La intrusa


Por Esmeralda Royo

     Era tantos los de periódicos que salían a la calle en la Barcelona…

…de 1930 que un corresponsal de EEUU escribió: “En una ciudad con un millón de habitantes se publican decenas de periódicos mientras que en Nueva York, con 7 millones de habitantes, no se publican ni la mitad”. Es en este contexto cuando Irene Polo irrumpe en el periodismo a los 18 años. Era la responsable de la familia formada por su madre y dos hermanas después de que el padre, Antonio Polo, un maltratador de profesión guardia civil, muriera.  Ninguna de las cuatro mujeres lloró su pérdida.

     No fue su primera experiencia laboral, ya que siendo una adolecente comenzó a trabajar en la distribuidora cinematográfica Gaumont, donde aprende técnicas y lenguaje de comunicación que la convertirán en una innovadora durante su etapa periódistica.  Cuando pide un aumento de sueldo, es despedida pero no le importa porque si algo la caracterizó fue la audacia, así que en ese momento toma la decisión de dedicarse al periodismo y consciente de que para ello tiene que estar preparada, estudia francés, inglés y literatura clásica porque “ahí se encuentra todo lo que es necesario saber”.

    Es contratada en el vespertino “Ultima Hora”, una publicación con prestigio pero en la que trabajaban cuatro gatos aunque nadie lo sabía.  Irene, como los demás compañeros, firmaba hasta cinco reportajes diarios aunque con distinto nombre.

     En poco tiempo es conocida en Barcelona por sus crónicas a pie de calle.  Esa joven con cara de niña, pelo corto y vestida con americana, corbata y pantalón  recorre España e igual le daba bajar a una mina que entrevistar a los paseantes de las Ramblas o mancharse los zapatos de arena en La Barceloneta.  Escribe tanto de los motivos que llevaban a los ciudadanos a empeñar sus pocas pertenencias en el Monte de Piedad, como del acto fascista en El Escorial donde se infiltra para entrevistar al todavia “presente” José Antonio Primo de Rivera.  Incluso lleva a primera página a actrices de segunda fila que nadie conocía con el titular: “La estrella del momento de la que todo el mundo habla”.  A partir de ese momento, efectivamente, todo el mundo hablabla de ellas.

     Con una técnica reconocida (sus reportajes serán como estar viendo las calles en una pantalla de cine rodadas con travelling), escribe sobre deporte, política, además de reseñas cinematógraficas de los astros del momento, como Greta Garbo y Buster Keaton, al que entrevistó aprovechando una visita del actor a Barcelona. 

     Sus compañeros varones la apodan “la intrusa” porque para ellos no tiene la experiencia necesaria pero lo cierto es que de 1927 a 1935 demostró ser una visionaria como lo demuestran sus reportajes denunciando la turistificación de Baleares ya en los años 30.

    Nudista, lesbiana, progresista y osada a pesar de su timidez enfermiza, la que fue una institución en las Ramblas y considerada en su momento la mejor periodista de Barcelona, sabía el sabor del barro de las calles e identificar las voces de la gente corriente. 

    A los 21 años escribió el primer artículo y a los 26 el último porque su vida cambia el 6 de enero de 1936 cuando “Ultima Hora”, de la que ya es jefa de redacción, la envía a Badalona para entrevistar a Margarita Xirgu, el centro del universo de García Lorca y la mujer que convirtió al poeta en dramaturgo.  Tras la entrevista, La Xirgu le ofrece un contrato para que sea su acompañante, secretaria personal, responsable de comunicación y organizadora de la gira por Latinoamerica.  A su cargo tendrá a 30 actores y actrices, representantes, maquilladoras, vestuaristas, decoradores y tramoyistas.

    Llegan a La Habana y después a Mexico, donde García Lorca había quedado en incorporarse a la gira, pero en el último momento el poeta le pide a La Xirgu unos días más para dejar cerrados algunos asuntos que tiene pendientes en España. En agosto de 1936 la actriz recibe un telegrama antes de comenzar la representación de “Yerma” comunicando el asesinato de Federico.  En la función, la actriz cambía el guión y grita en el escenario mientras Irene Polo llora entre bambalinas.

-Han matado a mi hijo.

      Aunque la compañía sigue durante un tiempo entre una ciudad y otra, ya nada será igual. Margarita Xirgu viaja a Chile para seguir trabajando y contraer matrimonio e Irene Polo, descartada la vuelta a España y preocupada por su familia, se queda en Buenos Aires con una sola obsesión: sacar a su madre y sus hermanas de Barcelona y reunirse con ellas en Argentina. Lo conseguirá pero comenzará para ella el tiempo de la melancolía por la añoranza de España, del periodismo y de su circulo de amistades, algunos de los cuales ha perdido para siempre.  Incluso se aparta del grupo de exiliados españoles con los que hasta ese momento mantuvo contacto.

    Sobrevive como traductora y publicista de una firma cosmética, mientras las calles de Buenos Aires por las que pasa todos los días para ir al trabajo se llenan de esvásticas.

    El 22 de febrero de 1942 el escritor austriaco Stefan Zweig se suicida junto a su esposa en Brasil, vencido por la angustia de ver su país dominado por los nazis y al mundo en guerra.  Irene Polo escribe a su amigo, el pintor Miquel Villá, unas líneas premonitorias: “Ya has visto que el pobre Stefan Zweig se ha matado junto a su esposa.  Lationamerica tampoco es segura”.

    Apenas 5 semanas después del suicidio de Zweig, Irene Polo toma la misma decisión.  Tenía 32 años pero había empezado a morir mucho antes.

    Aquellos que han investigado décadas más tarde sobre sus últimos años y analizaron su figura y correspondencia, llegaron a la conclusión de que el recuerdo de un tiempo que ya no iba a volver, la soledad, la falta de contacto con Margarita Xirgu y la ruptura sentimental con una tal Judith, diplomática mexicana,  la llevaron a tomar la decisión.

    El último destino de  la “pionera del periodismo contemporáneo” fue una tumba sin losa en el cementerio de La Chacarita.