Frontera y diplomacia en el Estrecho


Por Agustín Gavín

    En unos papeles desclasificados de la CIA poco después de la transición publicados en un periódico latinoamericano, se nombraban los tres riesgos que podrían perjudicar y poner en peligro la joven democracia española. Por el norte, el terrorismo de ETA.  Por el este, Cataluña y el nacionalismo victimista de profundas raíces economicistas. Por el sur, la reafirmación territorial de Marruecos como estado soberano definitivo del Magreb.


Agustín Gavin

Corresponsal Internacional del Pollo Urbano y Presidente de www.arapaz.org   

     De los tres, el más preocupante después de tantos años, pude que sea este último.

     Desde la ocupación de la excolonia española del Sahara Occidental, después de la marcha verde en 1975 hasta nuestros días, la monarquía alauita que concentra no sólo el poder político sino el religioso y sueña con Gran Marruecos, siempre ha creído que los catorce kilómetros que la separan de España en el estrecho de Gibraltar, es la frontera, el mar y solo el mar es la frontera. Durante todos estos años las relaciones entre España y Marruecos han ido pivotando alrededor del contencioso de la independencia del pueblo saharaui a través de un referendum auspiciado por Naciones Unidas, con la creación el MINURSO en la región -Misión de las Naciones Unidas para el Referendum en el Sahara Occidental- Resolución 690 de 1991 después de la guerra con Mauritania y Marruecos.

     Con el paso del tiempo España y Marruecos se sienten y lo son, socios preferenciales entre sí desde el punto de vista económico y de los negocios, a pesar de los muchos desencuentros diplomáticos. En algunos momentos, se ha rozado, exagerando un poco, lo que se llama una guerra hibrida sin armas, pero perjudicando intereses políticos y diplomáticos y perjudicando la proyección internacional española en la región.

    La propia Marcha Verde de 1975, como se llamó a la invasión de la antigua colonia española por parte de civiles marroquís organizada y apoyada por el entonces rey Hasan II, aprovechando el vacío de poder en España por la agonía y muerte de Franco, es el ejemplo más antiguo.

    Otro más cercano en el tiempo es la ocupación de la Isla Perejil en el verano del 2002. El asunto en su momento tuvo una gran repercusión tanto nacional como internacional. Hubo dudas de apoyo a España por parte de algunos países vecinos miembros de la OTAN. El Gobierno de España, no esperó y resolvió la incursión o invasión de la isla por parte de la gendarmería y la marina marroquí. Habían obligado a salir por la fuerza a la Guardia Civil, adujeron que era utilizada por traficantes de drogas y la inmigración ilegal y colocaron una bandera marroquí, ese fue el detonante de la crisis. España respondió enviando fuerzas de los tres ejércitos sin disparar un solo tiro. En una semana la situación, con la mediación de EEUU, volvió a su estado inicial, un islote tierra de nadie. Pero Marruecos ya avisaba de su interés en alcanzar la hegemonía territorial.

    Desde el principio, se ha utilizado la migración desde Marruecos hacia Ceuta y Melilla como forma de presión diplomática cuando las relaciones han sufrido desencuentros. El de la Isla Perejil es uno de los muchos ejemplos que se pueden poner de como Marruecos utiliza las frontera españolas de Ceuta y Melilla como argumento de diplomacia agresiva para poner en valor sus ambiciones, alimentando el populismo nacionalista y su deseo de consolidarse como el Estado-Nación dominante en el Magreb.

     Uno de los últimos casos fue la atención médica en España, en abril del 2021, al Presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Ghali, enfermo de gravedad de Covid-19. El asunto generó una crisis superior a la contada anteriormente de la isla de Perejil a corto y mediano plazo. Acusaciones de deslealtad política, falta de transparencia e incluso traición por parte de Rabat. El avión medicalizado había salido de Argelia, país fronterizo y enemigo de Marruecos con Brahim Ghali desde Tinduf, donde está el gobierno saharaui, hacia el aeropuerto de Zaragoza. El gobierno español le puso protección policial y diplomática y con nombre falso fue trasladado al Hospital San Pedro de Logroño. Allí estuvo poco más de un mes hasta que se recuperó y retornó a los campos de refugiados en Argelia. El asuntó llevó a Mohamed II a pedir el regreso de la embajadora en Madrid a Rabat. Se abrió un expediente judicial  por la entrada ilegal en España que luego se cerró. La Ministra de Exteriores de entonces Arancha González Laya, estuvo poco más de un año en su cargo  ya  que en la siguiente crisis de Gobierno fue cesada, quizá un guiño a Mohamed II.

     Marruecos en mayo, como respuesta, descuidó alevosamente el control de su frontera y entraron de una tacada 10.000 emigrantes en Ceuta. Durante algún tiempo la cooperación entre los dos países pendió de un hilo y muchos observadores enlazan esta situación con el cambio de opinión del Gobierno Español con respecto a la independencia del Sahara.

    La ambigüedad de una de las últimas resoluciones de Naciones Unidas, del MINURSO, respecto a la celebración del añorado referéndum para la independencia saharaui, en concreto la 2797 del 2025, ya no prioriza el referéndum y ha inclinado a algunos países entre otros España a aceptar la posición marroquí del 2007 a favor de sus intereses y dejar la antigua colonia española, el Sahara Occidental, como una autonomía o provincia más del estado marroquí. A partir de ese momento se empezaron a suavizar las relaciones entre los dos países.

      En los despachos del Palacio de Santa Cruz en Madrid y en lo que se refiere a las relaciones con Marruecos han optado por aplicar una diplomacia pragmática sobre todo por lo que está sucediendo en la guerra en Oriente Medio, que puede afectar  mediano plazo al futuro de la estabilidad de las relaciones bilaterales.

    Israel y Marruecos, en los acuerdos de Abraham del 2020 auspiciados por EEUU, pusieron en marcha colaboraciones en temas de seguridad, cibernética y defensa. Esta última ya ha dado sus frutos en los últimos años. Los drones marroquís que bombardean Tifariti, en lo que llaman los saharauis los territorios liberados, sembrando el terror entre la población civil, ha habido muertos, son de fabricación israelí.

     Marruecos desde hace años está en la órbita del Trumpismo. Hace tiempo que la francofonía ha perdido influencia en el norte de África, es EEUU quien señorea ahora el norte de África para reducir la influencia política y económica de China en el resto del continente. Considera a Marruecos como su mejor aliado en la región. Marruecos tiene planificado hacer una base naval en el Atlántico, cerca de Dajla, la antigua Villa Cisneros, muy cerca de los territorios que están siendo bombardeados.

    También muy cerca está el Guergerat, una franja fronteriza entre Mauritania y Marruecos, tierra de nadie, que separa también los territorios liberados del Sahara Occidental controlados por el Frente Polisario, es además la única salida por tierra de Marruecos al Atlántico. A EEUU le viene muy bien tener un soporte logístico ante sus dudas sobre la operatividad militar de la base gaditana de Rota también en el Atlántico.

     Las relaciones de España no son buenas con Trump, las de Marruecos todo lo contrario. Ceuta, Melilla y algún comentario en la prensa marroquí sobre la africanidad de Canarias llevan tiempo sacudiendo la opinión pública. Está encima de la mesa de las relaciones internacionales, es una moneda marcada después del ninguneo de Washington a Naciones Unidas. Parece ser que los papeles desclasificados de la CIA hace casi medio siglo, no iban tan desencaminados.

Artículos relacionados :