubernativa, irrumpió en el dúplex de Radio Alice destruyendo todo el panel de control —que entonces transmitía el concierto nº 1 para piano de Beethoven— y deteniendo a los jóvenes redactores que no habían podido huir por los tejados. Golpes en comisaría, tres meses y medio de cárcel, juicio y absolución siete años más tarde.

    Allí estaba impertérrito, manos arriba, Valerio Minnella, que transmitió en directo el allanamiento hasta que le arrancaron el micrófono. Lo cuenta en una autobiografía sarcástica, Se vi va bene, bene. Se no, seghe [Si os parece bien, estupendo. Si no, haceos una paja], escrita a partir de una larga conversación con Wu Ming 1 y Filo Sottile.

    Activista no violento y objetor de conciencia, Valerio chupó prisión militar pero también pudo, una vez regulado el servicio civil sustitutorio, trabajar en el manicomio de Trieste donde Basaglia afinaba su revolución antisiquiátrica, de puertas y mentes abiertas. Antes fue uno de los “ángeles del fango” en el desastroso aluvión de Florencia del 66, y ayudó en las luchas populares del Valle de Belice, punta occidental de Sicilia, que se recuperaba del fatal terremoto del 68. 

    A propósito de su peripecia radiofónica, recuerda que en los 70 se proponían, mediante un instrumento libre que produjera mensajes de libertad —medio y mensaje se equivalen, en sentido mcluhaniano—, “liberar la palabra” y dar voz a quienes no la tenían. Sin censura, sin establecer una hegemonía discursiva. No pedían fidelidad a los escuchantes; les exhortaban a venir al estudio, o a descolgar el teléfono, y soltarse a hablar. Comunicación social horizontal, bidireccional, directamente democrática.

    Pero ahora que las redes permiten hablar a cualquiera, ya no se trata de enfrentar desde la trinchera a quien posee y controla los medios de comunicación sino de explorar si aún es posible, en tal ecosistema, abrir espacios a la palabra inteligente, garantizando la calidad de los contenidos y su resonancia. Crear, en definitiva, instrumentos de humanidad para evitar la aberración del “hombre sin humanidad”.

   Porque está convencido de que la humanidad, antes que la propia “deshumanizada raza humanoide”, ya se ha extinguido desde el momento en que, siguiendo la doctrinas Douhet y Dahiya, el terror y el exterminio sistemáticos de la población civil (esos daños colaterales que en justicia son crímenes de guerra) son la norma en las decenas de conflictos armados en curso, en buena medida urdidos por nuestro Uccidente blanco —juego de palabras con el verbo uccidere: matar—. Por eso invita, en artículos, charlas y manifiestos, a boicotear a los “bancos armados” que financian la industria militar, al colonialismo sionista, a la boyante producción de armas. Su consigna resuena fresca, juvenil: objetar-rechazar-desertar-desobedecer-boicotear-sabotear.

    Tenía yo que entrevistar a semejante personaje, que permaneciendo fiel a su ideario veinteañero reivindica aún el valor del giro hertziano que protagonizó junto a la vanguardia movimientista de la mejor Bolonia roja. Esto es lo que me ha dicho.

¿Qué queda de aquella vía de comunicación desprejuiciada y experimental? A nivel lingüístico, poético, filosófico, político…

     Demostramos prácticamente la validez de las teorías de Marshall McLuhan, la posibilidad de construir organizaciones totalmente acéfalas / desjerarquizadas que funcionan, la necesidad de eliminar toda forma de autocensura (en el lenguaje, en la programación, en la distribución geográfica) para producir liberación, inteligencia, belleza. Y tales logros siguen siendo indiscutibles, ineludibles para quien desee una sociedad justa, liberada y feliz.

    Después de 50 años, de centenares de libros, artículos, documentales, transmisiones radiofónicas, podcasts y tesis de licenciatura, nadie ha conseguido aún escribir nada que refute mis conclusiones. Todavía hoy, Franco Berardi Bifo, yo mismo y otros compañeros somos entrevistados y nuestras palabras vuelven a generar debate, precisamente porque se reconoce que nuestra experiencia prueba que otro camino es posible. 

¿Cómo hacer hoy contrainformación frente a bulos, sectarismos, propaganda narcotizante y masivas manipulaciones algorítmicas?

     Alice siempre ha rechazado la etiqueta de instrumento de contrainformación, o bien de información. La contrainformación es una trampa en la que caes cuando tratas de responder a quien genera la mentira dominante (llamada información), pues te obliga a hablar de los mismos argumentos que interesan al dominador.

    Se puede y se debe hablar también de esos argumentos, pero, en primer lugar, hay que hablar de aquéllos que nos interesan a nosotros, argumentos otros que el poder trata de esconder y no quiere siquiera que sean mencionados. Hay que abandonar afirmaciones y verdades y construir, en cambio, un andamiaje de preguntas que genere inteligencia, indicando conexiones. Esas preguntas que mantienen despierto el cerebro y las conexiones que lo alimentan.

La radio hoy se reinventa en los podcasts, que tal vez proliferan desmesuradamente. Pero también podrían ser islas sonoras donde se refugia al caos creativo, la experimentación sonora, el vuelo libre de las palabras, una comunicación más guerrillera y descentralizada…

    El podcast no es más que una radio a la carta. Una validísima y útil biblioteca de voces y sonidos. Pero no es radio porque se pierde un aspecto importante del flujo radiofónico. Ese flujo requiere, por su propia naturaleza, una atención sincronizada entre quien habla y quien escucha. Si no estás conectado y atento, pierdes definitivamente el mensaje de ese preciso momento. Esa complicidad de intenciones y momentos hace que la comunicación sea completa, casi tanto como la que tenemos en persona. Cierto, te falta la comunicación corporal, la microgestualidad y otros mecanismos de comunicación interpersonal, pero es lo que más se acerca, lo que hace de la radio un medio privilegiado. 

    Si se entiende esto, qué medio estás manejando y cómo opera en combinación con la mente del oyente, puedes también razonar sobre el resultado que quieres obtener, ya sea el caos, la creatividad, la estética, la guerrilla, etc. El podcast puede darte la ventaja de que quien escucha lo está haciendo por su propia elección y, por tanto, probablemente esté ya, en parte, de acuerdo contigo. No es casualidad: tengámoslo en cuenta.

A propósito de aniversarios, ¿algún riesgo de convertirse en residuo histórico / institucional? Desactivar la carga explosiva de una revolución puede ser también una forma de olvido…

    Es un hecho: si has sobrevivido al olvido de los años, eres un residuo histórico. No hay mucho que puedas hacer al respecto; salvo tratar de ser tú quien tome las riendas de la narración. Y eso es lo que estoy intentando hacer yo.

   El poder hegemónico tratará siempre de desactivar tu experiencia y la carga que de ella deriva. Para ello siempre hará que los demás hablen de ti. Periodistas hábiles que juntan palabras sin sustancia, sociólogos capaces de mostrar conexiones inútiles, políticos torpes en el uso del matiz; personas, en definitiva, que no han vivido realmente los hechos, de manera que generan una narración gris e insignificante. Por el contrario, hay que volver a proponer una narración vital de los hechos, que muestre su vivacidad. Lo deben hacer sus protagonistas, y por eso mismo respondo a tus preguntas (gracias).

Para una posible antología aliciana: una canción, un libro, un cómic, un film, una entrevista, un eslogan, una idea radical, una anécdota jamás contada, una persona inolvidable.

    Respuesta imposible, porque la experiencia aliciana fue de tal riqueza que son millares las músicas, los escritos, las personas, las anécdotas que tendría que evocar. No es posible construir una jerarquía y darle un valor unitario. Desde luego puedo citar, por ejemplo, White rabbit de los Jefferson Airplane, espléndido primer corte de la primera transmisión estructurada de Alice, pero ¿cómo ponerlo por encima de tanta otra música maravillosa que nos ha acompañado? Lo mismo vale respecto a los libros. Déjame, en cambio, recordar a tantos compañeros que ya no están con nosotros y que dieron vida a Alice: Ambrogio, Luciano, Enzo, Matteo, Francesco y muchos otros. Todos inolvidables.

¿Encuentras algún parangón en las radios libres españolas, antes, durante o después de vuestra experiencia?

    Por desgracia, no conozco las radios españolas y no puedo hacer comparaciones. Sólo puedo decir que ninguna radio que yo conozca es paragonable a Alice, pero no por una pretendida superioridad sino simplemente porque Alice nunca fue una radio. Su medio técnico, sin duda, fue radiofónico, pues compartía con las demás radios los instrumentos: un transmisor, una antena, micrófonos, etc. Pero no sus fines. Las radios son instrumentos de comunicación de masas proyectados para hablar a los otros y, por tanto, quieren hacerse escuchar. No así Alice. Desde su mismo proyecto, el propósito fue hacer hablar a los demás, no que nos escuchasen: permitir que se escuchasen voces distintas de las nuestras. Suelo repetir que buscábamos habladores, no oyentes. Eso es justamente lo que diferenciaba a este proyecto. Ningún otro medio de comunicación (hasta la llegada, deliberadamente mal implantada, de las redes sociales) ha permitido hablar nunca (y sin filtros) a miles y miles de personas, sin preocuparse en absoluto de la escucha. Esta apuesta por el imposible fue su rasgo diferencial.

Artículo-entrevista: José Joaquín Beeme/ Fundación del Garabato
Testimonio: Valerio Minnella
Collages: JJ Beeme, a partir de un reportaje fotográfico de Carla Caprioli

José Joaquín Beeme
Fundación del Garabato
www.fundaciondelgarabato.eu

Artículos relacionados :