
Por José Joaquín Beeme.
El reciente premio IG Nobel de Física a un grupo de investigadores por haber calculado la “transición de fase” (o cambio en el estado de la materia) que facilita la formación de grumos…
…en la salsa de queso y pimienta, aderezo tradicional de la pasta que desde ahora será más suave y homogéneo, confirma la frecuente contribución de la ciencia italiana a esa cita anual del saber absurdo, tan (aparentemente) inútil como divertido.
Estos Nobel paralelos, que se inventó el matemático y editor del bimestral Annals of Improbable Research, Marc Abrahams, y cuyo logo es el Pensador de Rodin caído de su pedestal, se otorgan cada otoño desde 1991 en Massachusetts: normalmente en el teatro Sanders de la Universidad de Harvard, transformado en un auténtico carnaval, pero también en la de Boston y en el MIT. Este año, sin embargo, se vienen a la Universidad de Zúrich porque Europa empieza a ser un lugar más seguro que su propia patria de origen.
Los ejemplos de “ignatarios” en los que participa Italia menudean. En campos como la biología, la medicina, la economía, la psicología, la modelización matemática, y desde instituciones universitarias nada desdeñables como La Sapienza, Tor Vergata, Pisa, Milán o Catania. Los trabajos ganadores van del estudio de la dinámica e interacciones de los peatones, que pueden (o no) chocarse entre sí, hasta la demostración de cómo las grandes organizaciones funcionarían mejor si repartiesen promociones aleatoriamente, y no en razón del mérito, que paradójicamente puede degenerar en un alto grado de incompetencia. Desde comprobar que los enamorados registran niveles de serotonina en sangre parecidos a los de personas con trastorno obsesivo-compulsivo a constatar el bienestar que experimentan los pacientes escuchando a una banda country. También han probado que el éxito sonríe más a menudo a los afortunados que a los que tienen talento (cierto, qué falta hacían semejantes alforjas), o que a los gemelos homocigóticos les cuesta reconocer su propio rostro porque tienden a confundirlo con el del hermano (ídem de ídem).
El propio instituto nacional de estadística recibió su innobelpor incluir, en el cálculo del PIB, los ingresos por prostitución, tráfico de drogas, contrabando y otras operaciones financieras ilícitas. De caminar en la luna, otro equipo pronosticó que el consumo energético sería mucho más eficiente si lo hiciéramos en modo moonwalk. O que podríamos caminar sobre las aguas, si fuesen de un estanque lunar. Y el síndrome del miembro fantasma, afirmaba otro premiado artículo de neurociencia, se cura duplicando virtualmente la parte ausente mediante un espejo.
Y así podríamos seguir. Aplicado un láser a la mano, el dolor físico aumenta si estamos delante de un cuadro espantoso, mientras que apenas lo notamos frente a una obra clásica o cuya calidad es pacíficamente admitida. Han demostrado que el electorado valora la personalidad de los líderes políticos como “unívocamente simple”: o mesías o demonios, sin medias tintas. Y que a la hembra del mosquito anófeles le atrae igualmente el queso Limburger y la peste de un pie sudoroso: atención, en Africa subsahariana han tomado nota y ahora colocan trampas con bacterias de ese nauseabundo queso para combatir la malaria. Muchos empresarios, según otro estudio, han desarrollado predisposición al riesgo porque de niños salieron ilesos de terremotos, tsunamis, volcanes u otros desastres. Y no falta el rapto científico-patriótico: la pizza, asegura otro sesudo estudio, protege de ciertas enfermedades a condición de que te la preparen y la consumas en Italia.
¿Que inventen ellos? Nanay. Ahí están las contribuciones hispanas, si menos numerosas, no carentes de ingenio: un artículo médico con cien veces más autores que páginas (récord de lo que viene a ser, ay, tendencia); la Lavakan, lavadora automática para perros y gatos; las velocidades ultrasónicas que atraviesan el queso Cheddar a distintas temperaturas; bacterias de caca infantil para cultivos de salchichas probióticas fermentadas; ratas que no distinguen japonés de holandés si se pasan las grabaciones al revés; remolinos del pelo que giran en sentido horario en el hemisferio norte, antihorario en el sur.
Habrá quien aquí vea sólo pérdida de tiempo y despilfarro, pero infinitamente más recursos se pulen guerras y festejos deportivos, como recordaba el astrofísico Luca Perri (autor de La ciencia loca y Errores galácticos) en el festival BergamoScienza, sin olvidar que la pura curiosidad, sin inmediata finalidad práctica, hermana a la ciencia con la música o la poesía. ¡Nos vemos en Serendip!








