
Por Agustín Gavín
Llevamos desde el 2016 trabajando en el Líbano repartiendo ayuda humanitaria en campamentos de refugiados sirios, en concreto en el valle de la Bekaa cercano a la frontera con Siria. Desde que acabó, más o menos, la guerra en Siria en el 2019…

Agustín Gavin
Corresponsal Internacional del Pollo Urbano y Presidente de www.arapaz.org
…con la derrota del estado Islámico, aunque todavía hay brotes bélicos, muchos de los refugiados sirios han vuelto a su país
Las tiendas de campaña y pisos de acogida ahora están siendo ocupados por libaneses que han huido del sur de Líbano. Últimamente Israel está bombardeando por todo el país, Valle de la Bekaa, Balbek, Tiro, Sidón, Nabatieh y la propia capital Beirut.
Ya se habla de tres mil muertos y más de nueve mil heridos, la gran mayoría civiles. La Diputación de Zaragoza ha aprobado un proyecto de ayuda humanitaria de emergencia hace pocos días, para comprar allí medicinas, mantas, comida y ropa de abrigo para los damnificados de la que ya empieza a parecer una limpieza étnica como en Gaza.
Israel no da cifras de sus muertos, pero teniendo en cuenta el descabezamiento militar de Hezbolá por los bombardeos y sus limitaciones armamentísticas, da que pensar que han sido bastante menos.
Hezbolá ha sido y es el ejército de un estado dentro de otro estado. Hezbolá es además el brazo armado confesional chií y es la sucursal bélica de Irán en Líbano. Durante la guerra de Siria se rearmaron gracias al potente ejército iraní y consiguieron asegurar las fronteras libanesas ante la amenaza de invasión del Estado Islámico (ISIS). Esto les supuso estar mejor preparados militarmente que el propio Ejercito Libanes y lo demostraron cuando respondieron a los primeros bombardeos de Israel después de los atentados de Hamas.
Las negociaciones entre EEUU e Irán son un puzle oscurantista, cuando se encaja una pieza se desencajan dos o tres y vuelta a empezar. Por ejemplo, Irán quiere meter en las negociaciones el fin de los bombardeos del Líbano, que encima se están extendiendo estos días justo cuando está prevista una reunión del Gobierno libanés y EEUU, en Washington. En dicha reunión no participarán ni Irán ni Israel. La condición que pone EEUU es que El ejército libanés desarme a Hezbolá y eso militarmente es casi imposible por lo que, según nos cuentan, en Beirut hay un temor fundado a otra guerra civil.
Israel no ve con buenos ojos esta iniciativa, quieren ser ellos, como ha dicho Netanyahu hace unos días, los que van a aplastar a Hezbola. Su ejército empezó bombardeando el sur, y ya han comenzado con una invasión terrestre con el fin de ganar varios kilómetros, 20 o 30, en lo que llaman eufemísticamente, franja de seguridad, subiendo la frontera hasta el rio Litani que desemboca cerca de Tiro. Hay otro matiz importante en este interés de avanzar la línea fronteriza. Aparte de esa ocupación, en contra del derecho internacional con el argumento israelí de asegurar su frontera de los ataques de Hezbola, hay además otros intereses relacionados con un antiguo contencioso entre Israel y Líbano.
A escasos kilómetros de la frontera, en la línea 23, hay dos bolsas de gas, el yacimiento de Karisch y el de Qana. Los barcos de perforación se ven desde la costa. Tras años de discusiones entre dos países enfrentados y con la mediación de EEUU en octubre del 2022, se llegó al acuerdo de que el primero fuera explotado por Israel y el segundo por Líbano. El de Israel está a pleno rendimiento poco después ese acuerdo, y el del Líbano, con su crisis económica permanente, sigue buscando inversores para poder ponerlo en funcionamiento. Es un bocado apetitoso para Israel, quizá sea esta otra razón por la cual quieren hacer avanzar su frontera.
Desde la independencia del Líbano de Francia en 1943, se acordó que el presidente de la República fuera cristiano, el primer ministro suní y el presidente del parlamento chií. Durante los años sesenta se llamó al Líbano la Suiza de Oriente Medio y Beirut era la capital más deseada por la jet internacional como lugar de vacaciones. Llegó la guerra civil de 1975 cuyo origen es también confesional. Después de los atentados de Septiembre Negro de principio de los años 70 los palestinos que habían huido a Jordania en los diferentes hostigamientos de Israel, incluida la OLP de Arafat, fueron expulsados y se refugiaron en Líbano, produciendo un desequilibrio demográfico, y un problema ideológico y religioso estructural, quedando en minoría los cristianos maronitas. Así hasta los acuerdos de Taif de 1989 que reestructuraron el parlamento equilibrando los escaños cristianos y los musulmanes, pero dejando la cúspide política igual.
Ya durante la guerra civil y años posteriores, se produjeron injerencias políticas, incluso invasiones. El caso más dramático y con gran repercusión internacional fue la matanza de Sabra y Chatila en 1982, permitida por los invasores israelís de entonces cuyo mando supremo era Ariel Sharón, que luego llegó a ser primer ministro.
Durante los años siguientes continuaron las injerencias, de Siria, de Arabia Saudí, de otros países del golfo, la guerra de Irak, la aparición del estado islámico en las fronteras libanesas y el enfrentamiento histórico entre Israel e Irán por la hegemonía regional.
Una de las pocas conclusiones medianamente claras es que Líbano, durante casi toda su historia, ha sido y es, un laboratorio donde sus países vecinos han puesto en marcha su diplomacia agresiva para intentar hacerse un sitio hegemónico en el Oriente utilizando la religión como fundamento ideológico.










